Los niños en los toros
Hace ya unos años que el Tribunal Supremo mandó al hule al exministro socialista Miquel Iceta cuando quiso eliminar la tauromaquia del bono cultural para los jóvenes al recordarle que el arte de Cúchares, entre otras muchas cosas, es cultura. No fue el primero en querer cercenar el futuro de los toros en España y tampoco el primero en llevarse una cornada por su osadía. Mucho antes ya lo habían intentado reyes, ilustrados, curas y hasta papas bajo distintos pretextos. Todos ellos lograron el efecto contrario, con una respuesta masiva de los ciudadanos. Igual que ahora, vamos, que la juventud va en masa a las plazas al reclamo de toreros tan distintos como José Antonio Morante de la Puebla o Andrés Roca Rey. Que se lo pregunten a los socialistas gijoneses. Pese a la terca historia, la izquierda asturiana a la izquierda del PSOE, incluida la diputada que actúa como los toros pregonados, vuelve a calamochear para reactivar la prohibición del acceso de los menores a los festejos taurinos en el Principado tras las largas cambiadas del PP en la comisión de turno. Los socialistas, por su parte, y a tenor de los antecedentes –simplificando, hasta llegaron a perder la alcaldía de la mayor ciudad de Asturias– andan escarbando.
[–>[–>[–>Sin entrar en más polémicas sobre lo que pueden o no pueden hacer los menores de edad ahora mismo en España, que con un calonín a la semana ya es bastante, cuesta entender cómo los políticos deciden lo que es bueno y lo que para los niños con temerario desprecio a la capacidad de decisión de los padres. La tauromaquia, donde convive en directo la creación de un arte efímero, pero eterno, a caballo entre la vida y la muerte, aglutina valores como el sacrificio de quien aspira a ser figura en su profesión, la entrega de quien lo da todo en pro de ese objetivo, el respeto a sus maestros, la solidaridad para organizarse a favor de una gran causa –en el coso de la carretera de Villaviciosa, entre otros, se hicieron festejos taurinos a beneficio del Montepío Minero– y la disciplina para no perderse cuando vienen mal dadas.
[–> [–>[–>Parece lógico que en un ruedo donde abundan los derrotes, los tuneleros y los codazos por entrar en las listas para garantizarse una nómina, cueste entender un mundo donde se obra en corto y por derecho. Aunque conviva a veces con sus luces y sombras. Es una pena ver lo que se pierden aquellos que carecen de esa sensibilidad para apreciarlo, pero de ahí a querer prohibirlo va un mundo. No parece, viendo la realidad de Asturias, que el tema de los menores en los toros sea un asunto prioritario. Mejor se ocupaban del porvenir de los buenos niños, que planifican su futuro fuera de su región por falta de oportunidades, y de los conflictivos, que entran y salen de sus centros provocando altercados con frecuencia por falta de control. Además, ya ha quedado demostrado que los menores están más seguros en los toros que tutelados por el Principado. En El Bibio, al menos, no se les prostituye.
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