Los políticos y el dinero
Sabrán ustedes, porque lo habrán leído, entre otros medios, aquí en LA NUEVA ESPAÑA, que el año pasado –esto es, en solo un año– Trump ganó mil millones de dólares con movimientos de criptomonedas mientras sus seguidores perdieron una fortuna. Del mismo modo, las cuentas de corretaje de Trump realizaron grandes operaciones en torno a los aranceles que él puso y modificó en torno al «Día de la Liberación». Dicho en otras palabras, sus finanzas tuvieron crecimientos espectaculares vendiendo y comprando acciones en la proximidad de decisiones presidenciales sobre la imposición de aranceles y sus rebajas. Del mismo modo, entidades del Golfo Pérsico pagaron alrededor de 300 millones de dólares a las empresas del presidente de EE. UU.
[–>[–>[–>En palabras que no son mías, sino de un medio estadounidense: “La acumulación de dinero por parte de un presidente en ejercicio es un hecho sin precedentes y presenta al público estadounidense una nueva y cruda realidad sobre la ocupación de la Casa Blanca”.
[–> [–>[–>No quiero juzgar aquí esa serie de datos, ni prejuzgar el olor de algunas operaciones. Me limito a afirmar con rotundidad que no parece deseable que una persona con esa cantidad de dinero, y dedicada a la especulación de sus finanzas, tenga un cargo público, y, menos, sea presidente. Ello por dos razones, la primera porque seguramente la mayor de sus preocupaciones sea la seguir enriqueciéndose y que eso guíe muchas de sus ocupaciones y acciones, aunque sean lícitas. La segunda es más importante: ¿cómo puede ese individuo comprender el mundo, las aspiraciones, necesidades, deseos, voluntades de la gente común, en función de lo cual deberían girar las acciones de su gobierno?
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Permítanme desviarme relativamente de mi argumentación, a la que después volveré, poniendo mi vista en España. Dos datos más sobre Trump. El primero: el miércoles, 1 de julio, estrenó un nuevo Air Force One, un lujoso Boeing 747-8 de 400 millones de dólares que el gobierno de Qatar le regaló. El segundo: el jueves, 2 de julio, el goleador estadounidense Folarin Balogun vio una tarjeta roja por una entrada a un contrario en un partido del mundial. El domingo, su sanción fue revocada. Es la primera vez que ocurre tal cosa en un mundial. La trastienda: el mismo jueves, 2, Trump contactó con Infantino, el presidente de la FIFA, y pidió que se retirara la sanción. En diciembre pasado, Infantino le entregó a Trump el primer Premio de la Paz de la FIFA.
[–>[–>[–>Vengo a España y vuelvo a mi argumentación fundamental: la relación impresentable, indecorosa, entre ciertas formas del dinero, o de ganar el dinero, y la política. Dos ejemplos, los de José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero. Que aprovechando sus contactos y su capacidad de influencia, dentro y fuera, hagan dinero a espuertas me parece una indecencia. Fundamentalmente, porque esa capacidad y esas relaciones no provienen de sí mismos, sino del voto que cada uno de los ciudadanos depositó en su día a su favor: es eso lo que explotan. En segundo lugar, porque, como a Trump, aunque este se extralimita en términos incomparables, a los políticos, a todos, y más a los que han sido cargos públicos destacados, debe exigírseles un cierto decoro, una cierta limitación (no una cierta hipocresía para velar sus actos, quede claro).
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Y fíjense que no hablo de las relaciones que tienen ambos políticos ni de los países donde ejercitan sus habilidades para conseguir el lucro. No entro tampoco en lo lícito o ilícito de esas actividades. No, me refiero solamente al decoro, la contención y las autolimitaciones que deben guiar la vida de los políticos, a la exigencia de su ejemplaridad. Que, reitero, a fin de cuentas, su virtud actuante, el capital social de que disponen, no es suyo, sino una donación de los ciudadanos.
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[–>Saliendo de lo que es el dinero en relación con la representación política estricta, una de las cosas que más me preocupan, terriblemente, en los últimos tiempos es la cada vez mayor existencia de multimillonarios cuya creciente riqueza proviene del ámbito de la técnica y las nuevas tecnologías. No soy inocente y sé que siempre el dinero ha influido en la política, si no es que, directamente, ha provocado guerras o disputas territoriales. Pero entramos ahora, hace algunos años, en una nueva fase del volumen de la riqueza y de su capacidad de actuación en virtud de la fuente de la misma. Por no agobiarlos y solo poner un ejemplo, que Elon Musk disponga de una red de satélites para servir internet, o que piense mandar próximamente un cohete a Marte con un robot humanoide, me inquieta enormemente.
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No por el personaje, no, sino porque es la primera vez en la historia que una persona es capaz de hacer tareas, y de hacerlas sin permiso de nadie, que antes solo podían efectuar los estados.
[–>[–>[–>Porque el Estado es la única garantía de protección, defensa e igualdad (aun relativa), que tenemos los individuos. Y, si no, miren ustedes hacia atrás en la historia.
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P: S. Dicen los suyos que las joyas de la caja fuerte del despacho de don José Luis fueron donación del rey de Arabia Saudí, Abdulá bin Abdulaziz Al Saud, en 2007 durante su visita oficial a España. Pues a ver si aprendemos a recibir regalos, o de quién recibirlos, porque, en comparación con Trump…
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