Los portugueses elegirán en una segunda vuelta entre el socialismo o la ultraderecha
El ex ministro y ex líder de los socialistas en Portugal, António José Seguro ganó en la primera vuelta de las elecciones Las elecciones presidenciales de Portugal se celebraron este domingo con más del 31% de los votos. Aunque las encuestas predecían una posible victoria inicial de André Ventura, el candidato de extrema derecha, no logró vencer con el 23,5% de los votos, pero los resultados confirman el fuerte crecimiento electoral de Chega («Basta»), ya convertido en la principal fuerza de oposición al gobierno de centroderecha.
Fueron los candidatos con más votos entre los 11 que se presentaron para suceder a Marcelo Rebelo de Sousa como jefe de Estado, pero ninguno superó el 50% necesario para evitar una segunda vuelta. Algo que no ocurría en el país ibérico desde 1986.
El resultado fue Un duro golpe para el partido gobernante de centroderecha.Luís Marques Mendes, exlíder del Partido Socialdemócrata (PSD), quedó relegado al quinto lugar con el 11,3% de los sufragios. Fue superado por el liberal João Cotrim de Figueiredo (15,9%) y el almirante de reserva Henrique Gouveia e Melo (12,3%), independiente y muy popular por su papel en la campaña de vacunación durante la pandemia. Este fracaso es también una derrota política para el Primer Ministro Luís Montenegro, que había apoyado abiertamente a Marques Mendes.
Tras conocer los resultados, Montenegro evitó posicionarse para la segunda vuelta y anunció que su espacio político no daría instrucciones de voto. El Primer Ministro, reelegido en mayo al frente de un gobierno minoritario, tendrá que convivir con un presidente que no pertenece al mismo bloque político.
Seguro, un exlíder socialista que se retiró del frente durante la última década, llamó a la movilización de «todos los demócratas, progresistas y humanistas» para acabar con el extremismo. Ventura, por su parte, presentó la segunda vuelta como una batalla frontal contra el socialismo y exigió el apoyo de todo el electorado de derecha.
Aunque el presidente portugués no tiene poderes ejecutivos, su papel de árbitro institucional y su capacidad para disolver el Parlamento dan a esta segunda vuelta, que tendrá lugar el 8 de febrero, un fuerte peso político y simbólico para el futuro del país.
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