los supervivientes del madurismo en la Venezuela tutelada por Trump
La captura y traslado a EEUU del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dejó mudo al núcleo duro del madurismo durante unas horas ante la incertidumbre sobre su futuro. Desvelado el que parece ser el plan de Donald Trump para el país caribeño, las cabezas visibles del Gobierno de Caracas volvieron a sus posiciones, con la excepción de Delcy Rodríguez, hasta la fecha vicepresidenta ejecutiva y hoy ya presidenta encargada, directamente designada por el magnate republicano. Con el paso de los días y el discurrir de los acontecimientos se verá cuál es su papel en este Ejecutivo controlado desde Washington. Por el momento, estos son los cuatro supervivientes de una era política en Venezuela que parece llegar a su fin:
[–>[–>[–>[–>[–>[–>En su despacho de ministra de Petróleo se hacía tiempo para jugar al tenis de mesa que cultiva desde niña. Ahora la contingencia la colocó en un «deporte» mucho más arriesgado e impredecible, la «presidencia encargada» de Venezuela. «Ella no tiene elección», dijo Trump al refrendar su nombramiento tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte de fuerzas norteamericanas. «Lo vamos a hacer bien», dijo el magnate sobre ella, aunque de a ratos la amonesta ante las insinuaciones de un posible desafío a Washington. Delcy tiene 59 años y se graduó en Derecho por la Universidad Central. Es hermana de Jorge Rodríguez, la principal autoridad parlamentaria y a la vez una de las figuras claves del madurismo hasta el 3 de enero.
[–> [–>[–>Delcy Rodríguez, durante la juramentación como presidenta interina de Venezuela. / TIAN RUI / XINHUA NEWS / CONTACTO
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Su acceso al Palacio de Miraflores como autoridad ejecutiva transitoria está precedido por una dilatada carrera dentro de las estructuras de poder desde 2003, cuando se desempeñó como coordinadora de la vicepresidencia. Fue ministra de Comunicación y por un tiempo estuvo a cargo de Exteriores. Desde que comenzó el tercer mandato de Maduro ocupó un cargo estratégico además de la vicepresidencia: el ministerio encargado del manejo de la principal riqueza venezolana, el petróleo. Desde ese mismo despacho donde trataba de distraerse con el tenis de mesa estableció relaciones con empresas multinacionales que no han visto con malos ojos su designación. A ese mismo razonamiento pareció llegar la CIA al analizar los posibles escenarios posteriores a la salida de Maduro. Rodríguez oscila entre las llamadas a la cooperación «entre iguales» con Estados Unidos y las tímidas señales de diferenciación al hablar de una «herida» en el corazón de Venezuela y sostener que finalmente quedó demostrado que era el crudo y no el narcotráfico el principal interés de EEUU. No faltan los analistas intrigados con su tiempo de permanencia en el Ejecutivo. Ella también tiene que hacer malabares para preservar la unidad del madurismo en medio de desconfianzas internas sobre sus verdaderas intenciones.
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Diosdado Cabello es un factor de poder personal desde hace décadas en Venezuela. Ha ocupado todos los cargos posibles en el Estado, desde ministro a diputado, pasando por una Asamblea Constituyente que no elaboró ninguna Carta Magna, la vicepresidencia y hasta la jefatura del Estado por apenas unas horas tras el intento de golpe contra Hugo Chávez en 2002. Nació el 15 de abril de 1963 en El Furrial, una comunidad rural en el oriental estado Monagas. Conoció a Chávez tras graduarse en la Academia Militar y se sumó a su fallido alzamiento de 1992 que selló una relación personal y política entre ellos. Cuando recuperaron la libertad, Cabello se sumó al proyecto del «comandante» bolivariano. Siete años después de la asonada, llegaban juntos a la cima. Desde entonces, «Diosdado» se mantuvo en un cargo de relevancia. Muchos pensaron que la enfermedad terminal de Chávez lo convertiría en el heredero de la «revolución bolivariana». No sucedió así. El presidente eligió a Nicolás Maduro como su heredero y no faltaron en Caracas los rumores sobre su despecho.
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El Ministro del Interior y número dos del chavismo, Diosdado Cabello, el 6 de enero. / RONALD PEÑA R. / EFE
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El excapitán Cabello permaneció como autoridad parlamentaria. Y si bien durante varios años perdió la centralidad a la que aspiraba, terminó recuperándola especialmente al tomar control de los ministerios del Interior y Justicia, así como el aparato de inteligencia y contrainteligencia que mostró su rotundo fracaso en el marco de la operación que culminó el 3 de enero con el secuestro de Maduro. Cabello es una figura del Partido Socialista Unido. Se lo conoce también en todo Venezuela por su condición de gran agitador mediático. El programa televisivo Con el mazo dando es una tribuna del zarandeo, el insulto, la fabulación, el análisis de inteligencia y las fake news propias. EEUU le ha puesto el precio de 25 millones de dólares a su cabeza. La amenaza de activar la captura se hizo presente días atrás, a los efectos de disciplinarlo, según analistas. El exembajador norteamericano en Venezuela, James Story, sostiene que el ministro «es el principal saboteador de Rodríguez«. Por lo pronto, no ha dejado de mostrar lealtad.
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Las Fuerzas Armadas Bolivarianas (FANB) son una suerte de «partido político en armas», con más de 2.000 generales. Las conduce un hombre clave: Vladímir Padrino López. EEUU había ofrecido 15 millones de dólares por el también ministro de Defensa a quien todos observan con lupa para saber qué dice o calla desde los hechos que transfiguraron a Venezuela. «Padrino», como se le conoce, era el número tres del madurismo y, además, un enlace natural entre los años de Hugo Chávez y quien se desempeñó como heredero hasta el 3 de enero. Este general participó de la primera tentativa chavista de tomar el Palacio de Miraflores en 1992 cuando era comandante de un batallón caraqueño. Nunca fue sancionado. Sin embargo, su momento de gran proyección tuvo lugar cuando Chávez fue derrocado durante 48 horas en 2002 y retenido en la isla La Orchila. Padrino se negó a plegarse a la conjura y tuvo un papel clave para el retorno del bolivariano al Palacio de Miraflores. El presidente lo condecoró y a la vez sentó las bases para su proyección personal. Poco antes del deceso del líder fue designado segundo comandante del Ejército y jefe del Estado Mayor.
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Fotografía de archivo del Ministro de Defensa de Venezuela, Vladímir Padrino López, hablando durante un ejercicio militar en Caracas. / MIGUEL GUTIERREZ / EFE
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Con ese capital político y el poder de fuego se sumó al madurismo. La lealtad fue correspondida. El heredero le nombró ministro de Defensa. También extendió su influencia fuera del área castrense como el manejo de la distribución de alimentos subsidiados a la población necesitada en medio de la crisis económica. La supuesta participación de uniformados en el contrabando y otros negocios ilegales en la minería no sería ajena a la estructura consolidada por Padrino a partir de 2014. A lo largo de más de una década fue el garante de unidad de las Fuerzas Armadas. Enfrentó pruebas difíciles como la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente encargado en enero de 2019, cuando el exdiputado llamó a los uniformados a darle la espalda a Maduro. Eso no ocurrió. El de Venezuela desde entonces un Gobierno «cívico-militar» donde Padrino ocupó uno de los lados del triángulo de gestión. Su papel tras el descabezamiento presidencial es una incógnita.
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Para Jorge Rodríguez ha comenzado un nuevo tiempo en la cumbre política de un Gobierno que perdió a su principal activo. Y no solo porque su hermana Delcy funge como «presidenta encargada», abonando la sospecha de que finalmente se consolidó un proyecto familiar.
[–>[–>[–>Hasta los sucesos del 3 de enero, y desde su entrada en el chavismo, a comienzos de siglo, Rodríguez se había desempeñado como un funcionario todoterreno. Además, le aportaba a la «revolución bolivariana» su condición de intelectual. Nacido en 1965, este médico psiquiatra también tuvo un reconocimiento como escritor al obtener el primer premio en el Concurso Anual de Relatos que organizó el diario venezolano El Nacional, en 1998, un año antes de que comenzara la era de Hugo Chávez. Dime cuántos ríos son hechos de tus lágrimas, se llamó el libro. La literatura quedó como pasatiempo. Rodríguez se desempeñó como vicepresidente tras la reelección del «comandante». La política y los asuntos administrativos del Estado son una sola cosa desde hace dos décadas, y eso le permitió pasar por una alcaldía, el Consejo Nacional Electoral (CNE), el ministerio de Comunicación e Información y la coordinación del Partido Socialista Unido.
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El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez. / ASAMBLEA NACIONAL DE VENEZUELA / EUROPA PRESS
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Hijo de un guerrillero urbano que murió torturado en la cárcel cuando él tenía 11 años, Rodríguez no solo es una figura de actividades visibles. Maduro le encargó las negociaciones secretas con Estados Unidos y la oposición en distintas oportunidades, tanto en México como en Dubái. Ha sido a la vez un portavoz grosero capaz de llamar «imbécil» al presidente chileno, Gabriel Boric, o decir palabras hirientes sobre Gustavo Petro y Luiz Inácio Lula da Silva cuando cuestionaron la legitimidad electoral de Maduro. Fue también sancionado por EEUU. Acaba de ser reelegido al frente de la Asamblea Nacional (AN) en un país distinto. Su tradicional intransigencia ha dado paso a un lenguaje mucho más amable con la oposición parlamentaria. El giro retórico puede profundizarse o ser un suspiro, según evolucione la situación política.
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