Los testigos rematan el armazón del «caso Koldo»
Con el juicio contra el exministro José Luis Ábalos, su exasesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama Aún avanzando en sus etapas iniciales a lo largo de estas últimas dos semanas, pero cada vez más cerca del núcleo de la supuesta trama, las piezas entran y salen de la Sala del Tribunal, rompiendo lo que parecía un bloque monolítico de hechos que unen a los acusados en la Corte Suprema. Porque mientras las declaraciones fortalecen un entramado de relaciones personales en una especie de desfile de «sobrinas», empresarios y altos cargos públicos, la ruptura que ha querido forjar Ferraz con quienes un día encumbraron al presidente del Gobierno también ha quedado latente en la Sala de la máxima jerarquía judicial de nuestro país. Pedro Sáncheza la cima del poder.
Ábalos y Koldo ya asumieron en el pasado que Moncloa no apoyaría ninguna de sus (supuestas) actuaciones. Sobre todo, el ex ministro sabía que nunca más volvería a hacer alarde de él ante la «casa» que marca el rumbo a seguir por los españoles. Lo que su «hombre para todo» ni siquiera imaginaba es que quienes desfilaban ante la sala de sillones de terciopelo rojo del Tribunal Supremo consumarían la operación para concentrar todas las responsabilidades en ellos dos. O, al menos, esa es la sensación que se han quedado ambos imputados tras las palabras de varios altos cargos de Transportes que participaron en la compra de material sanitario a Soluciones de Gestión, la empresa impulsada por Víctor de Aldama y que habría pagado comisiones a la trama.
Porque, si bien para las acusaciones los testimonios han ido configurando el marco del caso, y han demostrado que Koldo era el nodo operativo de la trama -el multitarea que se encargaba de trasladar ofertas y contactar con empresarios-, para las defensas, según las fuentes jurídicas consultadas, aclararon otro sentido. Por un lado, si sus clientes habían cometido los delitos querían «salirse con la suya» porque, dicen, la compra de mascarillas no estaba objetada por otras entidades contratantes de las distintas administraciones. Y, por otro lado, que la auditoría encargada por el actual titular de la cartera Óscar Puente Se trató de una operación con intención «política» de poner las cosas de por medio con el anterior titular de esa cartera ministerial. Les ha quedado claro que el objetivo era meterles en el banquillo. De ahí que las defensas, según las mismas fuentes, no pasaran por alto, a lo largo de las sesiones, ceder en el último momento cuatro testimonios clave por temor a que resultaran contraproducentes.
Las mismas fuentes confirman que la percepción de las defensas de Ábalos y Koldo, que insisten en mantener su unión en la estrategia, fue una «hipocresía» marcada por las palabras de los comparecientes. No tanto por lo que dijeron, sino por lo que evitaron decir, en un equilibrio cada vez más difícil de mantener. Ya lo advirtió Aristóteles cuando dijo que la hipocresía tenía mucho que ver con cierto tipo de jactancia, pero no la del exceso, sino la de la negligencia exagerada. En cambio, sí vieron con buenos ojos las comparecencias de la expresidenta de Adif Isabel Pardo de Vera, que asumió «cierta responsabilidad» en la contratación de la novia de Ábalos y que reconoció que Aldama entraba y salía del Ministerio como si fuera su casa. Como ocurre con las palabras de Manel sallesun empresario de hidrocarburos que contrató a Koldo en su empresa.
El interrogatorio a Sallés fue percibido, sin embargo, con nerviosismo en el asiento de Víctor de Aldama. Las palabras del empresario provocaron que el comisionista se levantara en varias ocasiones para hablar con su defensa. Sallés explicó que contó con los servicios de Koldo cuando ya no era asesor de Ábalos a cambio de ayudarle en un proyecto de inversión en Guinea Ecuatorial. De hecho, reconoció que no era de los que reciben «comisiones» que justifiquen tener a Koldo trabajando para él. Lo que Sallés no reconoció fueron las acusaciones de Aldama de que viajó a Canarias para reunirse con la actual ministra de Política Territorial Ángel Víctor Torres.
De momento, todavía queda primavera negra y prisión provisional para Ábalos y Koldo hasta que sepamos si el Tribunal Superior dicta las penas solicitadas por Anticorrupción para cada uno de ellos. Porque si algo ha quedado claro en las historias hasta ahora es que se ha reforzado la tesis de una red de favores personales en torno al entonces ministro y pagos periódicos en efectivo. Y también una primavera negra porque, al margen de lo que ocurría en la Cámara, dos nuevos informes de la Guardia Civil volvieron a agitar la mesa política. Por un lado, señalaron la relación de «confianza» y la veintena de contactos que mantuvo Francina Armengol con Koldo en el cronograma de los contratos bajo escrutinio, aunque ella “no tiene constancia de ello”. Y, por otro lado, señalaron a un colaborador de Cerdán como enlace entre el presidente de Forestalia y el ex alto cargo de Teresa Ribera en el «caso Forestalia», que investiga otra trama de corrupción. Atentos a lo que viene.
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