los trucos infalibles para sobrevivir a un tren nocturno por Europa
Charles Dickens, al que se le ha dedicado un libro de sus viajes en tren; Agatha Christie, que ambientó en ellos algunos de sus avispados crímenes; o incluso Paul Theroux, que se lanzó a recorrer medio mundo en ellos son prueba de que los trenes siempre han tenido su punto de atracción. La cantidad de rutas de media y larga distancia que cubrían fue bajando en detrimento de los vuelos comerciales que hace más de un siglo comenzaron a llenar nuestros cielos. En España, actualmente, no hay trenes (fuera de los turísticos) que hagan travesías de noche. Sin embargo, en el resto de Europa aún resisten otros y se estima que pronto se sumarán algunos más. Pero, teniendo avión ¿por qué alguien se subiría a un tren?
Cruzar Europa mientras se duerme es la forma más sostenible y estratégica de viajar, y son muchas las ventajas. Sin embargo, no vale hacerlo de cualquier manera, y no somos pocos los que hemos cometido errores de principiante que nos hicieron replantearnos si habría una segunda vez. Para evitar esto existen algunos trucos de supervivencia que ayudan a afrontar un trayecto nocturno, ya sea en un compartimento privado o en uno compartido, y sentir que hemos tomado la mejor decisión. También reúno consejos de rutas, kits con esenciales para que el tren no sea un fastidio y otros puntos para convencerte (o no) de lanzarte a la aventura.
Primer punto: elegir las rutas
Para mi, hay una premisa clara: si el viaje nocturno no va a tener más de 8 horas de trayecto, a no ser que sea la forma más eficaz logísticamente, no es para mí. Descansar bien en un tren es todo un arte y el tiempo de subir, acomodarse y luego prepararse para bajar resta horas de sueño. Muchas de las rutas nocturnas también se hacen de día, a veces con trenes más rápidos, y aunque pueda parecer que se pierde tiempo, se ganan las panorámicas de nuevos mundos desde las ventanillas, como en este viaje que hice desde Oslo hasta Trondheim. Para consultar las rutas, nada mejor que entrar a la web de Eurail y ver los horarios, las frecuencias y las paradas intermedias de los trayectos.
Es indudable que hay algo de romántico en la idea de dormirse en una ciudad y despertar en otra, recuperando el ritmo de otra época mientras Europa dormita y tú cruzas fronteras consiguiendo un 3×1: te desplazas de un punto a otro sin perder tiempo para visitarlos, sumas el precio de un hotel y de un transporte en un solo importe y, no menos importante, reduces tu huella de carbono hasta en 18 veces con solo un trayecto. Para este artículo he escogido dos rutas para comparar: la que hace ÖBB Nightjet entre Ámsterdam y Zúrich en modo económico y la que va de Londres hasta Inverness en el histórico Caledonian Sleeper, en un formato más exclusivo.
El kit de innegociables
Antes de comenzar el trayecto, recordemos que no solo vamos a dormir fuera, sino que esta vez va a ser en un tren. La diferencia entre una noche memorable y una noche infernal en un tren nocturno suele estar en la falta de preparación y viene seguida de un “ay, qué bien me hubiese venido X cosa” mientras miras el techo durante 10 horas. Obviamente, las diferencias entre la clase económica y la superior son abismales, pero lo recomendable es llevar todo el kit. ¿Nadie se ha subido alguna vez a un crucero donde tenía camarote y ha acabado durmiendo en una sala llena de gente? Pues yo sí.
Así que pongámonos en la situación de menos holgura y empecemos diciendo la verdad: la mayoría de los trenes tienen mucho ruido. El propio tren: cosas que se caen con el traqueteo, puertas, pasos y voces en el pasillo, conversaciones de otros compartimentos, personas de tu habitación que entran y salen, que no usan auriculares, que mandan audios, que roncan o que comen a horas intempestivas con sus correspondientes ruidos de bolsas y demás… La lista de sonidos podría ser infinita, y todo conspira contra el sueño. Por favor, no escatimes en unos buenos tapones para los oídos.
Si no usas nunca, asegúrate que compras unos que te vayan bien y ponlos a prueba antes de salir de casa, porque quizá los típicos naranjas de goma espuma no sean lo tuyo. En mi opinión, es mucho mejor unos auriculares con cancelación de ruido con la batería cargada a tope y algún sonido de lluvia, música relajante o incluso ruido blanco. Sin embargo, hay quien se contenta con tapar y listo.
Otro innegociable es el antifaz, y lo dice alguien a quien le gusta dormir con algo de luz: la luz que puede entrar por la ventana no tiene piedad, viene del techo fluorescente del pasillo y da igual si duermes con la cabeza de ese lado o del de la ventana exterior, te va a fulminar, pues las cortinas no suelen tapar del todo la luz, además de que la gente puede salir y entrar y hacer que el compartimento parezca un escenario.
No hace falta hablar del kit de aseo, ese que llevamos a cualquier hotel. Sin embargo, añadiría cosas que quizá no todo el mundo lleve, a riesgo de sonar evidente, por si necesitas una ducha en el tren: una pequeña toalla de microfibra, un gel-champú, unas chanclas de usar y tirar (si viajas ligero) y, si me apuras, un mini-secador, además de una bolsa hermética donde poder meter tu ropa (pues dejarla en el suelo del compartimento no es una opción). Si además eres algo aprensiva por las sábanas y mantas de estos trenes, aunque yo no tengo queja, añadiría un gorro de dormir, además del pijama, y si me apuras una de esas sábanas superplegables que puedes extender entre tú y la ropa de cama.
Otros tres puntos importantes: conexión, carga, seguridad y comida. Primero, no tengas mucha fe en el wifi del tren, incluso los mejores te hacen pelearte durante horas para nada. Si quieres ver películas y series o leer algo más vale que lo descargues previamente. En cuanto a la carga, piensa que los enchufes son escasos, y aunque puede que haya uno por persona, quizá necesitases más de uno. Lleva todos tus aparatos cargados hasta los topes (auriculares, batería portátil, móvil, tablet, ordenador) y no tendrás problema.
En cuanto a la seguridad, hago referencia a tener tus cosas más importantes cerca. Sin embargo, meterlas dentro de la cama no es lo más cómodo (y además, es más fácil que luego se te olvide algo), así que yo opto por una riñonera parecida a los de los runners (sin muchas cremalleras ni elementos que molesten) y dejo ahí documentos, dinero y móvil. Y en cuanto a la comida, se ha de pensar un poco en la supervivencia. A veces el tren se retrasa, no tiene vagón comedor o máquinas expendedoras, o simplemente no te ha dado tiempo de cenar antes de subir. Lleva siempre agua y snacks o comida para llevar e intenta que los olores no sean muy agresivos por el bien de todos.
Probando la clase superior
Con el largo kit de innegociables ya a punto, es hora de hablar de la diferencia de los compartimentos ‘de batalla’ y de los de mejor categoría (aunque estos no sean precisamente los de Belmond). El ÖBB Nightjet sale de Ámsterdam a las 20.15 y llega a Zúrich a las 8.05 (spoiler, los trenes del resto de Europa también pueden llegar tarde). El Caledonian Sleeper parte de Londres a las 21.15 y llega a Inverness a las 8.45. ambos trayectos, de aproximadamente 12 horas, se hacen muy diferentes.
Empecemos esta vez por el exclusivo. Cuando subes al tren en el frenético Londres te encuentras con una bolsa donde antifaz, tapones, jabón e incluso una chocolatina te dan la bienvenida, además de amenities suficientes para la ducha (menos las chanclas) que tendrás en el compartimento. Sin embargo, recordemos que quizá esos tapones y antifaz no sean tus preferidos y eso podría marcar la diferencia, así que el kit sigue siendo innegociable.
Los precios suelen rondar entre los 300 € y los 550 €, para las tres categorías superiores, pero el lujo de no compartir la habitación, depende del viaje y el presupuesto, vale la pena. La habitación Classic y la Club en-suite son habitaciones prácticamente iguales. Dos literas con colchones individuales hechos a mano y servicio de habitaciones, solo que la segunda tiene también ducha. La más exclusiva, Double en-suite, tiene una cama doble, además de mayor espacio y comodidad, y una ducha más amplia. Si se decide ahorrar algo de dinero, escoger la Classic y utilizar alguna de las duchas del lounge de Londres o el de Inverness puede ser una opción.
Tampoco hay que preocuparse por el desayuno, pues está incluido y puedes tomarlo tanto en tu compartimento como en el Club Car antes de llegar a tu parada. Este último, además, está abierto con menú completo de cena y bebida, donde experimentar lo mejor de la comida (y la bebida) escocesa. No olvides, aunque suena evidente, que el tren es inglés y sus enchufes responden a ello, pero si te quedas sin batería no pasa nada porque la tranquilidad de esta categoría y la belleza del paisaje escocés al amanecer te recargarán sin electricidad.
La estrategia de las literas
El título suena épico, pero es que un viaje compartido con más personas en una misma habitación de un tren no muy moderno tiene su parte de película. Operados por los ferrocarriles austríacos, los ÖBB Nightjet que parten de Ámsterdam hasta Zúrich tienen dos tipos de tren (los de nueva generación y los antiguos), pero en general los tipos de habitación compartida son similares, con pequeñas modernidades. Además de las Mini Cabin, que imitan a los hoteles cápsula, están las couchette – compartimentos de 4 a 6 personas que pueden ser mixtos o solo para mujeres – y los sleeping car comfort, más exclusivos.
Digamos que las couchette del Nighthet de nueva generación se diferencian de las de la más antigua en que las primeras son de hasta 4 personas, se han modernizado y no existen las ventanas al pasillo, con lo que esa luz deja de ser molesta. En el peor de los casos, tendrás que viajar en uno de los trenes viejos donde la couchette de hasta 6 personas cuesta desde 50 € ( más si decides compartirla solo con 4 personas) y sí, aquí sí que hay ventanas al pasillo. Un truco para mentalizarte: recuerda todo lo que ahorras en tiempo, dinero y contaminación, a veces necesitarás revisitar ese pensamiento.
En estos compartimentos es importante negociar la litera, porque no puedes escogerla al comprar el billete y no aparece en este. La buena noticia es que subir en la estación de origen da más posibilidades. La litera inferior es la favorita de la mayoría por razones prácticas. No hay que subir y bajar escaleras (algo a agradecer si estás a oscuras), puedes sentarte erguido (siempre que haya solo 4 personas, pues con seis, la litera de en medio no lo permite), ir al baño y coger tu equipaje sin molestar a nadie y usar la mesita que suele estar bajo la ventana exterior. En lo negativo, la privacidad es menor, los demás pasajeros utilizan tu cama de asiento y recibes algo más de luz de fuera. Para mi, lo peor fue que mi compañera de arriba se durmió con muchas cosas sobre la cama, y por los huecos entre esta y la pared me fueron cayendo calcetines, envoltorios y hasta su móvil.
La litera superior es el refugio de quienes priorizan la privacidad y el silencio, no pretenden relacionarse mucho con sus compañeros de cuarto y recibe menos luz del pasillo. Aunque algunas tienen una estantería arriba, mi compartimento no tenía, algo que se suma a los puntos negativos que son los positivos de la litera inferior: escaleras, facilidad para ir al baño, más movilidad, etc. El patito feo de este cuento es la litera intermedia. Por razones obvias, es la menos querida, pues tiene casi todos los puntos negativos de ambas. También hay que añadir que todo cambia si con quienes viajas en el mismo compartimento son amigos: la confianza da asco, pero a la vez puedes quejarte perfectamente de cualquier punto que te moleste y negociar con más facilidad.
Conclusión: hay que vivirlo
Viajar en una habitación para ti sola, sin ruidos ni desconocidos que te molesten, con tu propio baño privado y tus pequeños comforts hace que te sientas en un hotel boutique en movimiento del que no hace falta decir que merece la pena cada euro. En cuanto a viajar de forma económica por Europa en un tren, si me preguntan, también vale la pena el ahorro. Ahorro de tiempo, ahorro de noche de hotel y más flexibilidad para ver dos ciudades que tengan buenas combinaciones de vuelos con tu aeropuerto de salida y que puede hacer que tus billetes de ida a una ciudad y vuelta desde otra te salgan más rentables que el de ida y vuelta a un solo lugar.
Sin embargo, has de ser una persona dispuesta a compartir espacio con otros y preparada para situaciones como algunas que comentaba antes y que se pueden hacer muy molestas. La gente entra, sale, hace ruido, suele haber bastante luz y es difícil regular la temperatura como nos gustaría, sin contar que muchos trenes traquetean bastante, sobre todo en algunos tramos. Todo depende de tu adaptación a un colchón muy básico, a tu capacidad para desconectarte de los ruidos y a tu nivel de aprensividad, sociabilidad y claustrofobia. Quizá también a lo exclusivo que sea el momento: yo optaría por esta opción pero no en un Interrail, sino dentro de un viaje en el que quiero conocer dos o tres ciudades lejanas, siempre y cuando no junte dos noches seguidas en tren. La conclusión es que hay que vivirlo para poder decidir si repetirlo.
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