los vecinos detallan las claves de su tirón residencial (y las cosas que deben mejorar)
Cuesta recordar (y para los más jóvenes imaginar) que la amplia avenida ajardinada por la que María Jesús García pasea a su perro «Dover», la terraza en la que Marco Baragaño sirve cafés y cañas a sus clientes o los columpios en los que jugaban los hijos de Lilián Fernández y Héctor Suárez fueran a finales del siglo pasado un abigarrado laberinto de viejas viviendas y talleres abandonados, cruzados por una línea ferroviaria que ponía a prueba los sistemas de amortiguación de los autobuses cuando pasaban por encima. Hoy, en ese espacio urbano se levanta Langreo Centro, el barrio más «joven» del concejo (apenas veinte años de existencia). Y también uno de los más dinámicos. La amplitud, la buena cobertura de servicios y equipamientos, y la «vida» que se respira son algunas de las virtudes más apreciadas por sus vecinos, que también coinciden a la hora de señalar un déficit: «Nos falta una farmacia».
[–>[–>[–>[–>[–>[–>El cierre de la fábrica (primero de Duro y después de Ensidesa) de La Felguera, en lo que hoy es Valnalón, y su derribo en el año 1984 conllevó que decenas de empresas auxiliares fueran cayendo tras ella, cerrando o trasladándose a otras zonas. A mediados de los años ochenta, el actual Langreo Centro era una amalgama de desvencijados talleres y casas de la tipología más variada. Fue entonces cuando el Gobierno regional y el Ayuntamiento comenzaron a trazar los primeros planes del Nuevo Langreo. Las discusiones sobre qué hacer con un espacio tan amplio (planificado para fortalecer la cohesión entre Sama y La Felguera) fueron largas y los primeros cambios de calado en la zona no comenzaron a percibirse hasta finales de la década de los noventa, cuando comenzaron a derribarse las naves industriales y las viviendas expropiadas. En 1999 comenzaron las obras de los dos primeros equipamientos que se construyeron en la zona: el nuevo centro de salud de La Felguera y la estación de autobuses.
[–> [–>[–>Héctor Suárez y Lilián Fernández, con un edificio en construcción al fondo.
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Después irían llegando los bloques residenciales (hasta un total de 800 viviendas, muchas de ellas de protección autonómica, con precios más asequibles) y una extensa red de equipamientos como el centro deportivo Beiro, un hotel, una residencia geriátrica y el centro de FP de Imagen y Sonido, que se sumaron a otros ya existentes en el entorno como la estación de tren, el colegio Eulalia Álvarez o la Comisaría de Policía.
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A la izquierda, Fermín García, Marco Baragaño y Jesús Piquero.
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Marco Baragaño es el propietario del bar «El Puente», el segundo negocio hostelero que, hace 19 años, abrió en Langreo Centro. «Hubo otro antes, pero acabó cerrando». Los comienzos de Baragaño, sin muchos vecinos aún en el renacido barrio, tampoco fueron fáciles. «Los dos primeros años sobrevivimos gracias a los trabajadores de la construcción», explica este hostelero. «Es que de aquella eran todo obras y grúas», tercia Fermín García, uno de los primeros clientes que tuvo Baragaño: «El hotel fue de lo primero que hubo y estuve catorce años trabajado allí, por eso empecé a venir a tomar el café aquí». Actualmente, pese a estar jubilado y vivir en otra zona de La Felguera sigue manteniendo la costumbre.
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Los alrededores de Langreo Centro, en 1999, cuando parte de las casas y fábricas no habían sido derribadas. / FERNANDO RODRIGUEZ
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«Esta es una zona muy dinámica, con mucha vida. Entre los vecinos hay mucha gente joven y buena parte de ellos trabajan fuera», explica Baragaño, mientras atiende a Jesús Piquero, otro de los clientes habituales. «Llevo viviendo aquí 18 años. Nuestros pisos fueron los segundos que se hicieron», argumenta para añadir que era una buena oportunidad porque eran «viviendas de protección autonómica (VPA), con un precio bueno, con una letra que se podía asumir y unas ventajas fiscales importantes. Por eso me decidí. Estoy muy bien aquí, lo único que falta es una farmacia», señala.
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Colegio y parques
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También el asequible precio de la vivienda fue una de las causas que motivaron a Lilián Fernández y Héctor Suárez. «Vinimos en 2006, nos dieron bastante ayudas por ser menores de 35 años. Y también nos salió bien la hipoteca. Nos gustó mucho el sitio porque era una zona nueva, con un área abierta y que está cerca de todo. Y cerca de la salida a las autopistas porque los dos trabajamos fuera, en Avilés. Y teníamos el colegio muy próximo a casa y parques infantiles, relata Lilián Fernández.
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[–>El barrio también cuenta con una activa asociación vecinal que organiza todo tipo de actividades, desde unos festejos anuales hasta eventos solidarios como la carrera contra el cáncer. Beatriz Ortiz , María Jesús García y David García (presidente) forman parte del colectivo. Ortiz llegó hace solo dos años, tras mudarse desde Riaño: «Es una zona que está muy guapa, muy abierta. Y tiene mucha zona verde, aunque podría tener alguna más, y está cerca del tren y de los autobuses».
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Lleva más tiempo en el barrio María Jesús García, «17 años, desde que se hicieron los pisos del Ganzábal. Yo vivía antes donde la calle Dámaso Alonso, pero empezaron a edificar y me vine porque está más abierto, menos apelmazado de casas que otros sitio. Aunque echamos de menos una farmacia». Y añade: «El barrio ha crecido mucho y sigue creciendo (hay en construcción una promoción de Vipasa de 60 pisos de alquiler para jóvenes). Y los pisos que salen a la venta sueltos por ahí te los quitan de las manos».
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También lleva 17 años en el barrio David García. «Los jóvenes que llegamos en aquel momento ya nos vamos haciendo más mayores. El barrio ha crecido bien, hay natalidad porque se sigue viendo gente con niños pequeños. Es una zona que llama a vivir», apunta García, que señala algunas de las cosas que deberían corregirse. «Hubo una entidad bancaria que cerró y necesitaríamos al menos un cajero; tenemos una estación de autobuses a la que no se está dando el uso que se le debería dar; falta iluminación, sobre todo en los pasos de cebra; y se ha acabado el recinto ferial de Talleres del Conde, aunque seguimos echando en falta una pasarela para cruzar».
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García, portavoz también de la Plataforma del Soterramiento de Langreo, también urgió a agilizar la obra de urbanización del plan de vías, para que «se haga de una vez el bulevar».
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