Luciérnagas
Hace unos días, al viajar a Madrid, tenía previsto hacerlo en tren desde Gijón. Sin embargo, debido a una avería en un convoy, Renfe avisó de un cambio de planes a última hora y transportó a los pasajeros en bus hasta León. Era por la tarde y el trayecto se cubrió con la oscuridad alrededor de las siete y media.
[–>[–>[–>Mirando en cualquier dirección, todo eran lucecitas que destacaban como luciérnagas en aquellas noches que algunos recordamos. Esta imagen me hizo reflexionar: ya no sabemos estar «sin que ocurra nada» ni siquiera dos minutos.
[–> [–>[–>Necesitamos dopamina constante y estar atentos en todo momento a lo que sucede en el mundo. TikTok echa humo, Instagram nos arroba (o aboba), Facebook nos embelesa, WhatsApp nos obnubila. En definitiva, los tiempos han cambiado de manera radical y rápida, y continúan haciéndolo de forma exponencial; estamos apenas en el principio del comienzo del inicio.
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Es cierto que hay que ir con los tiempos, que estos aportan muchas cosas de gran interés y disponemos de mecanismos que pueden hacernos la vida más cómoda. Pero también es cierto que no sabemos medir y esta sociedad se ha especializado en el exceso, se caracteriza por ello.
[–>[–>[–>La imagen de las luciérnagas y el exceso me recuerda también a lo que ocurre con frecuencia en las salas de cine: nunca falta quien enciende su móvil cada poco, tal vez para ver si hay algo nuevo en TikTok o si siente la vibración del aparato al recibir un nuevo WhatsApp. Mientras tanto, el resto de espectadores soportando dócil y estoicamente la desagradable lucecilla de marras.
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Todo esto me lleva a concluir, (especialmente en esos días «un poco raros» que todos tenemos), que indudablemente vivimos tiempos de inmadurez colectiva.
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[–>¿Será el sobradamente «refalfio» que decimos en Asturias?
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Puede ser, pero me da que, digamos lo que diagamos aún no hemos interiorizado lo que sabiamente apuntaba Goethe:
[–>[–>[–>«Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre, sin serlo». El uso inadecuado de usar las redes para hacer daño a segundas personas, amparados en el anonimato.
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Buscar de cualquier manera el medio que te permita «brillar», que hablen de ti, causar sensación, (insisto de la forma que sea), ¿es eso ser libres?
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Me da la impresión de que quienes conformamos esta sociedad no somos conscientes de que nada es únicamente, solamente. Todo es: bastantes cosas, depende.
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La vida es cambio, actualización, incluso desaprender, renovarse y avanzar.
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Teniendo esto claro, deberíamos tender a ser más libres de lo que somos, no solo de palabra, de boquilla.
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Reflexión, necesitamos reflexión; el atolondramiento solo conduce al atolondramiento y al final al desgaste y la decepción.
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Como de vez en cuando se nos recuerda desde las pantallas:
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«Actualizar». ¡Pues eso!
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Está claro que siempre somos prisioneros de algo y, en este momento, lo somos de la tecnología.
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Genial, pero inquietante.
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