Más apuntes sobre «Las células errantes»
Fernando Monreal es doctor en Medicina y Cirugía
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Querido lector, hace unas semanas le hablaba de un libro escrito por Lise Barnéoud. Me refería al microquimerismo. Un tema muy interesante, a mi modo de entender que, espero usted comparta. Hoy, con su permiso, le paso a comentar que, en 2015 se realizó un estudio clínico en Suecia con 154 chicas entre los 10 y 15 años. El 14% tenía células masculinas en la sangre. Bien porque habían tenido un hermano mayor o porque sus madres habían tenido abortos o habían sufrido transfusiones durante el embarazo.
[–>[–>[–>Hoy en día sabemos que, con la edad aumenta la presencia de células masculinas… por las relaciones sexuales. De tal manera que, el 36% de las chicas danesas de 15 años declara haber tenido relaciones sexuales, por lo que pueden recibir células de sus parejas a través del semen.
[–> [–>[–>Los espermatozoides representan entre el 2 y 3% del líquido seminal. El resto lo constituyen proteínas, azúcares, hormonas y también otras células, en particular células inmunitarias. Entonces, la pregunta que podemos hacernos es la siguiente: ¿Se puede considerar la eyaculación como una especie de trasplante temporal? Porque, en 15 años de pareja, una mujer puede superar los mil trasplantes de líquido seminal… Y, estas células viajeras, para que sobrevivan varios años integradas en los distintos órganos del receptor deben tener características de células madre. Se trata una población de células masculinas que podrían transmitirse a la siguiente generación en caso de embarazo.
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Y, curiosamente, cuanto más expuesta está una mujer al esperma de su pareja, menos riesgo tiene de sufrir preeclampsia, enfermedad del embarazo caracterizada por hipertensión arterial y edemas graves.
[–>[–>[–>Y, cosas de la sabia Naturaleza, hay una mejora de la fertilidad cuando la exposición al esperma de la pareja supera entre tres y seis meses de relaciones sexuales. Este proceso permitiría preparar al sistema inmunitario femenino para la irrupción de un eventual feto portador de marcadores genéticos ya encontrados a través del esperma.
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Y si ya se ha repuesto, mi querido lector, de tan fantástica información, le diré que las mujeres pueden tener células masculinas en el cerebro. ¿Pero, cómo es posible?, me dirá usted, con toda la razón. Pues, sabemos que las células microquiméricas pueden atravesar la barrera hematoencefálica. Ahí es nada. Pero, atención a lo siguiente: las células de origen fetal pueden transformarse en neuronas en el cerebro de la mujer pocas semanas después del parto. Como diría Carl Sagan: “La imaginación nos arrastra hacia mundos que jamás han existido. Pero, sin ella no vamos a ninguna parte”.
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[–>Y curiosamente, las mujeres pueden heredar los genes de su prole, una especie de herencia a la inversa, ¿a que es maravilloso?…
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Pero, puestos a elucubrar… ¿qué pasa con los xenotraspalntes? ¿Qué ocurre cuando se trasplanta un corazón de cerdo a un humano? ¿Hasta qué punto las células porcinas que vayan a visitar otros órganos podrían perturbar nuestra fisiología normal? Todos ellos, interrogantes que algún día la Ciencia desvelará.
[–>[–>[–>Y a pesar de los inmensos progresos médicos, al menos 800 mujeres mueren todavía a diario en el mundo por complicaciones vinculadas con el embarazo o el parto. Si el feto exige demasiado, la supervivencia de la madre puede verse comprometida; por el contrario, si el organismo de la madre no consigue compartir suficientemente sus recursos se pone en juego la supervivencia del feto. Los conflictos entre madre e hijo empezarían desde los primeros instantes que siguen a la fecundación. ¿A que es maravilloso el cuerpo humano?
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