Menú diabético
Les voy a contar un sucedido que seguro muchos reconocerán. ¿Recuerdan para qué sirven nuestros impuestos, verdad? Para infraestructuras, educación, seguridad, sanidad… Repasen mentalmente cómo están hoy esas áreas y si cuentan realmente con la dotación y los presupuestos que necesitan. Hoy les escribo sobre la sanidad asturiana.
[–>[–>[–>Un joven acude a urgencias de su centro de salud con una fiebre persistente que no baja de 40°. Nada, tranquilo, le dice el médico tras auscultarlo, estará incubando algo. Analgésico y para casa. La fiebre continúa, le cuesta dormir y empieza a ver sangre en las flemas. Vuelve a urgencias y otro médico, esta vez, apunta a neumonía y pregunta sorprendido si le habían auscultado en la visita anterior. Le manda placa y analítica en urgencias de Cabueñes. Cinco horas sentado en una sala abarrotada, tiritando con fiebre, pidiendo por favor un paracetamol que no le dan porque «aún no le ha visto el médico». El resultado: bacteria en sangre. Ingreso inmediato y vigilancia. Ya en planta, comparte habitación con un anciano diabético. El joven va mejorando con antibiótico intravenoso y empieza a darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor. La descoordinación y los errores se suceden. Para comer: galletas, compotas y mermeladas a diario. El hombre entra con 150 de glucosa. Cuatro días después, cuando una enfermera le mide el azúcar, lo mira extrañada y hasta un poco molesta: 290. ¿Cómo es posible? Preocupado, el joven avisa al médico: «este señor es diabético, no puede comer eso». La respuesta es literal: «es que no existe menú para diabéticos».
[–> [–>[–>En otra ocasión, el anciano, aunque mayor, se percata de que la medicación que le dan no es la suya. «Debería ser una roja y una azul», corrige. Y más tarde, van a hacerle la cura con Betadine: ¡Para, para, que soy alérgico! El joven comenta: normal, en cuatro días habré visto pasar unas trece enfermeras distintas; así es imposible que nadie se entere. A pesar de todo, el anciano mejora de sus dolencias y el médico le recomienda comenzar a caminar. Pero no hay andadores libres y no hay hueco en rehabilitación en toda la semana… Por si fuera poco, el mismo joven cuenta que a una conocida de su novia, al ir a ponerse una prótesis, le abrieron la rodilla contraria, que además ya tenía otra prótesis. Cuando la cirujana se dio cuenta del error, ya era tarde: acabó con las dos rodillas abiertas.
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En fin, yo comprendo que errores puede haberlos en cualquier sitio, claro que sí. Pero en este caso parece que empiezan a ser sistémicos: la falta de recursos y gestión ya es peligrosa.
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