MERCADO DE GRADO | Celestino Menéndez, 70 años en el mercado de Grado: «Toda la vida trabajé la tierra, pero ya no quedamos campesinos»
Celestino Menéndez García tiene 85 años que nadie le echaría. Con una vitalidad desbordante despacha legumbres, puerros, pencas o lo que le pidan los clientes y a la vez cuenta con agilidad de palabra y recuerdo claro el ayer y el hoy del mercado de la huerta de Grado. En él lleva unas siete décadas, calcula, pues ya venía con sus padres. Es, probablemente, el más veterano de la cita dominical. «Toda la vida trabajé la tierra, pero ya no quedamos campesinos», lamenta.
[–>[–>[–>Que los mercados semanales de los excedentes de las labranzas y las caserías se han venido a menos es hecho conocido. Pero Celestino Menéndez, «Tino», como le conocen todos en la plaza, no lo cuenta de cualquier manera. Vivió los tiempos buenos y los que ya no lo son tanto en primera persona y su relato fluye con detalle, capaz de hacer imaginar a quién le escucha cómo eran aquellas grandes citas mosconas en las que el género salía a «goxaos» y se agotaba bien temprano tras la visita de compradores procedentes de toda Asturias que marchaban con todo lo que se producía.
[–> [–>[–>«Ya llevo 70 años vendiendo aquí, pero va desapareciendo la manera de vivir, de comer y de hacer que tenía la gente«, explica. «¿Qué si bajó el mercao? Bajó de mil maneras, porque hoy hay otra forma de vivir», indica, a la vez que se refiere a que ya no hay tanta gente que traiga lo de su propia huerta.
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«Un cerdo para que pese necesita un año y pico, pero ahora da 50 kilos en 20 días»
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«Lo natural es lo que se cría en casa, como los cerdos. En casa les echábamos de comer castañas y aquella carne sabía a otra cosa cuando lo comías. Antes un cerdo tenía que tener por lo menos un año y pico para que pesara. Y ahora pesa cincuenta, cien kilos, en apenas veinte días, porque lo engordan artificialmente. Cinco o seis vaquinas que tenías te daban ocho litros de leche, pero a la leche aquella le quitabas la nata y hacías manteca, porque era leche muy buena. Pero ahora una vaca da cincuenta litros y es como si le echaran leche por arriba y saliera al momento por abajo…», indica mientras está al frente del puesto del mercado, este pasado domingo, en la zona de La Blanca.
[–>[–>[–>Tiene la tierra en la parte de atrás de la zona del Camposol, en la villa, y siempre anduvo en ella, aunque también tuvo otra vida laboral larga como maestro en la antigua Ensidesa. De temporada, en el puesto hay «poco» en este momento, «cuatro repollinos, cilantro, grelos, escarolas…». Pone un poco de todo entre lo que hay, aunque lo bueno es ir a ver la huerta en primavera, «cuando tenemos de todo». «Ahora mismo estoy haciendo semilleros de pimiento, tomate, guindilla, berenjenas… Pero eso se planta más tarde. Ahora afuera no se logra salvo que tengas un invernadero, por eso alguna cosa que se ve por ahí viene de casa su madre o de un invernadero», señala.
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José Manuel González, en su puesto de la plaza Moscona. / P. T.
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Se declara un amante de la naturaleza y la observa: «Ya las golondrinas casi no vienen, venía el cuquillo y desaparece… Los animales saben más que nosotros, que acabamos con todo«. La huerta de donde saca lo que lleva al mercado moscón está a la vera del río. Le encantaba coger anguilas. «Ahora ni eso, no hay ni truchas ni mohiles ni nada… Lo quemamos todo», dice, mientras rememora el tiempo de su juventud en una casa en la que siempre se hizo, como antaño en tantas, anís de guindas.
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[–>«A las siete de la mañana ya se bebía una copina de anís de guindas. Mi madre Iba a catar las vacas, venía y ponía la pota sobre esa hora, bien temprano, para que fuera tirando. Y luego hacía las boroñas, hacía de todo, porque todo se comía. Yo bajaba al molino con un burro y con un poco de maíz o un poco de trigo… Era otra vida, más sano todo. Ahora poco se come sano. Y la gente se acostumbró también a no poner la pota, vivimos de otro modo», abunda.
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«Doscientos puñaos se vendían en una hora»
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En la plaza lleva también muchos años José Manuel González, de Castañeo. «Cincuenta o algo más», indica. Hoy la gente «abandonó la tierra, totalmente», dice. De lo que hubo en el mercado de los excedentes de la huerta de Grado se «perdió mucho», ya no quedan apenas vendedores de Grado. Recuerda los tiempos en los que no era necesario estar horas y horas en el puesto porque todo se agotaba pronto. «A las seis veníamos al mercado y a las 7 ya terminábamos porque estaba todo vendido. Venían de Meres, de Oviedo, de un sitio y de otro. Traímos mucho, doscientos o doscientos y pico puñaos» de verdura, de hortaliza «y ya te estaban esperando para llevárselo». «Ahora traes diez o doce y tienesque estar aquí hasta las dos de la tarde», comenta.
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Manuel Suárez y Primitiva Martínez. / Paula Tamargo
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Entre quienes conocen bien la plaza moscona se encuentran asimismo Manuel Suárez y Primitiva Martínez. Siempre tuvieron huerta en El Rellán y con ella «llevan la vida entera». En el puesto, que promocionan los jóvenes de la familia en redes, se ven este domingo pencas o repollo, porque como el resto explican que ahora de temporada poco hay. «No somos los más veteranos», indican ellos mismos, para después apuntar a que lo son José Manuel González, el de Castañeo, y Celestino Menéndez García, «Tino», el que tiene la huerta por detrás del Camposol.
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