MIEL, LIMÓN & VINAGRE | Christina Koch, lejos del mundanal ruido
Christina Koch siempre se ha movido en un mundo de hombres. Y ha sido abandonar este mundo, para ir a la Luna, y ha seguido en un espacio de hombres. Tres. Y con ella, cuatro. Los cuatro tripulantes del Artemis II. Fueron escogidos en la época del presidente Joe Biden. Representaban una tripulación ‘inclusiva’, así se vendió. No sabemos si hubiera sido Trump el reclutador qué habría salido. Seguramente una tripulación de hombres blancos millonarios. O de primas de Melania. O mitad y mitad. ¿Se imaginan a cuatro tíos como Elon Musk en un espacio reducido un montón de días juntos?
[–>[–>[–>Koch nació en Grand Rapids, Michigan, 1979. Es la primera mujer en formar parte de una misión lunar.
[–> [–>[–>Es ingeniera espacial, estudió ingeniería física y eléctrica en la universidad pública de Carolina del Norte y después terminó de formarse en Ghana. Ha acabado dedicando gran parte de su vida profesional al desarrollo de instrumentos para trabajos de la NASA o misiones científicas en laboratorios de la Antártida y el Ártico. Es muy simpática en su cuenta de Instagram, donde, claro, poniendo fotos de lugares exóticos resulta imbatible. Ella junto a la Luna y los influencers, por mucho que lo sean, han de conformarse con la Fontana de Trevi, la Torre Eiffel o las cataratas del Niágara.
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En 2013 debutó como astronauta. A la edad en la que otros están pensando si se van o no de casa de sus padres ella se fue al espacio exterior. En 2018 fue asignada a una misión de larga estancia en la Estación Espacial Internacional. Un año más tarde despegó desde la base rusa de Baikonur junto al cosmonauta ruso Alexander Skvortsov y al italiano Luca Parmitano. Koch pasó 328 días en el espacio, sumando 42 horas de paseos sin gravedad. Debe ser la humana que mejor sabe tomarse las cosas a la ligera.
[–>[–>[–>Koch y sus compañeros regresaron hace unos días a la Tierra. Sanos y salvos. Que vuelva a los periódicos el verbo amerizar no es poco beneficio. Tal vez la mayor complicación que encontraron fue hacer de vientre a gusto. El inodoro, el váter, se les estropeó. Pasa en las mejores casas, incluso en una nave espacial, incluso en la NASA. Me imagino a un mecánico ahora con los brazos en jarras revisando el cuarto de baño del Artemis II o su réplica y diciéndole a Koch: pero señora, quién le ha hecho esta chapuza, ese alicatado es malísimo.
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Ella y sus tres compañeros de (¿aventura, gesta, proeza?) la primera expedición lunar desde 1972 se mostraron eufóricos y hasta el capitán se puso un poco lírico y trascendental. Qué menos. Esto es un pequeño viaje pero un gran paso para la humanidad, podría haber dicho Reid Wiseman, el jefe de la expedición, parafraseando a Neil Armstrong el 20 de julio de 1969 cuando se convirtió en el primer ser humano en pisar la luna. Ellos han estado cerca.
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[–>Uno siente una gran admiración y fascinación por los astronautas. Ese arrojo, ese temple, esa sangre fría, esa mezcla de cientifismo y aventura. La admiración se redobla si uno es de los que reza todo lo que sabe en el decisivo y sagrado momento del despegue de un anodino vuelo comercial de una horita. De los que se santiguan antes de subir a una montaña rusa.
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«Lo que me impactó no fue lo diminuta que era la Tierra, sino toda la oscuridad que había a su alrededor. La Tierra era simplemente un bote salvavidas. Y ahora, hay algo nuevo que sé: Planeta Tierra, sois una tripulación», señaló. No le van a dar el Adonais pero es poético lo que dice, bien traído, metafórico. Da que pensar. Ella no se pensaría dos veces volver a una misión semejante. O pisar la luna. Junto a sus compañeros son los nuevos héroes de América. En un tiempo en el que ese globo terráqueo que ellos ven desde el espacio tan indefenso necesite menos villanos.
[–>[–>[–>Koch divulgó un vídeo de cómo su perra la recibía, lo que le granjeó miles de likes de gente que incluso siempre está en la luna. Su vida se ha convertido en leyenda. En estos tiempos de hiperconexión, ella sí sabe qué es estar alejada del mundanal ruido.
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