MIEL, LIMÓN & VINAGRE | Mette Frederiksen: La aguerrida primera ministra danesa
Un buen día eres una apacible y moderada política de un pequeño país tranquilo y avanzando, con cárceles vacías y envidiables prestaciones sociales, y al día siguiente te conviertes en el chiquitillo al que el malo del orbe, Trump, le hace bullying. El magnate quiere Groenlandia pero Groenlandia está bajo soberanía danesa. Y ahí está Mette Frederiksen, rondando los cincuenta años, dos hijos, socialdemócrata, aficionada al baile e hija de tipógrafo y trabajadora social. Podría ser una personaje, la personaje, de Borgen, aquella serie danesa sobre políticos que bebía un tanto, un poco, del Ala Oeste. También podría ser Astérix.
[–>[–>[–>Está en el ojo del huracán, en el ojo del iceberg, mejor dicho. Pero tampoco le ha venido mal. No pocos mandatarios anhelan un enemigo exterior. Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca desde 2019, lo tiene. Y muy gordo. Esta política que nos ocupa se dio un importante batacazo en las municipales del año 2025 y ahora camela a las encuestas, a la opinión pública, a Europa y hasta a los groenlandeses, que no quieren perder el estado del bienestar, la sanidad pública, las prestaciones sociales de las que gozan. Ni siquiera saben si podrían ir gratis, o simplemente ir, a la final de la Super Bowl.
[–> [–>[–>El presidente norteamericano emite en onda corta y larga bravuconadas y amenazas. No solo contra y sobre Groenlandia, pero sí en suficiente cantidad para que el país europeo, el pulgar que le sale a Alemania en el mapa, haya perdido la tranquilidad política.
[–>[–>[–>
Frederiksen se crio en el norte del país y estudió Ciencias Sociales. Tenía clara su vocación política: con solo 24 años entró en el parlamento danés, que se llama Folketing. A una edad en la que un mediterráneo común no ha terminado de estudiar o no se ha librado de la caraja existencial, el necesario máster para ejercer o la tutela parental. Así son los nórdicos, incluso los nórdicos continentales, no solo se independizan sin llevarse un túper, sino que además aportan un escaño. Ahora, aparte de presidir el país, también, como sucede desde hace años, lleva las riendas del Partido Socialdemócrata.
[–>[–>[–>En la coyuntura actual, Dinamarca busca un acuerdo con EEUU sobre Groenlandia que respete la integridad territorial; varios países, como Canadá, han abierto consulados en la isla y los daneses quieren negociar con USA, tal vez en la creencia de que la negociación los aburrirá y mirarán hacia otro punto del globo. Esto choca con la tozudez de Trump, tal vez una de la más acendrada característica de su personalidad. Con un poco de suerte para los daneses, se olvida de ellos ocupado como está en cancelar, desprestigiar, no celebrar, anular las próximas elecciones que tendrían que tener lugar en los Estados Unidos. Le estorban.
[–>[–>[–>
Frederiksen ha protagonizado algunas polémicas sonadas, una de ellas estilo Irene Montero: tras despotricar de la enseñanza privada, matriculó a sus hijos en un privado; se enfrentó a los criadores de visón, poderoso lobby, y ha sido en ocasiones dueña de altisonantes declaraciones. Con todo, impera la mesura en su carácter y ahora recoge las simpatías del mundo cuerdo.
[–>[–>
[–>Mark Rutte, secretario general de la OTAN, y Trump ya dijeron hace unas fechas que habían establecido ya las bases para un acuerdo con Groenlandia. Conociéndolos, la metáfora «establecer bases» no es muy adecuada ni halagüeña; conociendo a Rutte, pelota oficial del Trump, tampoco es para estar muy tranquilos. Más que un acuerdo a tres bandas parece ser solo a dos. Esta valiente mujer que nos ocupa, ojalá que con la complicidad de la Unión Europea, tiene ante sí al enemigo number one actual de la democracia y del orden internacional. No sabemos si se saldrá con la suya, que no es Groenlandia, pero sí que tiene enfrente a una mujer de carácter y firmeza al que su país apoya. Seguramente llegará muy fortalecida a las siguientes elecciones danesas.
[–>[–>[–>
Mette Frederiksen muestra en su cuenta de Instagram su afición a restaurar cosas viejas, también a cocinar. Tuvo en su infancia problemas de dislexia en el colegio, lo que le valió alguna burla en el patio y en las aulas. No se arredró. Ni se calló. Esas burlas la fortalecieron. Desde entonces, habla claro. Incluso a Trump.
[–>[–>[–>
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí