MIGRACIÓN ITALIA | Intentos de suicidio, autolesiones y revueltas: así fueron los primeros 48 días en el centro de repatriación de Meloni en Albania
Un migrante que amenaza con cortarse la carótida con un trozo de vidrio. Otro que pide más medicación y se corta. Otro, lo mismo. Uno más intenta coserse los labios con un alambre. Otro que prende fuego a su ropa. Y luego peleas, revueltas y más autolesiones. Así durante 48 días. Es la reconstrucción de las tribulaciones de los migrantes recluidos en el centro de repatriación italiano en Albania desde su apertura, el 11 de abril, hasta el 28 de mayo de 2025, destapada ahora por primera vez por una investigación periodística italiana que ha obtenido acceso —tras una larga batalla judicial— a anotaciones en documentos oficiales de los trabajadores de Medihospes, la cooperativa encargada por el Gobierno de Giorgia Meloni de la gestión del centro, que día tras día llevaron un registro de los «eventos críticos» que iban ocurriendo dentro de sus instalaciones.
[–>[–>[–>La documentación —alrededor de 40 páginas— ha sido conseguida por el periodista Luca Rondi de la revista italiana Altreconomia, y es, como ha escrito él mismo, una especie de caja negra del infierno del ‘modelo albanés’: una crónica en modo testigo directo del sufrimiento cotidiano tras los muros del centro que Roma ha presentado como ejemplo de gestión migratoria externalizada; el surco por el que se ha encaminado también la Unión Europea. Ya los datos son elocuentes: 54 incidentes en esos primeros días de funcionamiento. La mayoría, autolesiones (22), seguidas de intentos de suicidio (12) y protestas de los internos (11). «Informaciones que además debemos leer con cautela, ya que lo que aparece en estos registros probablemente sea una versión edulcorada, a la baja, de lo que realmente ocurrió: no tiene lógica que Medihospes quisiera ponerse en una mala luz», advierte, en entrevista con este diario, Rondi.
[–> [–>[–>Centro de inmigrantes en Gjader, Albania. / ANTONIO SEMPERE / EUROPA PRESS
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Los documentos se han conocido solo ahora precisamente porque las autoridades italianas han intentado por todos los medios que no se hicieran públicos, según ha explicado la propia publicación. En concreto, se «llegó al extremo de recurrir una sentencia del Tribunal Administrativo Regional del Lacio (TAR), que en noviembre de 2025 había reconocido el derecho de Altreconomia a acceder a los documentos». Con ello, el pasado 23 de marzo el Consejo de Estado italiano puso el punto final al asunto, «al confirmar la sentencia de primera instancia y desmontando el argumento del Ministerio del Interior de que la divulgación vulneraría la privacidad de los detenidos«. Rondi ha presentado nuevas peticiones de acceso a la información más reciente pero aún está luchando para que las autoridades se la entreguen.
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Intentos de suicidio
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La hostilidad del Gobierno de Meloni quizá se explique por el horror visto y transcrito por los operadores de Medihospes. Apenas dos días después de la apertura, el domingo 13 de abril de 2025, tras el traslado de 40 migrantes a Gjadër, el registro recoge ocho anotaciones consecutivas en 24 horas: un interno se autolesiona porque quiere «una dosis superior de la terapia en curso». Pocas horas después, a las 15.30, otro se hiere por el mismo motivo. Luego dos llegan «a una pelea física»; otro amenaza con cortarse la carótida con un trozo de vidrio y destruye instalaciones, también porque reclama más psicofármacos, y a las 23.30 estalla una protesta violenta en la que los internos arrancan partes de la valla perimetral. La situación no se controla hasta pasada la medianoche. Pero solo por unos minutos. A la una de la madrugada, otro interno «vuelve a autolesionarse», según se lee en la documentación.
[–>[–>[–>El 17 de abril es otro día parecido. Uno de los internos «simula un intento de estrangulamiento con la sábana apretada al cuello» y el mediador cultural «le convence de desistir». A las 16.00, otro «con un resto de hilo intenta coserse los labios, perforándose el superior y el inferior con un cable eléctrico». Poco después el hombre inicia «una violentísima pelea» con un otro interno. Rechaza las curas del personal y acusa a su compañero de querer matarle. A las 21.20, uno de los retenidos prende fuego a su ropa «provocando la activación de la alarma de incendios» y menos de 30 minutos después otro «fabrica con sábanas una cuerda para simular un estrangulamiento». El 23 de abril, otro ejemplo más. Durante ese día, a las 13.00, un interno intenta suicidarse «con un trapo hecho con restos de ropa«; media hora después, otro también «intenta estrangularse». A las 17.30, varios son sorprendidos en su celda «preparando una cuerda». Treinta minutos más tarde, otro más intenta ahorcarse.
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Solo el 10%
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Es llamativo también el magro resultado del experimento albanés en términos de operatividad. Después de que la justicia italiana negara el uso del centro al Gobierno en reiteradas ocasiones desde 2024 —y que entonces por ello Roma aprobara un nuevo decreto para enviar allí a migrantes ya recluidos en los 10 Centros de Permanencia para la Repatriación (CPR) que hay en Italia—, «solo un grupo de cinco migrantes fueron expulsados directamente de Albania a Egipto. De forma ilegítima, además», afirma Rondi. «En el resto de los casos, el destino de los migrantes ha sido ser trasladados de Italia a Albania y luego devueltos a Italia, lo que únicamente es una maldad pues añade estrés y sufrimiento a estas personas», añade.
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Los inmigrantes se trasladaron a través de Italia a centros construidos en Albania en virtud de un acuerdo europeo que ha generado críticas en toda Europa por parte de organizaciones de derechos humanos. / ZUMA vía Europa Press / ZUMA vía Europa Press
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¿Por qué? Porque, según Fabrizio Coresi, investigador de la sede italiana de Action Aid, Italia ha exportado a Albania una política «básicamente fallida, gastándose además una fortuna». «Los datos más fiables que lo demuestran son de la década entre 2014 y 2024, periodo en el que Italia solo logró repatriar al 10% de los migrantes con orden de expulsión», explica este experto en migración. Por ello su organización llevó el caso al Tribunal de Cuentas: una denuncia de unas 60 páginas contra el Gobierno de Meloni, presentada en diciembre pasado, que todavía no tiene respuesta.
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«Lo hicimos porque consideramos que estos trasladados no solo son ilegítimos, sino que también es evidente el daño a las arcas del Estado. Solo en la construcción del centro albanés, el Gobierno se gastó 11 veces más que lo que cuesta levantar un sitio equivalente en Italia: alrededor de 74 millones de euros, a los que habría que sumar los gastos de traslado de policías, personal y material desde Italia, servicios médicos y un largo etcétera», detalla Coresi. «Incluso, al descubrir que el terreno era inestable, tuvieron que instalar unos 7.000 pilotes de cemento no previstos inicialmente, lo que encareció aún más la obra», afirma. «Todo esto para un lugar que además debía tener capacidad para cientos de personas pero hasta abril pasado solo había 96 plazas habilitadas», añade.
[–>[–>[–>Modelo de Ruanda
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«Efectivamente, el centro albanés no sirve de nada«, dice también tajante Anna Pellegrino, abogada de la Asociación de Estudios Jurídicos sobre la Inmigración (ASGI). «Añade sufrimiento gratuito a los migrantes que acaban allí, les despoja de un acceso adecuado al derecho a la defensa e incluso al sistema sanitario italiano, y todo sin resolver ni lo que el Gobierno se ha planteado como objetivo, que es aumentar las repatriaciones», afirma Pellegrino, al expresar también su perplejidad sobre cuál será el destino final del lugar con la entrada en vigor del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo.
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«Es una incógnita porque la nueva legislación en teoría plantea que la competencia de estos centros pase al país que los hospeda, que es el modelo de Ruanda, pero eso no es lo que han firmado Italia y Albania en su protocolo conjunto», añade, al recordar además que el primer ministro albanés, Edi Rama, se ha dicho en el pasado contrario a esto. Un modelo, el propuesto por la UE, que en opinión de Pellegrino, es «aún peor que el italiano».
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