Mirtha Legrand, la diva argentina que cumple 99 años y desde las pantallas marca a todavía el pulso de Argentina
Los Gobiernos pasan, y pasan las modas, los modismos y modales, pasan las estrellas y los personajes de la farándula. También cambian las tendencias y gustos. La que se empecina a estar en el centro de las miradas, imperturbable al paso del tiempo, es Mirtha Legrand, alguna vez estrella del cine argentino en su época de oro, los cuarenta del siglo XX, y desde 1968 una presentadora televisiva devenida en una institución nacional. Ella cumple este lunes 99 años y los políticos no se demoraron en saludarla, porque Mirtha, la señora Mirtha, como le dicen, con reverencia y temor, es brava, un azote de las pantallas: puede hundir o llevar a las cumbres a un candidato. Aquellos que aspiran a llegar lejos la quieren como aliada: sentarse alrededor de la mesa donde celebra sus almuerzos o cenas
[–>[–>[–>“¡No soy anciana, soy una mujer grande”, ha dicho en las vísperas de una celebración íntima. Nació como Rosa María Juana Martínez, cuando Argentina era todavía un país en pleno y dificultoso proceso de modernización. Dicen que tiene una memoria prodigiosa y nada se ha escapado de su memoria, ni un día de los que dejó de ser Martínez para convertirse en Luque, el momento previo a su definitiva conversión artística con un apellido mucho más acorde con sus aspiraciones: Legrand. La más grande quiso ser y no se demoró en lograr su cometido.
[–> [–>[–>Al principio no hubo una sola Legrand sino dos, porque Silvia, su hermana melliza, también fue actriz en aquellos días de expansión de la industria cinematográfica. Podía haber dos Legrand, pero solo una Mirtha, quien pronto se destacó en películas como Hay que educar a Niní, y la serie de comedias blancas como Cinco besos, dirigida por quien sería su esposo, el franco argentino Daniel Tinayre, La vendedora de fantasías y En la ardiente oscuridad. Con La cigarra no es un bicho, a comienzos de los sesenta, incursionó en la picaresca.
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La era de los almuerzos
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Pero su carrera actoral se cerró prácticamente a fines de esa década cuando inició en el Canal 9 sus almuerzos televisivos. Le sirvieron una pata de pollo que no logró degustar. A fines de 1972, ella intentó explicar a sus televidentes aspectos del peronismo. Juan Perón estaba por retornar por primera vez de su exilio de 18 años, y buena parte de los argentinos aguardaba de manera entusiasta el aterrizaje. Alejandro Romay, el director del canal, interrumpió el almuerzo bajo una orden estricta: de política no puede hablarse. La tertulia debía quedar al margen de la contingencia. Sin embargo, Legrand no solo desoyó la instrucción. Su programa fue siempre un acontecimiento salpicado por la política, y esa es la razón por la cual tuvo problemas o ciertos roces con el peronismo, la última dictadura militar (1976-83), a la cual supo respaldar, y el primer presidente de la transición democrática, Raúl Alfonsín. Por esos años la revista Gente la fotografió sonriente con el teniente Alfredo Astiz, uno de los símbolos de la represión clandestina.
[–>[–>[–>Ser parte de la mesa de la señora Mirtha supuso haber adquirido la prerrogativaa de una visibilidad mayor. Ella bautizaba ese tránsito del anonimato o un reconocimiento modesto a la condición de figura nacional. Diego Maradona era un adolescente cuando fue invitado a uno de sus almuerzos. Llegó tarde porque quería comprarse un traje, el primero de su vida: cómo iba a estar mal vestido frente a la Legrand.
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Contra los Kirchner
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Miles de personas pasaron por esas veladas. La historia le reserva un lugar especial a los políticos. Carlos Menem era presidente cuando bailó danzas árabes frente a las cámaras. “¿Se viene el zurdaje?”, le preguntó a Néstor Kirchner cuando acababa de ganar las elecciones. Nunca ocultó su rechazo al matrimonio que gobernaría 12 años seguidos. Los opositores a Cristina Fernández de Kirchner asumieron los almuerzos como una tribuna. Uno de ellos, el empresario y alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, la contó como aliada indispensable para llegar al poder en 2015. Javier Milei recibió su bendición la noche en que adquirió el derecho a cenar con ella.
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Si algo ha caracterizado a la señora Mirtha es su ausencia de prurito. Habia invitado a Cris Miró, una travesti que, por primera vez en la historia de la revista argentina, había desplazado del primer lugar escénico a una vedette. Le dijo frente a las cámaras que no sabía si tratarla como mujer u hombre. “Eres muy de izquierda, estás demasiado politizada”, le reprochó a Cecilia Rossetto, una actriz que debió exiliarse en Barcelona durante los años de horror. Su primer esposo formaba parte de la lista de desaparecidos. No han faltado ocasiones en los que Legrand se indignó por medidas económicas de administraciones que había apoyado. Días atrás crtiticó aspectos de la controvertida reforma laboral de Milei. «Si fuera autoridad, estaría muy preocupada con la cantidad de fábricas que cierran, es preocupante», comentó sobre el creciente cuadro recesivo.
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La presentadora festejará su cumpleaños acompañada de 60 invitados, entre ellos su nieta, Juana Viale, quien a veces la reemplaza. En un programa de rumores sobre la farándula se comentó que un exchofer de la diva, de nombre Marcelo, cesanteado y en juicio con su quien había sido su empleadora, tramaba arruinarle la celebración. «Hay un grupo de personas que se están confabulando”.Se proponen manifestarse frente a la mansión en el Barrio Parque de la ciudad de Buenos Aires e impedir la entrada de los invitados. A la Legrand le resulta inconcebible semejante encondo. “Si yo he ayudado a la gente a ser más feliz”.
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