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Moncloa lanza «señuelos» para frenar la sangría

Moncloa lanza «señuelos» para frenar la sangría
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  • Publishedenero 2, 2026



Moncloa se ha convertido desde hace tiempo en una zona de combate ideológico. El núcleo duro del presidente del Gobierno trabaja a diario para revertir una aguda crisis reputacional que la realidad judicial y política no hace más que agravar. Por ello, los máximos asesores de Pedro Sánchez han prescrito «cebos», como los definen varias fuentes influyentes del PSOE, para frenar al PP.

Se trata de una campaña pensada más para el ciclo electoral autonómico que arrancó en Extremadura el 21 de diciembre que para ampliar el BOE. Y todo porque el Ejecutivo carece de la confianza de sus socios parlamentarios habituales para legislar bajo su coordinación ideológica.

La debilidad de Sánchez en el Congreso es un hecho. Las fuentes consultadas en el Ejecutivo señalan que en los próximos meses, coincidiendo con las elecciones en Aragón –en febrero– y en Castilla y León –en marzo–, el Gobierno activará su agenda propagandística en asuntos que los asesores de Sánchez consideran prioritarios, como la vivienda o el transporte, por ser las principales preocupaciones de la sociedad. Los gurús del líder socialista están decididos a que Sánchez y sus ministros sólo hablen de lo que sufren los españoles a diario. El objetivo es cambiar los temas de discusión pública, que ahora tratan de los casos de corrupción y acoso sexual que acechan al principal partido de la coalición. Pero en el PSOE desconfían de la capacidad del Gobierno para revertir la situación.

El revés socialista en Extremadura, donde la derecha arrasó con más del 60% de los votos, se considera en el partido fruto de la «podredumbre» que ha azotado a Sánchez en el último año y medio. Los socialistas lamentan que el presidente sea incapaz de elevar la intención de voto con los resultados macroeconómicos y tenga que recurrir a banderas con las que ondear en las calles o politizar los asuntos de Estado. Sin ir más lejos, Sánchez utilizó ayer, primer día de 2026, cuadragésimo aniversario de la entrada de España en la Unión Europea, como «señuelo» ideológico.

El patrón seguido por los asesores de Sánchez es el mismo que siguieron con la conmemoración del cincuentenario de la muerte de Franco. El presidente, en sus discursos, tiende a atribuir la llegada del sistema de libertades de 1978 exclusivamente al PSOE. La dicotomía en la que Moncloa quiere encerrar a los ciudadanos es «democracia» o «dictadura». Y ahí es donde pretende poner al PP y a Vox.

Todos los esfuerzos del Gobierno son para transmitir al pueblo español que el PSOE es el único partido que protege la libertad y «cuida» a los españoles ampliando sus derechos. En cierto sentido, el Ejecutivo busca reactivar una lógica de polarización moral. No se trata de «izquierda versus derecha» en términos programáticos, sino más bien de «público versus privatizado» y «derechos versus empresas». Así, bajo estas premisas, Sánchez pretende que los progresistas acaben votando al PSOE pese al reguero de escándalos que ha ennegrecido al partido. La mayor preocupación en el laboratorio demográfico del presidente es la abstención. Las fuentes consultadas en Ferraz coinciden en que la mayoría de quienes les votaron en Extremadura en 2023 se quedaron en casa el pasado 21 de diciembre.

Por tanto, estas fuentes admiten que una vez confirmado que no hubo un traspaso considerable de votantes del PSOE al PP, el objetivo es persuadirles para que elijan el mal menor cuando haya elecciones generales. El éxito de la estrategia no dependerá tanto de los anuncios como de una cuestión más profunda: si el electorado progresista sigue viendo al Gobierno como su último dique o ya lo percibe como parte del problema que quería evitar. Los votantes de izquierda son especialmente sensibles a los escándalos de corrupción y moralidad, como los episodios de acoso sexual.

Un PSOE “asustado”

El Partido Socialista, en verdad, está «miedo», según afirman varios de sus dirigentes en conversación con LA RAZÓN. La mayoría teme que su partido se enfrente a un largo viaje por el desierto cuando termine el mandato de Sánchez. En cualquier caso, antes de que los socialistas decidan su futuro, tendrán que luchar por cada voto en las próximas elecciones. Las encuestas no son nada favorables a la candidata de Aragón, la exministra Pilar Alegría, ni al líder de Castilla y León, Carlos Martínez. El equipo de Sánchez admite que el resultado en Extremadura, descontando el efecto del candidato, Miguel Ángel Gallardo -procesado en el caso que afecta al hermano del presidente- es una «llamada de atención» que debe instar a todos en el Gobierno a trabajar juntos. Un aviso a los marineros para quienes, en las últimas semanas, han revuelto el avispero en el partido y en el Gobierno. Algunos ministros y dirigentes socialistas toman posiciones para la siguiente etapa del partido. Tanto Moncloa como Ferraz se han convertido en zonas de alta tensión, donde se producen «cuchillos» entre compañeros. Sánchez, mientras tanto, sigue con sus asuntos.



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