No debe permitirse que la tecnología viole los derechos de las personas
Yolanda Gómez Sánchez, catedrática de Derecho Constitucional, Jean Monnet de la Unión Europea y antigua miembro del grupo de expertos de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea y del Consejo de Estado, dentro de una larga y vasta trayectoria, imparte hoy la conferencia «Los grandes retos de la bioética del s. XXI», en la Escuela de Comercio, a las 19.00 horas. Considera que hay que aunar el avance tecnológico con la protección de los derechos personales y deja claro que hay «no debe permitirse» que ninguna tecnología «viole los derechos» de los ciudadanos. El acto lo auspicia la Fundación Foro Jovellanos y la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI).
[–>[–>[–>¿Cuál es el más urgente desafío de la bioética?
[–> [–>[–>Me he dedicado principalmente a las relaciones entre la bioética y el derecho, el llamado, bioderecho. Las aplicaciones de las más recientes tecnologías obligan a replantearse la protección de los derechos de las personas. Tenemos que aprovechar el potencial tecnológico, pero pedir una regulación que proteja a las personas y sus derechos.
[–>[–>[–>
¿Cómo le nace este interés?
[–>[–>[–>Surgió por el estudio de los derechos de las personas en el ámbito de la salud, en el que la bioética tenía un papel importante en documentos internacionales y nacionales. Tuve después la oportunidad de formar parte del Comité Internacional de Bioética de la Unesco y del Comité de Bioética de España, así como de otros comités donde pude estudiar y comprende mejor la utilidad de la bioética en el análisis, la reflexión y la práctica de problemas concretos.
[–>[–>[–>
¿Cómo se evita que el Derecho llegue siempre tarde a los avances en biomedicina?
[–>[–>
[–>El Derecho puede recoger la reflexión previa que se haya hecho e integrarla en su caso en las normas jurídicas. Bien es verdad, que la evolución de la tecnología y las innovaciones científicas van mucho más deprisa que la elaboración normativa, pero, al final, importa disponer de normas jurídicas garantistas y rigurosas que puedan regular adecuadamente materias muy complejas.
[–>[–>[–>
Como experta en igualdad, ¿existe también una brecha de género en este ámbito?
[–>[–>[–>Sin duda. Hay que seguir trabajando en este campo porque la salud debe atender a todo lo que sea relevante, en la práctica clínica y en la investigación.
[–>[–>[–>
¿Está la Constitución de 1978 preparada para los dilemas éticos y tecnológicos del siglo XXI?
[–>[–>[–>
La Constitución no incorpora previsiones específicas que pudiéramos considerar de naturaleza bioética, como tampoco lo encontramos en otros textos constitucionales.
[–>[–>[–>
¿Ve posible un consenso ético global en temas tan sensibles como la edición genética o el fin de la vida?
[–>[–>[–>
Es difícil afirmar que se pueda conseguir un acuerdo universal sobre estos temas o sobre cualquier otro, pero sí se consigue un consenso amplio que permite crear estándares de protección de la vida, criterios para la investigación, protección de los pacientes y de los voluntarios que participen en ensayos clínicos, por ejemplo.
[–>[–>[–>
La inteligencia artificial ya está en los hospitales ¿Cuáles son las «líneas rojas» que el Derecho no debe permitir que la tecnología cruce?
[–>[–>[–>
No debe permitirse ninguna tecnología que viole los derechos de las personas. El Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea incorpora normas éticas de protección, de salvaguarda de los derechos de las personas. Ese es el camino.
[–>[–>[–>
¿Por qué es vital que estos debates sobre bioética salgan de la academia? ¿Qué idea le gustaría dejar?
[–>[–>[–>
Es importante, porque a todos nos afecta la protección de nuestros derechos. La gente debe saber que ante problemas muy complejos no caben soluciones sencillas, pero que el análisis riguroso y plural es el camino para detectar problemas y para encontrar, con las aportaciones de muchas personas, las mejores soluciones.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí