No podíamos hacer nada, abríamos un expediente y se bloqueaba todo el sistema
La implantación de la historia social única se presentó cómo un “vector de modernización y de innovación de cara a las necesidades presentes y futuras” de los servicios sociales en la región. Una herramienta para cumplir con la nueva normativa estatal que permitiría agilizar los trámites y ofrecer a la ciudadanía un mejor servicio. Hasta ahí la teoría. En la práctica, el nuevo sistema de la Consejería de Derechos Sociales convirtió la tramitación de la dependencia, servicio social crucial ante el envejecimiento de la población, en un túnel de caos del que ocho meses después aún están empezando a salir. Pero los problemas están lejos de darse por olvidados y el próximo cese de contrato de decenas de trabajadores podría volver a complicar una situación ya encaminada.
[–>[–>[–>Entre abril y mayo finalizan los contratos de cerca de 30 personas entre auxiliares administrativos, administrativos y gestores. Es decir, personal que participa en todos los niveles del procedimiento de tramitación, lo que dejará el servicio “prácticamente sin recursos humanos”, advierten los implicados. Los mismos trabajadores que a lo largo de los últimos meses se han encargado de “solventar los problemas de arranque del sistema, aprendiendo sobre la marcha y haciendo que todo funcionara, a pesar de la escasa o nula formación que nos dieron al principio”.
[–> [–>[–>El proceso no ha sido nada sencillo. La jefa de servicio de Atención a la Dependencia reconoció en comisión parlamentaria que llegó a haber un «periodo crítico» de al menos tres meses. “El verano estuvimos prácticamente parados, haciendo muchas cosas manualmente para cuando arrancase el programa poder trabajar”, explica el personal auxiliar administrativo, categoría que sufrirá once bajas en la oleada de contratos que no se renovarán.
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Gran volumen de duplicidades
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Las incidencias se detectaron desde el primer momento. Los auxiliares asumen el primer paso de la tramitación de la dependencia. Es decir, fueron quienes sufrieron el enorme volumen de datos duplicados que se volcaron al sistema. Estas duplicidades están provocadas por errores como la falta de una letra en un nombre o en el DNI. “Este problema se dio principalmente con menores, porque anteriormente no se les obligaba a tener DNI, lo que complicó la gestión de sus expedientes”, detallan.
[–>[–>[–>También se detectaron direcciones erróneas o inexistentes, que tenían que introducirse manualmente por los trabajadores, creando las vías o las unidades poblacionales de acuerdo a los códigos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto se sumó a una falta de permisos de los trabajadores para modificar los datos.
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“No podíamos hacer nada. Abríamos un expediente y se bloqueaba todo porque el sistema no estaba preparado. Además, no podíamos volver al programa anterior y tampoco hubo una versión beta”, relatan.
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[–>Migración de documentos
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Los fallos más graves en el funcionamiento del programa estuvieron relacionados con los documentos migrados. Muchos expedientes archivados aparecían abiertos o con múltiples ciclos activos (conjunto de las etapas o períodos por los que atraviesa la vida del documento). En expedientes antiguos también se detectaron datos incorrectos, como el grado de dependencia.
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Otro fallo se dio con los traslados de expedientes de otras comunidades. Aunque, según los profesionales, “un problema especialmente crítico es que una vez grabada la información en el sistema no puede modificarse, incluso cuando se aporta documentación justificativa (como facturas), lo que bloquea la tramitación”.
[–>[–>[–>Todos estos fallos e incidencias se vieron incrementados por la ausencia de formación adecuada. Los auxiliares administrativos recibieron unos vídeos explicativos, “insuficientes” para todos los problemas que fueron surgiendo por el camino, en los que se detalla más que nada cómo funcionaba la interfaz del programa de gestión de la historia social única.
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“Ahora ya sabemos por dónde tenemos que ir solventando los problemas, qué hacer si te salta un determinado error. Eso se aprende tras haber peleado mucho con el programa e ir probando hasta que dábamos con una forma de ‘engañar’ al sistema”, explican.
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El riesgo de cesar personal
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Por eso, advierten del riesgo que se corre ahora con su cese. “Si se prescinde del personal que ya conoce el programa, los retrasos volverán, y las solicitudes no se tramitarán ni se resolverán a tiempo, afectando directamente a quienes dependen de estas prestaciones”, aseguran. Actualmente, el sistema recibe de media al día unas 150 entradas, de las que un equipo formado por 13 auxiliares consigue abrir unas 120. “A partir de mayo van a quedar solo dos personas, ¿cómo lo van a hacer?”, se preguntan.
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Hace unos meses, los trabajadores firmaron una prórroga para alargar su contrato atendiendo a la situación en la que se encontraba la tramitación de la dependencia. Sin embargo, según les informaron, dicha medida no es válida dado que esas vacantes de nueva creación no pasaron por ningún concurso de traslados. Ahora el final de su contrato es irremediable.
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Mejora de la tramitación
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Los auxiliares reconocen que, en los últimos meses, las medidas puestas en marcha por la Consejería de Derechos Sociales han empezado a funcionar. Todavía quedan pendientes 11.300 entradas, de las que, calculan, entre el 70 y el 85% son solicitudes iniciales o de revisión de la dependencia. Esto equivaldría a unas 7.700 solicitudes pendientes. No obstante, “sigue habiendo muchas duplicidades y el programa debería hacer cosas automáticamente que no hace”.
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La Consejería ha encargado una auditoría para ver qué funciona y lo que todavía está fallando, con el objetivo de contar con un manual que sirva de guía. Y en este proceso los auxiliares administrativos están siendo fundamentales. “Se nos está pidiendo que formemos a otra empresa, para que luego ellos se encarguen de formar a las futuras incorporaciones. Es decir, nos van a cesar a quienes tenemos el conocimiento y la experiencia acumulada, mientras que se espera que otros aprendan de nosotros para seguir con el trabajo”, critican.
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Por tanto, “da igual que nos cesen y que luego metan a 25 personas más porque el problema es el programa. La única solución es que inviertan más en él y lo actualicen”. E insisten: “Es fundamental que se entienda que lo que está en juego son derechos y necesidades reales, no solo números o recursos administrativos. Cada retraso supone días, semanas o incluso meses que las personas dependientes y sus familias no pueden permitirse perder”.
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