Nos gusta pensar que en Luanco empieza la trayectoria de los grandes jinetes
Santiago Núñez (Madrid, 1956) lleva más de una década al frente de la Sociedad Ecuestre de Luanco, entidad que ha consolidado al Concurso Hípico de La Mofosa como una de las grandes citas del verano asturiano. Criador de caballos de deporte en la cuadra Casa’l Capellán, en Gozón, y reelegido presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Deporte Español (ANCADES), es una de las voces de referencia del sector en España. Defensor de la profesionalización de la cría y convencido del potencial económico y social del caballo de deporte para el medio rural, afronta una nueva edición del Hípico con el reto de mantener el prestigio de un concurso que hunde sus raíces en 1950 y que ha sabido combinar la competición con el atractivo turístico.
[–>[–>[–>El Hípico de Luanco está a las puertas de una nueva edición. ¿Con qué objetivos afrontan este año el concurso?
[–> [–>[–>Los objetivos siguen siendo los de siempre: combinar el deporte con un ambiente agradable para quienes nos visitan. Desde hace unos años estamos muy centrados en atraer a jinetes amateur que quieran disfrutar de unos días de competición en Luanco, pero también en la formación. El concurso sirve para que se desarrollen tanto los caballos jóvenes como los jinetes de las categorías inferiores. Hoy en día tienen muy pocas oportunidades de competir sobre hierba y, si algún día quieren estar en las grandes pruebas internacionales, tendrán que hacerlo en este tipo de superficies. Nos gusta pensar que esa trayectoria puede empezar aquí.
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El concurso se mantiene durante décadas como una cita única. ¿Cuál considera que ha sido la clave para conservar ese prestigio?
[–>[–>[–>La acogida ha sido fundamental. Estamos en un lugar muy atractivo, especialmente en verano, y eso hace que venga mucha gente de Madrid o de Castilla y León buscando un clima mucho más agradable para competir. Además, el concurso forma parte del imaginario colectivo. Se celebra desde 1950 y hay familias cuyos abuelos, padres e hijos han venido a competir o simplemente a disfrutar de la hípica. Esa tradición es un patrimonio muy importante.
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Conoce de primera mano la cría del caballo de deporte. ¿En qué momento se encuentra actualmente este sector en España?
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[–>Estamos viviendo un momento muy dulce. Más que crecer en cantidad, hemos mejorado muchísimo en calidad. En Asturias y en toda la cornisa cantábrica contamos con un ecosistema muy favorable, con concursos, criadores, veterinarios y herradores que permiten desarrollar esta actividad. Todo eso tiene su origen en una afición que lleva décadas consolidándose y que ha permitido que de Asturias salgan grandes jinetes y grandes caballos.
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La mejora genética ha transformado el mundo de la hípica en los últimos años. ¿Hasta dónde cree que puede llegar esa evolución?
[–>[–>[–>El deporte sigue siendo el mismo, lo que ha cambiado es la forma de criar. Primero llegaron el semen congelado, después la transferencia de embriones y ahora técnicas mucho más avanzadas como la fecundación sobre ovocitos. Gracias a ello los criadores españoles hemos podido incorporar genética de primer nivel y ya estamos viendo los resultados. España siempre ha sido un país de caballos; ahora también está dando pasos importantes para ser una referencia en la cría del caballo de deporte.
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Asturias cuenta con criadores, jinetes y concursos de gran nivel. ¿Ocupa el lugar que merece dentro del panorama hípico nacional o todavía falta reconocimiento?
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Creo que Asturias está bien representada, tanto por sus jinetes como por sus criadores. Otra cuestión es que la ganadería del caballo de deporte podría convertirse en una alternativa estratégica para el medio rural y, para eso, hace falta un plan. En otros países europeos se han impulsado políticas públicas para favorecer este sector y aquí no existe una estrategia similar. Es una actividad extensiva, genera mucho empleo y además tiene una gran capacidad para fijar población en el medio rural.
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Cada vez se habla más del relevo generacional. ¿Percibe interés entre los jóvenes por dedicarse a la hípica?
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El relevo existe. La mayoría de la gente llega al caballo a través del deporte y eso hace que el entorno esté lleno de jóvenes. Otra cosa es la ganadería, que es una actividad muy exigente porque criar un caballo de deporte requiere muchos años de trabajo y mucha especialización. Ahí sí empezamos a notar cierta falta de relevo, especialmente entre los veterinarios especializados.
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El bienestar animal está cada vez más presente en el debate público. ¿Ha cambiado la forma de entender y gestionar la hípica en este aspecto durante los últimos años?
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En la hípica llevamos décadas hablando de bienestar animal. Quienes criamos caballos queremos lo mejor para ellos porque son deportistas. La competición ha evolucionado mucho y cada vez es más técnica y menos basada en la fuerza. Todos los cambios que se han ido introduciendo en la normativa internacional han ido encaminados a aumentar la protección del caballo. Puede haber personas ajenas a este mundo que no entiendan determinadas prácticas, pero la prioridad siempre ha sido el bienestar del animal.
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Más allá del deporte, el Hípico se ha convertido en un símbolo del verano asturiano. ¿Qué planes tiene de futuro?
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El principal reto es garantizar la continuidad. Cada vez organizar un concurso de estas características exige más medios técnicos, más inversión y más responsabilidades. Nosotros intentamos ser imaginativos y no cargar al Ayuntamiento con gastos que entendemos que tienen sus límites, pero mantener unas instalaciones de este nivel cuesta mucho dinero. A eso se suma la dificultad para encontrar personas que quieran asumir responsabilidades de gestión. Hay mucha gente dispuesta a disfrutar del deporte, pero no tanta a dar un paso al frente para organizarlo. Ese es, probablemente, el gran desafío de futuro.
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