Nos llevará a una guerra civil
Entre las ruinas de una habitación de hotel, apenas han sobrevivido objetos enteros. El colchón se ha descompuesto, con los muelles transformados en armas punzantes. Dos maletas despedazadas han desparramado todo su contenido sobre el gris de los escombros. Ni rastro queda de las paredes. Ni mucho menos de aquellas que les separaban de la brisa fresca que ahora llega con más fuerza desde fuera. El único superviviente del bombardeo israelí que sacudió los cimientos del hotel Comfort, en Baabda, un municipio cristiano a las afueras de Beirut, es una estampita de la Virgen María. Nadie se atreve a moverla. Pertenecía a la recepcionista del establecimiento que, durante la semana, dormía en el primer piso. Desde hace unos días, compartía las horas con una decena de personas desplazadas de distintos puntos del Líbano. Ahora, trata de recuperarse en el hospital.
[–>[–>[–>«Aún no entiendo qué pasó», constata Alain Chibli, el propietario del hotel, a este diario. Atiende a la prensa como un autómata, repitiendo su incomprensión. «Es la primera vez que nos ocurre algo así, y estamos sorprendidos», insiste. El hotel Comfort era un discreto hospedaje a las afueras de la capital libanesa que llevaba 60 años pasando desapercibido, hasta que esta madrugada de martes el Ejército israelí ha decidido convertirlo en el centro de atención con un bombardeo que ha arrasado con su primera y su segunda planta. A lo largo de la noche y del día, los ataques israelíes se han sucedido por todo el Líbano, con especial virulencia en el sur y el este del país y los suburbios sureños de la capital. Al menos 72 personas han muerto y unas 437 han resultado heridas. Pero esta vez la agresión israelí ha ido más allá, alcanzando zonas sin presencia de Hezbolá, como el hotel Comfort, situado en Baabda.
[–> [–>[–>Residentes de los suburbios del sur de Beirut se desplazaron este miércoles a la capital para huir de los bombardeos israelíes. / WAEL HAMZEH / EFE
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«Eran niños y ancianos desplazados»
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Baabda es una ciudad de mayoría cristiana y que cuenta con la presencia de muchas embajadas, incluida la española. A 700 metros del lugar del ataque, que no se ha cobrado ninguna víctima mortal, está el Palacio Presidencial del Líbano. «Esto nos acabará llevando a una guerra civil», defiende Serj, empleado del hotel, a EL PERIÓDICO. La noche del martes, él tenía el día libre. Su compañero, que estaba en el establecimiento en el momento de la agresión, aún no se ve capaz de hablar de ello. «La expansión de los ataques a todo el Líbano nos llevará a una situación de conflicto civil», premoniza. En apenas 48 horas, Israel ha extendido la violencia por distintos puntos del territorio libanés sin relación con Hezbolá. Esta nueva estrategia ha provocado el pánico entre la población, que no se siente a salvo en ningún lado.
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Ninguna de las 15 huéspedes que estaban en el hotel Comfort siguen allí. «Eran todos desplazados, niños y ancianos», explica Chibli. La mayoría ya se habían refugiado allí durante la guerra del 2024. «Controlamos mucho quién se queda aquí, y comprobamos sus identificaciones», añade, señalando que no acogieron a ningún hombre joven chií, más proclives a ser miembros de Hezbolá y poner en riesgo al resto de huéspedes. Más allá de los ataques a las zonas con mayor presencia de la milicia, como el que ha tenido lugar en Baalbek, en el valle de la Becá, que ha matado a ocho personas, incluidas dos niñas, esta noche el Ejército israelí ha ampliado el alcance de su ofensiva contra el Líbano. Antes de golpear Baabda, los aviones de combate israelíes atacaron Aramoun, en el distrito de Aley, y Saadiyat, en Shouf, zonas con mayor presencia drusa. El Ministerio de Salud ha lamentado la muerte de seis personas en los dos ataques, que han resultado en otras ocho heridas.
[–>[–>[–>Evacuación de todo el sur
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Desde el aire, los aviones israelíes aterrorizan a la población libanesa, pero también desde tierra y a través de anuncios oficiales. Por un lado, la evacuación del martes de más de 50 aldeas y ciudades ha permitido a Israel trazar una línea a través del sur del Líbano para ampliar su zona de amortiguación. El Ejército israelí ha lamentado que dos de sus soldados han resultado heridos después de que un misil antitanque fuera disparado en el sur del Líbano. También Hezbolá ha reivindicado varios ataques contra soldados israelíes en territorio libanés después de la aceleración de la invasión terrestre de este miércoles. Medios locales libaneses informan de que un batallón israelí ha ocupado esta mañana el hospital gubernamental de Mais al Jabal en Marjayoun, localidad en el sur del Líbano donde se encuentra la base española Miguel de Cervantes para los cascos azules.
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Por otro lado, los anuncios oficiales que llegan a través del portavoz en árabe del Ejército israelí, Avichay Adraee, empeoran la situación. «A los residentes del sur del Líbano, debe dirigirse inmediatamente al norte del río Litani«, ha declarado esta tarde, exigiendo la evacuación de decenas de miles de personas. Casi 85.000 libaneses ya han sido desplazados de sus hogares y se están refugiando en los cientos de refugios abiertos de forma temporal en escuelas o pabellones. Entre los desplazados internos, hay más de 18.000 niños, según UNICEF. De las decenas de víctimas mortales en menos de tres días, al menos siete son niños. «Ningún niño debería ser asesinado ni sufrir las secuelas físicas y emocionales de la violencia el resto de su vida», ha declarado Marcoluigi Corsi, representante de UNICEF en el Líbano. El Ejército israelí estima que unos 300.000 civiles libaneses han evacuado sus aldeas en el sur del país tras su orden de abandonarlas.
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Columnas de humo se elevan después de un ataque aéreo israelí en Dahieh, un suburbio predominantemente chiita en el sur de Beirut, Líbano, el miércoles. / WAEL HAMZEH / EFE
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Ataques en Israel
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En apenas dos días, las tropas israelíes han atacado más de 250 objetivos de Hezbolá en el Líbano, incluyendo 100 el martes, según han dicho. El grupo chií ha reivindicado 13 ataques contra Israel el martes y ha continuado lanzando proyectiles y drones kamikaze hacia ciudades israelíes, como Tel Aviv o Haifa. Al mediodía, ha llevado a cabo una serie de ataques simultáneos con drones kamikaze contra la base de Tel Hashomer, a 120 kilómetros de la frontera, la base naval de Haifa y la base de Ramat David con un escuadrón de drones suicidas. En Israel, no ha habido víctimas mortales ni apenas daños, ya que muchos de estos lanzamientos son interceptados antes de que impacten. En cambio, en el lado libanés de la frontera, cientos de infraestructuras han sido dañadas o directamente evaporizadas con la brutalidad de las bombas israelíes.
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Desde el impacto de una de ellas en el hotel Comfort, sus trabajadores se han puesto manos a la obra para retomar un espejismo de normalidad. El acceso al hotel está despejado, con los cristales rotos barridos hacia un lado. Un grupo de chicos jóvenes se dedican a asegurar la estructura del edificio. «No somos gente política; estamos muy lejos de Hezbolá», constata Chibli, aún intentando comprender el porqué de su tragedia. Desde los balcones de las viviendas adyacentes, sus residentes lanzan con parsimonia y resignación los objetos quebrados al vacío. Enfrente, otro hotel instala nuevas ventanas y puertas. Los libaneses no se paran a lamentarse. «Como pueblo de este país, estamos cansados de que haya guerra tras guerra en nuestra tierra; de verdad, queremos descansar», implora el dueño del hotel Comfort, con claridad.
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