ORIENTACIÓN PALOMAS | Descubierto el secreto de las palomas para orientarse: tienen ‘sensores’ en el hígado alineados con el campo magnético terrestre
Suena a teoría de la conspiración pero no lo es. Un equipo internacional de investigadores ha logrado desvelar el secreto mejor guardado de las palomas y desentrañar, de una vez por todas, la estrategia que utilizan estas aves para orientarse en el mundo y recorrer grandes distancias sin perder el rumbo. La respuesta, publicada este jueves en la revista ‘Science’, resulta tan inesperada como fascinante. Un curioso estudio liderado por científicos del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal sostiene que estas aves llevan en su hígado unas células capaces de detectar el campo magnético terrestre y utilizarlos como una especie de GPS biológico para saber hacia dónde volar. El hallazgo, afirman los expertos, podría revolucionar nuestra comprensión de la navegación animal, ya que se trataría de la primera prueba sobre la existencia de «sensores magnéticos» para guiar el movimiento de las aves.
[–>[–>[–>Los científicos descubrieron que el hígado de estos animales concentra enormes cantidades de hierro almacenado en unas células inmunitarias que son «extremadamente sensibles al campo terrestre»
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La comunidad científica lleva años estudiando el increíble sentido de orientación de las palomas, una especie que durante décadas fue utilizada como ‘mensajera’ para llevar información a distancias de más de 1.000 kilómetros. Hace tiempo que se barajan hipótesis sobre una posible conexión de estos animales con el campo magnético terrestre pero ninguna se había podido comprobar científicamente.
[–> [–>[–>Hasta ahora. Un equipo liderado por la investigadora Clivia Lisowski, de la Universidad de Bonn, se ha centrado en realizar un análisis exhaustivo del cerebro, los ojos, el pico, el bazo y el hígado de las palomas cerebro, los ojos, el pico, el bazo y el hígado. Fue ahí cuando, para sorpresa de todos, los científicos descubrieron que el hígado de estos animales concentra enormes cantidades de hierro almacenado en unas células inmunitarias llamadas macrófagos. Los análisis demostraron que ese hierro forma «diminutas nanopartículas magnéticas» que son «extremadamente sensibles al campo terrestre».
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Experimento de orientación
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Para comprobar el rol de estas células, los científicos entrenaron a varios grupos de palomas para recorrer largas distancias y después regresar a su aviario. Un grupo lo hizo en condiciones naturales mientras que el otro, por el contrario, fue intervenido para eliminar la presencia de estas células ricas en hierro de sus hígados. ¿El resultado? Según reportan los investigadores, las aves del segundo grupo que habían perdido estos ‘sensores magnéticos’ naturales no consiguieron orientarse con la misma facilidad que sus compañeras.
[–>[–>[–>Este efecto fue especialmente notable en los días nublados, ya que, en ausencia de sol, los animales perdían un punto de referencia clave para controlar su recorrido. «Nuestros resultados revelan un mecanismo de percepción magnética en animales hasta ahora desconocido», afirma el profesor Christian Kurts, director del Instituto de Medicina Molecular e Inmunología Experimental del Hospital Universitario de Bonn, quien ha codirigido este trabajo.
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«Nuestros resultados revelan un mecanismo de percepción magnética en animales hasta ahora desconocido»
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Los autores del estudio creen que estas células hepáticas funcionan como pequeños sensores capaces de «reaccionar físicamente al campo magnético de la Tierra» y transmitir esa información al cerebro a través de fibras nerviosas cercanas. En el marco de esta investigación, de hecho, los científicos realizaron pruebas mediante microscopía electrónica y mostraron que los macrófagos ricos en hierro se encuentran muy próximos a terminaciones nerviosas del hígado de estos animales, lo que podría explicar cómo las señales magnéticas terminan convirtiéndose en información útil para su orientación y navegación.
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[–>«Lo que parece una intuición en la orientación de las aves podría tener en realidad una base física», explica Martin Wikelski, director del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y coautor de la investigación, quien afirma que este hallazgo abre la puerta a replantear cómo otros animales perciben el mundo que les rodea.
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