OSASUNA – REAL MADRID | El Real Madrid vuelve a las andadas en Pamplona y devuelve la iniciativa al Barça
De penalti, porque quien a hierro mata a hierro muere, nació el primer pinchazo del Real Madrid de Arbeloa en Liga. Con el descuento ya cayendo a plomo, porque quien a hierro mata a hierro muere, se confirmó el trastazo blanco en El Sadar. Osasuna le robó la liturgia al todavía líder para descarrilar la curva ascendente que venía dibujando y el devolver al Barça la iniciativa del campeonato: volverá a la proa liguera si gana mañana al Levante.
[–>[–>[–>A estas alturas empieza a quedar claro que esta Liga no la ganará el mejor, sino el que menos errores cometa. Y el Madrid, pese a la racha de ocho victorias consecutivas que arrastraba hasta este fin de semana, es un compendio inagotable de carencias futbolísticas. A veces, el talento individual alcanza para enmascarlas. En Pamplona, ante un rival al alza, no fue el caso.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Fue otra vez ese Madrid sin más plan que el de confiar en que los goles llegarán en algún momento, ese equipo carente de imaginación y consistencia que puede ganar o perder, pero que no emociona. Y Osasuna, con muchos menos argumentos individuales, tiene como prioridad emocionar. Normalmente no sirve con eso. Esta vez sí.
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Arbeloa tomó una decisión cuya temeridad quedó confirmada por el paso del tiempo. Presentó en Pamplona una defensa con dos futbolistas veteranos y fuera de forma por su inactividad, Carvajal en el lateral y Alaba en el centro. Una apuesta de riesgo contra un rival que busca el desborde por las bandas para buscar la referencia de Budimir en el juego aéreo.
[–>[–>[–>Por allí llegaron las acciones de peligro del equipo de Lisci, aunque el mayor problema del Madrid fue el ya conocido, la dificultad para sostener el balón con criterio y trenzar posesiones largas. Con Güler difuminado, la presión osasunista forzaba a los blancos a desplazamientos en largo que Mbappé no alcanzaba y a los que Vinícius no era capaz de dar continuidad.
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El campo se fue inclinando hacia la portería de Courtois, que hizo el paradón de cada día antes de cometer penalti. En primera instancia, el árbitro amonestó a Budimir por simulación, pero el paso por el VAR le hizo recapacitar al ver el claro pisotón del portero belga. El propio ariete croata transformó el lanzamiento en el primer gol de la tarde.
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[–> [–>[–>[–>El Madrid sólo empezó a escapar de la telaraña rojilla cuando el carrusel de cambios animó a los locales a replegar más y presionar menos. Era obvio que Osasuna no podía resistir el ritmo y la concentración de los 90 minutos y eso lo aprovechó el equipo de Arbeloa para respirar y construir. Más lo primero que lo segundo.
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Por pura insistencia, casi por inercia, se fue acercando a la portería de Herrera. Mbappé marcó su gol de casi siempre, pero en fuera de juego. Poco después, en una conducción frontal de Valverde de esas que tanto añora el Madrid en los últimos tiempos propició un centro raso al área pequeña. Allí apareció Vinícius, recuperado su duende, para anotar su séptimo gol desde que arrancó el año.
[–>[–>[–>Budimir celebra su gol de penalti ante el Real Madrid. / Jesús Diges / EFE
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A partir de entonces, el Real Madrid relajó su marchamo. Como si fuera ganando y no empatando. Víctor Muñoz, canterano blanco, estiró a Osasuna y le devolvió la competitividad y el filo. El equipo de Arbeloa pareció descartar como posibilidad que Osasuna le pudiera marcar otro gol. Se relajó. Lo pagó caro.
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Se acercaba el descuento cuando Raúl García de Haro burló a Asencio en el área y batió a Courtois. Fuera de juego, dijo el árbitro. Lo confirma el VAR, explicó después. Ah, no, espera, déjame un momento, que el VAR dicen que sí que es gol. Y entonces, fuego en El Sadar, radiante por la formidable victorias de los suyos. El luto en un Real Madrid de vuelta a las andadas.
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