PALACIO LLANES BUROCRACIA | La burocracia ahoga a los nuevos propietarios del palacio de los Uría de Celoriu: «Llevamos siete meses para que nos den la luz, esto en Castilla y León no pasa»
la familia Gutiérrez-Beltránde BurgosLlevaba varios años pasando los veranos en Llanes y desde hacía mucho tiempo rondaba por la mente de sus integrantes la idea de comprar una casa en la zona. Buscaron portales inmobiliarios y vieron varias propiedades, en parresen Pancar…Un día vinieron a ver varias propiedades y les convenció una mansión histórica, conocida como el palacio de los Uríaen Celoriu (Llanes), donde el Rodrigo Uríapadre e hijo, dos de las mayores autoridades del derecho español, y su familia. Lo que no sabían era la cantidad de problemas que se iban a encontrar: «No éramos conscientes de en lo que nos estábamos metiendo».
«Siempre hablamos de comprar algo en esta zona. Nos encanta», explica uno de los dos compradores que habló con este periódico, que no quiso dar sus nombres, pero consintió en que apareciera el apellido de la familia. Antes de comprarla, no podían ver gran parte de la casa, porque tanto la propiedad como el edificio estaban literalmente cubiertos de vegetación. «Estaba todo tan superado que no lo veíamos bien. No había acceso. Era todo zarzas», una jungla.
Verano «por turnos»
Decidieron arriesgarse y lo compraron. La operación se formalizó en noviembre. El plan parecía sencillo: adquirir la propiedad entre todos los miembros de la familia y disfrutarla por turnos, «una especie de tiempo compartido». Pero lo que vino después no fue exactamente un paseo por la playa.
La propiedad, de casi 10.000 metros cuadrados y con una casa de 900 metros cuadrados, escondía un estado de conservación más propio de una aventura que de una típica transacción inmobiliaria. El primer problema llegó tras eliminar la vegetación que estaba «comiéndose» el inmueble: el edificio era mucho más grande de lo que pensaban. «No éramos conscientes de su tamaño», afirma otro copropietario.
Saqueados por «okupas»
Pero la casa no sólo los superaba en escala, sino que además se encontraba en mal estado en muchas de sus estancias: había sido saqueada por «okupas» y se observaban filtraciones de agua en el techo. La buena noticia fue que la planta baja estaba bien conservada y era habitable: «Era bueno, ordenado, vivir allí». Pero los contratiempos apenas habían comenzado: no tenían electricidad ni acceso por carretera «legal» a la propiedad. Todavía no tienen ni lo uno ni lo otro.
El acceso vial fue «robado» al inmueble por las obras en las rotondas Celoriuque no respetaron la entrada, ni reconstruyeron los muros. Nadie ha podido darles explicación de cómo es posible que la Administración autonómica haya dejado un inmueble sin el acceso rodado que siempre tuvo.
«Esto no es normal»
Los esfuerzos para resolver este problema hasta el momento han sido infructuosos. Ni el Ayuntamiento ni el Principado Los han escuchado. Son todos largos. No se dan por vencidos. Pero la falta de acceso no es el único dolor de cabeza burocrático. Porque tampoco tienen luz.
«Tardamos siete meses en tener luz», se quejan comparando la situación con su experiencia en Castilla y León: «Esto no sucede allí. No es normal.» Califican de «imposible» hablar con el proveedor de agua. Mientras tanto, los trabajadores que trabajan en la rehabilitación se ven obligados a utilizar un generador para obtener energía.
Multado
En su afán por empezar a trabajar en la finca, la familia añadió algunos escombros para que un vehículo pudiera ingresar por una de las rotondas. La solución provisional les costó una multa, que decidieron no recurrir y que ya pagaron. La Administración ni lo hace ni lo deja hacer.
Pese al cóctel de adversidades, los nuevos propietarios se mantienen firmes en su intención de no alterar la esencia del edificio. «Vamos a respetar la casa, no se va a tirar nada», dicen conscientes de su valor histórico. «Tiene una escalera impresionante», destacan, como símbolo de un patrimonio arquitectónico que aspiran a preservar mientras navegan por un laberinto de trámites que amenazan con convertir un sueño familiar en un ejercicio de resistencia. Visitan la finca casi todas las semanas para comprobar el avance de las obras. Sus principales deseos ahora son que se les «devuelva» el acceso a las carreteras y la electricidad.
Refugio de vacaciones
Durante un tiempo, la finca estuvo en venta. Una promotora lo adquirió para vaciar el edificio y acondicionar apartamentos, pero quebró y una inmobiliaria lo volvió a poner a la venta. Durante décadas, el edificio fue refugio vacacional de una de las sagas más influyentes del derecho español, la Rodrigo Uríapadre e hijo y su familia.
el padre, Rodrigo Uría Gonzáleznació en Oviedo en 1906 se licenció en Derecho por la Universidad de Asturias, se doctoró en Madrid y completó su formación en Alemania y Italia. Fue profesor en la Universidad de Salamanca y en el Complutense de Madridy fundó el bufete de abogados en 1946. Uría Menéndezuno de los más prestigiosos de Españaque tiene oficinas en lugares como Londres, Pekín, Nueva York cualquiera Ciudad de México. Entre otros muchos premios recibió el «Príncipe de Asturias» de Ciencias Sociales en 1990. Falleció en 2001.
el hijo, Rodrigo Uría Meruéndanoaunque nació en MadridEra un militante asturiano y, como su padre, siempre que podía se acercaba Celoriu. Se incorporó a la firma en 1973. Uría Menéndezque bajo su dirección, a partir de 1978, registró un crecimiento imparable: actualmente cuenta con más de 600 abogados y está presente en una decena de países, entre ellos EE.UU, Reino Unido, Brasil, Bélgica, México cualquiera Argentina. Recibió múltiples distinciones, entre ellas la de «Asturiano del mes» LA NUEVA ESPAÑA en junio de 2004. Murió en 2007.
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