pastor y nómada en la Irán pobre, durmió en la calle antes de firmar el paradón del Mundial
Alireza Beiranvand Levanta su mano derecha y vuela hacia el bastón, como si alargara toda una vida con un solo gesto. la bola de De Cuyperpretendía romper el empate contra Bélgica (0-0), se pone los guantes del iraní y vuelve a la historia reciente de Copas del Mundo.
Adentro Estadio Sofi de Los Ángelesla imagen es la de un portero veterano que domina su oficio. Pero detrás hay una historia que comienza lejos de las luces del estadio moderno de la NFL y de cualquier alfombra roja.
Beiranvand nació en 1992 en Sarab-e Yasen la provincia de Lorestánen el oeste de Irán, dentro de una familia nómada dedicada al pastoreo. Pasó su infancia mudándose constantemente, cuidando ovejas y ayudando a sostener una precaria economía familiar.
El fútbol apenas fue un entretenimiento tolerado, nunca una posible salida profesional. Su padre, un ministro, esperaba que siguiera la tradición y desaprobaba cualquier intento de tomarse el juego demasiado en serio.
El chico que tiraba piedras en la cancha para matar el tiempo empezó a colarse en los partidos locales, primero fuera de posición, como delantero, luego bajo los palos, donde su tamaño y reflejos marcaban la diferencia.
Pero cada paso hacia el fútbol chocaba contra el mismo muro: en casa necesitaban un trabajador, no un portero. La tensión familiar aumentó hasta el punto de que, según el propio Beiranvand, incluso le rompieron los guantes y el equipo para disuadirle.
Ante ese bloqueo, tomó una decisión radical: se marchó muy joven a Teherán, casi sin dinero en el bolsillo y sin ninguna garantía de que un club le abriera las puertas. En la capital iraní le esperaba otra forma de exposición.
Acepta trabajos precarios (lavado de coches, repartidor de pizzas, camarero, barrendero) para poder comer mientras realiza exámenes y formación. “Llegué con muy poco dinero y tuve que aceptar cualquier trabajo para sobrevivir”, recordó en entrevistas.
Durante este período durmió varias noches en la calle y cerca de instalaciones deportivas, esperando una oportunidad.
Esta oportunidad finalmente llegó de la mano de un club modesto, Naft Tehran, que lo integró en sus categorías inferiores antes de ascenderlo al primer equipo.
Debutó en la liga iraní en 2011 y a partir de ahí su progresión fue firme: fichó por el poderoso Persépolis, dio el salto al fútbol europeo con Amberes y Boavista, y volvió a casa para seguir creciendo como figura de la Pro League.
Alireza Beiranvand, portero iraní, durante el Mundial.
EFE
Al mismo tiempo, se está consolidando en la selección nacional: está en Rusia 2018donde salvó un penalti cristiano ronaldorepitió en Catar 2022 y se consagró en este Mundial 2026 como líder del vestuario iraní.
Un hito mundial
La biografía de Beiranvand encaja bien con el tipo de héroe que aparece a menudo en los Mundiales: alguien cuya historia personal resume las tensiones de su país.
Proviene de un Irán rural y pobre, marcado por desigualdades territoriales, y ha experimentado trabajos invisibles en un Teherán que devora a quienes llegan sin red.
El momento exacto de la parada de Beiranvand contra Bélgica.
Reuters
Que hoy se convierta en protagonista de una velada mundialista contra Bélgica, una selección asentada en la élite europea, casi funciona como un shock de realidad. Su parada ante De Cuyper, que mantiene el 0-0 y mantiene vivo a Irán en el grupo, es también un guiño a este pasado de resistencia.
Para llegar a esa mano alta y firme, hubo muchas otras manos antes: las que empujaban un balde de agua en un lavadero de autos, las que barrían las calles al amanecer, las que cargaban cajas de comida rápida.
Hoy, en las postales que dan la vuelta al mundo, sólo vemos unos guantes muy blancos volando hacia la esquina. Todo lo demás está fuera de cámara, pero precisamente por eso este robo es tan importante.
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