Patriotismo, partidismo y política exterior
La importancia de la política exterior ha crecido en un contexto internacional cada vez más incierto. La guerra de Ucrania, la de Gaza, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y sus intervenciones en Venezuela e Irán han configurado un escenario en el que las decisiones exteriores tienen un impacto creciente en la política interna y cada vez más son fuente de división y de cálculo estratégico.
[–>[–>[–>Para el PSOE, recuperar el «No a la guerra» no es solo simbólico, sino una forma de reforzar su posición exterior e interior: oponerse a decisiones unilaterales, apelar al derecho internacional y preservar capacidad de decisión, incluso marcando distancia con aliados tradicionales. Con ello, Sánchez busca proyectarse como alternativa a liderazgos como el de Trump, reforzando una imagen de autonomía y respeto a las reglas internacionales. Sin embargo, su aplicación de estos principios no es uniforme, sino que varía según el contexto, como se evidenció en el cambio de posición sobre el Sáhara Occidental, adoptado sin consenso interno y en línea con la postura previamente asumida por Estados Unidos.
[–> [–>[–>Vox, en cambio, con Trump, y no solo respecto a Irán, asume que en un contexto más polarizado apenas hay margen para la ambigüedad y que el interés nacional se defiende mejor desde posiciones claras en alianzas definidas. Sin embargo, esta lógica plantea contradicciones. Su pertenencia a Patriots, en sintonía con ese entorno político, introduce tensiones en el contexto europeo: conviven partidos con intereses diversos, a veces alejados de los españoles y de los equilibrios de la UE. Si el patriotismo implica priorizar los intereses propios, esa alineación obliga a asumir posiciones que no siempre encajan con ellos ni con el marco europeo.
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Por su parte, el PP, defiende ser un socio fiable y evitar movimientos que generen incertidumbre, tratando de evitar la confrontación constante. En esa línea, su «No a la guerra» combina la crítica al Gobierno de Sánchez con el mantenimiento del vínculo atlántico. Sin embargo, su postura ha evolucionado hacia un tono cada vez más crítico con la intervención en Irán, aun sin cuestionar abiertamente a Estados Unidos, aunque su credibilidad en este terreno siga condicionada por el precedente de la guerra de Irak.
[–>[–>[–>Lo curioso es que, pese a las diferencias, todos apelan al patriotismo. Para el Gobierno, tiene que ver con la autonomía y con ciertos principios; para Vox, con la claridad en las alianzas; para el Partido Popular, con la fiabilidad y la continuidad. El problema es que, la política exterior se ha ido llevando al terreno partidista, especialmente por parte de PSOE y Vox, dificultando los consensos imprescindibles para dar estabilidad. Por ello, el único patriotismo posible en este ámbito pasa por la capacidad de construir posiciones compartidas y sostenidas en el tiempo, recuperar su carácter de política de Estado y evitar que la política exterior derive en confrontación partidista.
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