POLÍTICA MIGRATORIA TRUMP | La mano dura de Trump en la frontera recrudece el tráfico de personas: cruzar es más caro y más peligroso
Juan, venezolano residente en Allen, Texas, había conseguido permiso de residencia temporal y estaba tratando de regularizar su situación. Pero, mientras tanto, no podía salir de EEUU: si lo hacía, se consideraba «abandono del caso». El problema es que, en diciembre, Juan debía renovar con urgencia su documentación venezolana, imprescindible para seguir el proceso. A su país no podía volver, y la embajada y los consulados venezolanos siguen inoperativos en EEUU desde la ruptura de relaciones en 2019.
[–>[–>[–>La embajada venezolana en EEUU solo da una alternativa: «Procesar servicios consulares en la Embajada de Venezuela en Canadá o México», se lee en su web. Así que Juan siguió el consejo. “El chico necesitaba hacer ese trámite y la única opción que vio fue pagar a un pollero para que le llevara a México y luego de vuelta a EEUU», cuenta a EL PERIÓDICO Daniel Soto, enfermero que atendió a Juan (nombre ficticio, para proteger su anonimato) en un albergue para migrantes en la zona fronteriza de Ciudad Juárez. Aquí, pollero es el que cruza a migrantes (a los que llaman pollos) de un lado a otro. Como si fueran mercancía, carnaza.
[–> [–>[–>Ante la represión migratoria de este segundo mandato de Trump, las mafias de tráfico de personas simplemente han adaptado su negocio. Con más patrullas y tecnología de hipervigilancia, los cruces deben ser más clandestinos y, por tanto, más peligrosos. Pero quien necesita cruzar, lo sigue haciendo; y quien ofrece estos servicios, sube el precio. Si en la década de los 2000 costaba entre 1.000 y 3.000 dólares, para cuando Trump llegó al poder en 2017, ya estaban pidiendo hasta 8.000, según datos del Foro Económico Mundial. Ahora, el coste asciende a entre 10.000 y 20.000 dólares. De lo que no hay cifras es de cuántos lo consiguen y cuántos pierden la vida.
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Juan consiguió cruzar a México con el pollero, llegar a la capital para el trámite y pagar de nuevo para regresar a Texas. «Pero fue en ese último trayecto cuando fue secuestrado», cuenta Soto. Nadie quiere contar su historia en primera persona: todos temen por su seguridad. Este enfermero, que también es venezolano, ha encontrado muchos casos como este en el último año, desde el regreso de Trump.
[–>[–>[–>Daniel Soto encontró a Juan «vagando por Ciudad Juárez, pidiendo estancia en albergues para migrantes», recuerda. Le habían soltado ahí tras tres días secuestrado, y le robaron los 10.000 euros que había pagado por el viaje de vuelta. Pero Juan solo pensaba en regresar a su casa en Texas, donde había establecido hasta su propio negocio. El enfermero trató de disuadirle, el viaje tiene peligro real de muerte. Pero Juan lo tenía claro.
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Los que no puede esperar
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«Por supuesto que se sigue cruzando. La migración no se detiene. Han bajado las detenciones en frontera, pero lo que no ve la autoridad, sigue pasando», explica a este diario Guadalupe Correa-Cabrera, investigadora de la Universidad de Texas en Rio Grande Valley. Y puntualiza: «Siempre existen entradas que controla el crimen organizado, pero el riesgo es enorme, y los precios han subido impresionantemente».
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[–>Desde que Trump terminara con el programa de petición de asilo, los que siguen queriendo cruzar son los que no ven otra salida. «El incentivo ha desaparecido», explica Correa-Cabrera, pero persisten los casos de reunificación familiar, urgencias médicas, trámites, accidentes: «Si tu madre se te enfermó y te quieres despedir, no hay otro modo: vas a pagar. Eso no lo puedes negociar».
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Falso servicio premium
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Si bien el pastel a repartir es más pequeño, en la red de tráfico humano nadie está dispuesto a sacar menos beneficio. Para continuar con su estatus, las mafias deben ganar más con cada cruce. Y como los servicios del pollero o coyote están menos demandados, estos han pasado a venderlo como un servicio personalizado, para justificar el incremento de coste.
[–>[–>[–>«Cada vez son menos las personas que van con cada guía. Una o dos, como mucho», dice Correa-Cabrera. En parte, matiza, tiene sentido porque hace 10 años se podían ver fácilmente grupos de 50 o 100 migrantes. Ahora, es más difícil pasar desapercibidos con helicópteros y drones que sobrevuelan la zona fronteriza.
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Pero lejos de tratarse de un servicio ‘premium’, la sobrecarga del precio corresponde a la nueva tarifa del riesgo asumido. «No tiene que ver con más comodidad; tiene que ver con que es más difícil para mí», asegura Lizbeth Guerrero, directora de la organización Apoyo a Migrantes Venezolanos en México. «Ahora hay más controles, es mucho más complicado; la misma cosa te va a costar más dinero», añade.
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Por un lado, porque los grupos tienen que dar rodeos mayores que las rutas habituales. Pero también para saciar a una mayor red de corrupción. Más puntos de control implican más mordidas (sobornos) en el camino a EEUU, y todos han subido su precio: «Si antes un contacto recibía un 10%, ahora quiere un 20%», puntualiza. Y los pasos fronterizos están en manos de unos pocos.
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Fotografía proporcionada por el Departamento de Seguridad Pública de Texas (DPS Texas) que muestra a los 23 inmigrantes indocumentados que fueron encontrados en la cabina de descanso de un camión durante una parada de tráfico de la Operación Lone Star en el condado de La Salle en Texas (EE.UU.). / DPS Texas / EFE
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Reintento por 5.000 dólares
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Son muchos los migrantes que consiguen entrar no a la primera, sino a la segunda, tercera o más. Antiguamente, algunos compraban ‘paquetes’ con derecho a más de un intento. Por eso, EEUU hace los retornos en caliente a zonas cada vez más alejadas y que complican la reincidencia, así como el regreso a casa en otros países. Ahora, un reintento son 5.000 dólares extra, según estiman organizaciones humanitarias locales.
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Hace tiempo que los vuelos de deportación llevan a los migrantes retornados a México a más de 3.000 kilómetros de la frontera con EEUU, a ciudades como Villahermosa (Tabasco) o Tapachula (en Chiapas, considerada ‘capital migratoria’). Ambas urbes han desarrollado cierta infraestructura humanitaria y están conectadas a redes de transporte. Pero ahora, los vuelos van a aeropuertos menores, a lugares todavía más remotos por su geografía. Como Palenque, una ciudad pequeña, enfocada al turismo, que queda saturada. Las tensiones que se generan con la población local tampoco son casualidad sino parte de la disuasión, y multiplica la vulnerabilidad en el camino.
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Trump como acelerador
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«La gente tiene miedo», concluye Correa-Cabrera. Cruzar es más caro, más difícil, más letal. Pero la necesidad que empuja a cruzar no desaparece. Y lo seguirán intentando.
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Daniel Soto, el enfermero de Ciudad Juárez, trató de contactar con Juan para este reportaje. Pero desde que le perdió la pista en diciembre, no responde a mensajes ni llamadas. «Desconozco si el chico lo logró», suspira.
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