¿Por qué los incendios forestales en el Ártico amenazan el equilibrio energético, climático y ecológico del planeta?
Los incendios forestales tienen efectos negativos duraderos en zonas con nieve estacional, tanto en la capa nivosa como en las reservas de carbono. En el Ártico, la superficie quemada aumentó significativamente entre 1982 y 2018, mientras que la duración de la capa de nieve disminuyo de forma alarmante. El futuro no es nada halagüeño: la superficie quemada podría multiplicarse por 2,6 y la duración media anual de la capa de nieve podría disminuir en casi 18 días en lo que resta de siglo, en comparación con el promedio histórico.
[–>[–>[–>La relación entre ambos fenómenos ha quedado demostrada en un estudio científico internacional: los incendios forestales, exacerbados por el calentamiento global, retrasan la formación de la capa de nieve, por la reducción del albedo (porcentaje de la radiación solar reflejada) y al aumento de la temperatura inducidos por el fuego.
[–> [–>[–>Esta alteración tiene profundas consecuencias para el equilibrio energético, climático y ecológico del planeta, para el ciclo hidrológico y para los ecosistemas, según la investigación, liderada por la Universidad Politécnica de Hong Kong, auspiciada por la ONU, dirigida por Shuo Wa y publicada en ‘Nature Climate Change’.
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Inteligencia artificial
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La nieve en el Ártico actúa como un espejo, reflejando la radiación solar hacia el espacio y manteniendo fría la superficie terrestre. La fusión de la nieve es, además, una fuente crucial de agua dulce. Cualquier anomalía en su formación o desaparición, como un retraso en la acumulación o un deshielo prematuro, puede «intensificar el calentamiento, afectar a los recursos hídricos y reducir la productividad de los ecosistemas forestales y su capacidad para secuestrar carbono, impactando así la biodiversidad global», alertan los autores.
[–>[–>[–>El círculo vicioso provocado por los incendios en el Ártico. / Universidad Politécnica de Hong Kon
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«El calentamiento global ha intensificado los incendios forestales en el Ártico, haciéndolos cada vez más frecuentes, de mayor escala y, en algunos casos, más intensos. Un ejemplo: en 2023, Canadá experimentó incendios récord, con más de 182.000 kilómetros cuadrados quemados, casi el doble de la superficie de Castilla y León y casi 10 veces el área promedio anual quemada en los últimos 40 años.
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El equipo compiló datos de teledetección por satélite del área quemada y de las fechas de inicio y fin de la cobertura de nieve en el Ártico entre 1982 y 2018. Con el añadido de una serie de factores climáticos y la ayuda de un modelo de inteligencia artificial, los datos satelitales indicaron una correlación clara: a medida que aumentaba el área quemada en el Ártico, la duración de la nieve disminuía. Entre 2001 y 2018, la cobertura de nieve duró en promedio 205 días, diez días menos que en el período 1982-2000.
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[–>Carbono negro
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Utilizando además proyecciones del modelo climático, descubrieron que, bajo un escenario de altas emisiones, el área anual quemada en el Ártico podría multiplicarse por 2.6 para el año 2100, mientras que la duración de la nieve podría reducirse a unos 130 días, aproximadamente 18 menos que el promedio histórico de 1950 a 2014.
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El análisis mostró que, en el primer año siguiente a un gran incendio, la fecha de inicio de la nieve se pospone más de cinco días en comparación con el promedio de los tres años previos al fuego. Y a mayor área quemada, mayor es el retraso.
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Un barco en el Ártico. / Pixabay
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El mecanismo físico subyacente identificado por el equipo es la deposición y persistencia de carbono negro en el suelo tras los incendios. Este residuo oscuro reduce el albedo de la superficie, aumentando así la absorción de radiación solar. Esta energía adicional eleva la temperatura del suelo y del aire cercano, lo que suprime la acumulación efectiva de nieve y, en última instancia, retrasa su formación.
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Un bucle de retroalimentación
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«Los incendios forestales alteran las propiedades de la superficie en el Ártico y acortan posteriormente la duración de la capa de nieve regional», apunta el profesor Wang, quien alerta sobre un ciclo de retroalimentación peligroso: «La reducción de la capa de nieve perturba aún más el balance de energía de la superficie, prolonga la exposición del terreno y conduce a superficies más cálidas y secas, lo que crea condiciones favorables para un inicio más temprano y una mayor propagación de incendios. Este bucle de retroalimentación subraya la vulnerabilidad de los ecosistemas árticos a los impactos climáticos en cascada«.
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Las implicaciones de estos hallazgos trascienden la región ártica. Una temporada de nieve más corta afecta no solo a esa zona del planeta, sino también a regiones con limitaciones hídricas, pudiendo inhibir la recuperación de la vegetación tras un incendio y prolongar sus efectos durante décadas, exponen los autores del estudio.
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Derretimiento del hielo en el Océano Ártico. / EFE / Morven Muilwijk
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El equipo de investigación prevé que estos hallazgos no solo proporcionan evidencia sólida para predecir el futuro ciclo hidrológico y la dinámica climática del Ártico, sino que también ofrecen «orientación científica para evaluar la resiliencia del ecosistema y formular estrategias efectivas de adaptación climática para ayudar a mitigar el efecto en cadena del cambio climático«.
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