PREMIOS GOYA 2026 | Luis Tosar, un hombre debajo de un par de cejas
«Pensé que nunca haría de protagonista con estas cejas y estos dientes», solía pensar Luis Tosar de adolescente cuando se miraba en el espejo (y esa oreja derecha, con el lóbulo medio dañado, no se te olvide, Luis). Eran los años 80, y el de Lugo era otro más de los miles de chavales que no tenían demasiada idea de lo que querían hacer con su vida. Breakdance, meterse en los Grupos de Operaciones Especiales de las Fuerzas Armadas… Así de despistado estaba. No ayudaba vivir en un barrio de caminos de tierra poblados por «mucho quinqui».
[–>[–>[–>Su profesora de Literatura y Teatro en el instituto, Marisa, vio algo en él: aquel chaval que siempre vestía de negro y había nacido un día 13 venía de otro colegio y se había incorporado a uno que poco antes era femenino, por lo que sólo circulaban por allí 50 chicos frente a 2.000 chicas. Para colmo, su único amigo se había echado novia y Luis se pasaba el día solo. Quizás la docente captó todo eso y decidió sacarle siempre a leer los textos literarios, especialmente poesía, en voz alta. «Cree en ti», le animaba. Y la señora no paró hasta que consiguió meterlo en el aula de teatro del centro. Cuando se bajó del escenario aquella primera vez, Luis Tosar ya estaba convencido de que iba a ser actor. A pesar de aquellas cejas y aquellos dientes (y aquella oreja derecha, Luis). O, ¿por qué no? Precisamente por aquellas cejas y aquellos dientes.
[–> [–>[–>Creer en uno mismo pasa por aceptar ser el payaso que ameniza fiestas infantiles mientras sueñas con recoger un Goya. Y es lo que hacía el Tosar aspirante a actor los fines de semana. Los niños, claro, se dedicaban a darle por saco, robándole las bolas de malabares y el pobre tipo ahí, parándoles manteniendo la sonrisa. Hasta que uno de los peques, más repelente de lo normal, le gritó al padre: «¡Papá, el payaso es gilipollas!». El payaso gilipollas, hasta las bolas de malabares, se acercó al niño y llegó a apretarle el brazo. Y ahí se dio cuenta de que lo siguiente habría sido convertirse en la versión española de John Wayne Gacy… Dejó el negocio.
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Cortometrajes y más cortometrajes hasta que dos películas, Atilano presidente (Santiago Aguilar y Luis Guridi, 1998) y Flores de otro mundo (Icíar Bollaín, 1999) hicieron que todos quisieran ver en acción a ese tipo con pinta de bruto, rudo pero con algo en las entrañas que acercaba más que alejaba. Porque sus bestias siempre tienen matices: haber convivido de chaval con «mucho quinqui» le ayudó, dice, a darse cuenta de que «no hay que juzgar sin conocer la historia completa».
[–>[–>[–>Uno de los números que marcaron el de Tosar fue el de Fernando León de Aranoa: quería que flanqueara a Javier Bardem en aquella historia de parados cuneteados por la reconversión industrial gallega, Los lunes al sol (2002). Llegó el primer Goya. Te doy mis ojos (2003) le sirvió para indagar en el animal con aristas y arrugas, con dobleces, de un maltratador… y para hacerse con otro Goya. Años más tarde, Daniel Monzón le sirvió en bandeja a uno de sus hijosdeputa que tanto nos flipan, Malamadre (2009), en Celda 211. Y el tercer cabezón (ah, y un espectacular caché: entonces empezó a cobrar más de 250.000 euros por papel protagonista). Son las tres cúspides de una filmografía abundante (con títulos de Michael Mann y Jim Jarmusch, ojo), no siempre acertada (Luis Tosar prefiere ser prolífico a selectivo, aunque a veces se permite lujitos como decirles que no a los productores de Juego de Tronos).
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Señor con los pies en el suelo y una clara mirada social, Luis Tosar estuvo en las listas electorales para las Elecciones Europeas del partido nacionalista de Galicia, el BNG, tras participar activamente en la plataforma Nunca Mais, surgida tras el desastre del Prestige. En el tránsito de lo social a lo político se decepcionó: «Muchas veces en el nacionalismo escuchas discursos que rondan la xenofobia». Así que ahora mismo dice no militar en formación alguna, aunque, eso sí, si le preguntan se moja.
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[–>Casado con la actriz chilena Luisa Mayol, padre con ella de dos hijos, Luana y León (desconocemos si contrata payasos gilipollas para sus cumpleaños), esta vez Luis Tosar no subirá al escenario de los Premios Goya (que se celebrarán en el Auditori del Centre de Convencions Internacionals de Barcelona) para recibir una estatuilla, sino para entregarlas: será el presentador de la ceremonia junto a la cantante y dobladora Rigoberta Bandini. Sí, con aquellas cejas, aquellos dientes (y aquella oreja derecha).
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