Problema de credibilidad
La gestión de una crisis sanitaria –si es que esta del crucero del hantavirus lo acaba siendo– no se mide solo por las decisiones que se toman. Es fundamental la confianza que generan, y ahí es donde el Gobierno vuelve a tropezar. La decisión de permitir el atraque del barco afectado probablemente sea la correcta desde el punto de vista humanitario y sanitario. Pero una medida razonable puede convertirse en motivo de alarma cuando se comunica mal, tarde y de forma contradictoria.
[–>[–>[–>Dependiendo del ministerio que transmite, los ciudadanos escuchan estos días que los pasajeros españoles no entrarán en contacto con la población y, al mismo tiempo, que la cuarentena será voluntaria. Difícil pedir tranquilidad cuando el mensaje oficial contiene semejante fisura político-jurídica. Más aún después de años en los que la palabra «calma» ha terminado asociándose a episodios de desconcierto institucional. La pandemia del coronavirus, la dana o el gran apagón reciente han dejado una huella de desconfianza que el Ejecutivo parece incapaz de asumir.
[–> [–>[–>Las crisis no se desencadenan cuando surge el riesgo, sino en el momento que los ciudadanos perciben que quienes deben gestionarlo no controlan la situación. La hospitalización en Alicante de una persona sospechosa de haberse contagiado añade incertidumbre a un relato oficial que insiste en minimizar el problema mientras los expertos advierten de que el contagio podría ser más factible de lo previsto inicialmente. Tampoco es que ayude recuperar como portavoz tranquilizador a Fernando Simón. Cada comparecencia suya reactiva inevitablemente el recuerdo de aquellos primeros días del covid, cuando aseguraba que el coronavirus apenas causaría «dos o tres casos» en España. Puede que hoy tenga razón, pero la credibilidad pública hay que ganársela. Y se pierde cuando la opacidad, las rectificaciones y la improvisación se convierten en costumbre. El problema del Gobierno no es el hantavirus, es que demasiados españoles ya no le creen cuando les dice que no se preocupen.
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