Qué fue de Eva Sannum, la modelo noruega que enamoró al joven príncipe Felipe y revolucionó la Casa Real
Hubo un tiempo en el que el rey Felipe VI (57 años) era joven. Estaba, como se decía antaño, en edad de merecer. Y tenía ganas de enamorarse. Vaya si lo consiguió.
Corría el final de la década de los noventa. El entonces Príncipe de Asturias estaba cerca de cumplir los 30 años cuando conoció a Eva Sannum (50), una belleza noruega de 1,85 metros de estatura. Era una especie de Barbie de estilo escandinavo: altísima, delgada, con ojos azules y un cuerpo que quita el hipo.
Bajo su apariencia fría y distante se escondía una chica inteligente, buena gente y trabajadora, que con sus colaboraciones como maniquí en pasarelas y firmas de moda se estaba costeando los estudios de Publicidad.
Un romance discreto
También era elegante y tenía unos modales exquisitos. Sabía comportarse en sociedad. Era, pues, la candidata perfecta para el entonces Heredero al Trono. Parecía tenerlo todo para, quizás, convertirse algún día en reina. O eso pensó Felipe nada más verla.
Con ella viviría un romance intenso y discreto, que terminó convertido, muy a su pesar, en motivo de una crisis interna en el seno de la Casa Real, a comienzos de los 2000.
Eva Sannum en una imagen de archivo.
Cómo se conocieron Felipe VI y Eva Sannum
Pero vayamos al origen. Al primer encuentro. Durante mucho tiempo se creyó que se conocieron en 1997, durante un viaje del príncipe a Oslo, donde Eva trabajaba como modelo publicitaria. Y que los presentó Haakon de Noruega (52), entonces muy amigo del actual Jefe de Estado.
Pero nada más lejos de la realidad. En 2021, Eva relató cómo fue verdaderamente su primer cara a cara. Este tuvo lugar en la capital, donde la joven se había instalado tras firmar un contrato con la agencia Magic, dirigida por un amigo de Felipe, Carlos Mundi. Corría el año 1996. Y ella tenía 21 años.
«Felipe y yo nos conocimos completamente por casualidad cuando yo vivía en Madrid», relató la noruega hace cinco años al diario Aftenposten.
Lo suyo, dicen, fue un flechazo. «Don Felipe estaba entusiasmado con ella», reconocería tiempo después Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa del Rey hasta 1993 y después consejero de Juan Carlos I (88), a El Mundo.
Mantuvieron una relación semiclandestina durante un tiempo, hasta que la prensa empezó a hacerse eco de su romance. El affaire era un «secreto a voces» en los círculos periodísticos.
Eva Sannum y el entonces príncipe Felipe, en la casa de la familia Fuster en el pantano de San Juan, en Madrid.
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Sus fotos juntos
Una de las citas de las que hay constancia gráfica de ambos en Madrid tuvo lugar en el otoño de 1997. Los ‘pillaron’ disfrutando de una velada con amigos en el desaparecido restaurante El Cuchi, un local mexicano en la calle Cuchilleros, muy cerca de la Plaza Mayor.
Ese año se publicaron otras fotos de ellos en la casa de la familia Fuster en el madrileño pantano de San Juan. La revista Diez Minutos lanzó su portada con las imágenes de la pareja tomando el sol. Y bajo un titular tan poderoso como «las caricias del Príncipe y la modelo».
A partir de 1999 empezó a darse un goteo de publicaciones en prensa en la que se les podía ver juntos. E inmensamente felices. Así, poco a poco empezaron a salir en las revistas del corazón sus escapadas a destinos tan diversos como París, Oslo o St. Moritz.
Eva Sannum trabajaba como modelo cuando conoció a Felipe VI.
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La ‘pillada’ más impactante fue una portada de ¡HOLA!, de diciembre de 2000, que mostraba sus idílicas vacaciones en La India. Nunca se habían visto imágenes de Felipe tan enamorado. Tan risueño. Tan ilusionado.
Lo cierto es que aquellas fotografías de ellos juntos formaron parte de una estrategia orquestada desde la sombra para que el pueblo se fuera familiarizando con Eva Sannum.
El objetivo era introducirla poco a poco, que todos la conocieran, y que le fueran cogiendo afecto. De ese modo sería más fácil presentarla como futura reina. Ese era el objetivo de Felipe VI.
Hubo medios que la aceptaron y que no vieron reparos en que una mujer de clase media, y de origen nórdico, hubiese conquistado el corazón del joven heredero.
¿Que no hablaba español? No era problema. Al fin y al cabo, la reina Sofía (87) es griega. Tampoco dominaba el castellano cuando se casó con Juan Carlos. Es lo que argumentaban sus ‘partidarios’.
¿Que sufrió con el divorcio de sus padres? ¿Que se ganaba la vida como modelo? Pues qué bien tener en la realeza a alguien que conoce en primera persona las vicisitudes de la vida. Una normal y corriente, como la del pueblo llano. Eran otros de los testimonios a su favor.
Eva Sannum, en un desfile celebrado en Madrid, en 1997.
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Pero, ya se sabe: nunca llueve a gusto de todos. Y, por mucho que se creara una narrativa proclive a su figura, nada pudo frenar los juicios negativos.
Así, los planes del Rey no salieron de la manera tan precisa a como había calculado. De manera paralela a sus fotos de pareja se dieron a conocer otras poco ‘favorecedoras’ de Eva. No porque saliera mal en ellas: es que poco favor le hizo que salieran a la luz.
Eva en su día a día. Eva paseando por la calle. Eva con sus amigos. Eva promocionando una línea de gafas. Y Eva desfilando en lencería o con traje de baño. Fueron precisamente estas instantáneas las que levantaron más ampollas entre los sectores más convencionales.
Surgió entonces el debate. ¿Era adecuado que las fotos de una posible futura soberana semidesnuda circularan por todo el mundo? La prensa, todo hay que decirlo, fue cruel con ella. Y dictaron sentencia: era demasiado plebeya.
Igual de severo fue el veredicto de los reyes Juan Carlos y Sofía. Nunca vieron con buenos ojos a Eva Sannum. A pesar de la oposición de sus padres, Felipe estaba convencido de que su historia de amor tenía posibilidades de salir a flote.
La ‘presentación oficial’
Solo les faltaba una gran puesta en escena. Un acto público en el que aparecer juntos. Como lo que eran: dos novios llenos de ilusiones.
Por fin, la gran oportunidad que estaba esperando el actual Jefe de Estado para hacer su ‘debut oficial’ con su novia llegó en el verano de 2001.
El 25 de agosto de ese año, Felipe decidió que Eva Sannum lo acompañara a la boda del príncipe Haakon de Noruega y Mette-Marit (52). No hubo confirmación ni anuncio alguno por parte de Zarzuela.
Tampoco posaron oficialmente como pareja. De hecho, ella accedió en solitario al interior de la Catedral de Nuestro Salvador en Oslo, donde tuvo lugar el enlace.
Eso sí, una vez en el interior de la recepción se realizaron las esperadas imágenes del Heredero y su pareja uno al lado del otro. Para desgracia del entonces Príncipe, nada salió como hubiera deseado.
Eva Sannum, en la boda de Haakon de Noruega y Mette-Marit, el 25 de agosto de 2001.
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El vestido que lo estropeó todo
El escotadísimo vestido azul de Eva, con una abertura casi hasta el esternón, no resultó apropiado ante los ojos de la opinión pública.
Vulgar, llamativo, innecesario, poco conveniente para quien aspira a ser miembro de la Familia Real. Dijeron de todo. A Eva Sannum le cayeron chuzos de punta.
Pero aún existió otro detalle por el que casi la ‘crucifican’ en los medios de todo el mundo. Su imagen portando una copa de alcohol (era, concretamente, brandy) fue el no va más. La prueba definitiva, de cara a sentir general, de que no tenía ninguna opción.
Fue tal el revuelo que todo quedó claro: era imposible plantearse un compromiso. Por mucho que Felipe hubiera fantaseado con esa idea, no había futuro para ellos. El mundo se les había puesto en contra.
Eva Sannum, expareja del rey Felipe VI, en un desfile celebrado en Madrid, en 1997.
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La ruptura
Así, sin quererlo, la boda de Haakon y Mette Marit marcó un antes y un después. Fue el principio del fin de su historia de amor.
Cuatro meses después de la boda del Heredero al Trono de Noruega se cristalizaría el desenlace definitivo de la pareja.
El 14 de diciembre de 2001, el entonces Príncipe Felipe dio a conocer la noticia. Aprovechando la visita de periodistas especializados en Casa Real al Palacio de la Zarzuela, anunció él mismo la ruptura.
«Sabía que estabais aquí y he venido a saludaros y a contaros que Eva y yo hemos decidido acabar con nuestra relación«, empezó diciendo.
«Por razones estrictamente personales y particulares, cada uno seguirá su camino en la vida. La decisión ha sido tomada libremente de mutuo acuerdo», añadía.
Eva Sannum, en una cabina de teléfonos en Madrid, en 1996.
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Su «fortaleza» y su «sensibilidad»
Aquella fue la primera y última vez que habló públicamente de Eva Sannum. Quizás por ello tomó una decisión sin precedentes.
Confirmó el adiós de la forma más elegante posible: ensalzando las virtudes de la mujer que, en su momento, quiso que fuera su compañera de vida.
«Espero que Eva y yo sigamos siendo amigos. Sus cualidades son numerosas y quiero destacar algunas: su fortaleza, dignidad, sensibilidad, capacidad de superación», explicó al corrillo
«Su sentido y determinación para llegar a la excelencia de lo que se propone siempre me ha impresionado. Y no sigo porque no dejaría de hablar», finalizaba.
Sannum, desde Oslo, confirmó al diario Dagbladet que estaban de acuerdo y que le parecía correcto que fuese él quien lo comunicara oficialmente.
Eva Sannum, en su perfil de LinkedIN.
A qué se dedica Eva Sannum
Tras la ruptura, Eva Sannum se retiró casi por completo de la escena pública. Dejó la carrera de modelo y reconstruyó su vida en Noruega.
Durante un tiempo fue socia de la agencia de comunicación Geelmuyden Kiese. También trabajó diez años en la agencia de publicidad Try/Apt, en la que adquirió experiencia «tanto como redactora, directora creativa y asesora estratégica«.
Actualmente reside en Oslo, donde trabaja en el sector de la comunicación y la publicidad. A día de hoy es socia y directiva en Sannum & Bergestuen, una agencia de publicidad.
En ella, tal y como indica en su perfil de LinkedIN, trabaja «de forma estratégica y planificada con comunicación estratégica y campañas, y de manera táctica y operativa cuando surgen crisis y situaciones». Asimismo, llevan a cabo acciones «con las redes sociales».
Eva Sannum trabaja actualmente en una agencia de publicidad en Oslo, de la que también es socia.
Presentadora de pódcast
«Es divertido trabajar con nosotros, ya que nos importa pasarlo bien en el trabajo», dice.
Entre las funciones que desarrolla destacan «la intersección entre las relaciones públicas y el marketing«, la dirección de procesos de estrategia, o el desarrollo de conceptos y producción de soluciones creativas y digitales de comunicación para organizaciones «tanto privadas como públicas».
Eva, que durante su idilio con Felipe VI sufrió en propias carnes lo que era el asedio de la prensa, asegura ahora que siente devoción por ella: «Tengo pasión por los medios».
Prueba de que jamás le hizo ascos al mundo de la comunicación, -que antaño la situó como personaje de relevancia pública-, es que trabajó durante 14 años en Pressens Faglige Utvalg (PFU), el Consejo de Ética de la Prensa de su país.
También fue miembro del Comité de Fuentes del Sindicato de la Prensa en 2019. «Esta experiencia me ha dado un conocimiento y un interés por la ética periodística y por cómo se hace el periodismo», confiesa en su perfil profesional.
Otra de sus labores actuales es su rol como presentadora del pódcast Tut & Mediekjør, que «conduzco junto con mi socio, Svein Tore Bergestuen».
Eva Sannum, en el funeral del político noruego Thorvald Stoltenberg, en agosto de 2018.
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«Contenta» de no ser reina
En el terreno personal, está casada con el publicista Torgeir Vierdal y es madre de dos hijos adolescentes. Lleva una vida familiar discreta y alejada de los focos.
En marzo de 2021, sorprendió al mundo al hablar por primera vez de su relación con el actual Rey. Y concedió una sincera entrevista al periódico noruego Aftenposten.
«Llevo muchos años intentando no dar la impresión de que uso esta vieja historia, este noviazgo que tuve con el actual Rey de España. Puede parecer un poco arrogante, pero no quiero que nadie piense que ‘hablo’ de mi pasado con la prensa y el príncipe, o que doy una entrevista porque echo de menos ser el centro de atención», advertía.
Torgeir Vierdal, marido de Eva Sannum.
LinkedIN.
«La gente probablemente piensa que sería una vida con yates y champán. Pero no se dan cuenta de que es algo muy agotador. Es una vida llena de limitaciones», confesaba.
Sobre el periodo que estuvo viviendo en nuestro país le queda un recuerdo agridulce: «Decidí desde el principio no mirar nunca a las cámaras, no quería que nadie pensara que agradecía que me fotografiaran. Durante un tiempo, me planteé la opción de usar la misma ropa todos los días».
Entonces, aclaraba que «la motivación para que comparta algunos detalles de mi experiencia con la Familia Real y la prensa es porque constituye la base de mi compromiso con la ética de la prensa y los medios».
Al mirar atrás, llegaba a una conclusión clara. Agradece al destino no haber terminado con una corona sobre su cabeza: «Estoy muy contenta de no haberme convertido en reina».
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