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Qué hacer 24 horas en Angers, la ciudad de la ‘vie en bleu’ | Escapadas por Europa | El Viajero

Qué hacer 24 horas en Angers, la ciudad de la ‘vie en bleu’ | Escapadas por Europa | El Viajero
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  • Publishedjunio 29, 2026



El pasado 9 de abril, se inauguró en Angers el nuevo pórtico —una reinterpretación moderna de una galería medieval con lenguaje del siglo XXI— diseñado por Kengo Kuma para la catedral de Saint-Maurice, una de las intervenciones arquitectónicas más comentadas en Francia en 2026. La estructura, situada frente al portal occidental, se concibe como un “baldaquino” o pórtico protector. Está hecha de 600 piezas de hormigón blanco y dialoga formalmente con los arcos y los ritmos del gótico. La función de este vestíbulo no es solo estética, sino también proteger las esculturas policromadas de los siglos XII y XIV que fueron redescubiertas y restauradas.

A este acontecimiento se sumó la reapertura, en mayo, de la iglesia de la abadía de Ronceray, obra mayor del románico, tras más de medio siglo cerrada al público. Un verdadero renacimiento para un monumento histórico que está a punto de cumplir mil años y que ha necesitado un ambicioso proyecto de restauración. Estas dos novedades justifican la visita a una de las ciudades del oeste de Francia con mayor flujo de viajeros de un día, dada su ubicación entre Nantes y los castillos del Loira. Circula por Angers la certeza de que ese viajero esporádico se va con la sensación de que un día no es suficiente. Vamos a intentarlo, pero no prometemos nada.

9.00 Ronceray, primera parada

Durante la Edad Media, en Angers hubo cinco abadías, algo insólito para el tamaño de la ciudad (156.000 habitantes), lo que revela un fervor religioso todavía reconocible. Ronceray (1), del siglo XI, es la única que conserva intacta su iglesia románica. Fue una abadía de mujeres fundada por Hildegarda, condesa de Anjou, en 1028, con el apoyo de su marido, Foulques Nerra. Cuenta la leyenda que, acusada de infidelidad —algo gravísimo para la época—, Hildegarda, para demostrar su inocencia, se arrojó al río Maine. Tras sobrevivir, decidió construir este monasterio en el lugar que consideró tierra santa, en el barrio de la Doutre (nombre que proviene de l’autre, “la otra orilla”).

La comunidad, formada por monjas de la orden de la Caridad, fue muy influyente, y la abadía ha tenido múltiples usos a lo largo de la historia. Hoy parte del conjunto es utilizado por alumnos de la Escuela de Artes y Oficios.

La iglesia recientemente reabierta presenta una sola nave y arcos en los que se reconoce el escudo de Blanca de Castilla. Destaca por sus primeras bóvedas románicas del oeste de Francia, con esa irrefutable sobriedad y solidez del románico. Los capiteles policromados del siglo XII muestran una rica decoración vegetal y simbólica. La sensación de equilibrio y espiritualidad es tal, y la acústica tan pura, que se celebrarán conciertos del festival de piano Pianopolis.

La vecina iglesia de la Trinidad (2) fue construida en el siglo XII como iglesia parroquial vinculada al monasterio femenino benedictino y destinada a acoger a los fieles laicos. Constituye uno de los primeros ejemplos del gótico angevino (también llamado Plantagenet), reflejando la transición desde el románico hacia nuevas formas arquitectónicas (iglesias de una sola nave, sin laterales). Forma parte del desarrollo histórico de un barrio que hoy atraviesa uno de sus mejores momentos, algo que se puede constatar en cafés como Pollen, librerías como L’Étincelle y, sobre todo, en Le Quai (3), el gran teatro contemporáneo de la ciudad, y en la terraza que ocupa el restaurante La Réserve. Este edificio, diseñado por el estudio Architecture-Studio, se abre hacia el río Maine con una arquitectura moderna y accesible que se integra en la renovación urbana y cultural del barrio, donde conviven patrimonio histórico y nuevas sinergias.

11.00 De la catedral a la galería David d’Angers

Atravesar el puente de Verdun (4) nos recuerda la importancia de los puentes de Angers, que conectan la ciudad sobre el Maine, reflejan su historia y su estrategia, y ofrecen un patrimonio cultural emblemático. Hay 11 puentes que abarcan desde el siglo XI (Pont de Verdun) hasta el XXI (Pont des Confluences, que acoge la primera línea de tranvía de Angers).

La subida a la catedral (5) por sus escaleras es un paseo entre el suplicio y el placer. Reconocible por la piedra blanca y el granito de la región —más pesado y denso que la caliza—, la estructura del templo es sólida, aunque menos esbelta que en el gótico clásico. Se puede entrar por el pórtico de Kengo Kuma o por las puertas laterales. Por la riqueza de sus colores y las escenas bíblicas que representan, las vidrieras del siglo XV se consideran un tesoro del arte medieval en Anjou.

A la salida, lo más conveniente es buscar la galería David d’Angers (6) . Se trata de una antigua reliquia arquitectónica de la abadía de Toussaint (nombre actual de la calle), en la que se expone la impresionante colección de esculturas (de yeso, mármol, bronce, terracota…) de un artista universalmente conocido por ser el autor del frontón del Panteón de París. David d’Angers fue uno de los grandes escultores franceses del siglo XIX, reconocido por combinar realismo, humanismo y compromiso político. Además de la rotunda colección de estatuas públicas (Gutenberg, marqués de Bonchamps…), destaca la colección de bustos de figuras como Goethe, Victor Hugo, Balzac, Humboldt o el compositor Paganini.

12.00 El ‘Tapiz del Apocalipsis’

Bajando la Rue Toussaint espera el castillo de Angers (7), el lugar más visitado. Este promontorio rocoso que domina el río, cuya antesala se conoce como Promenade du Bout du Monde, ha sido utilizado desde el Neolítico. Además de ser un castillo medieval del siglo XIII que condensa la historia de la localidad, destaca por sus enormes murallas de piedra y sus 17 torres, que reflejan su función defensiva en la Edad Media.

Durante el reinado de la poderosa dinastía de los Plantagenet sobre el ducado de Anjou, se convirtió en un palacio. En el siglo XIII, Blanca de Castilla ordenó levantar la fortaleza para proteger a las tropas reales. Durante los siglos XIV y XV, los duques de Anjou —Luis I, Luis II y el rey René, de quien se tienen noticias por todo Angers—, príncipes ilustrados y aficionados al arte, lideraron una admirable vida cortesana.

Una de sus salas alberga el Tapiz del Apocalipsis, el conjunto de tapices más antiguo que se conserva de tal magnitud (tiene 100 metros), además de una obra de una virtuosidad estilística y técnica apabullante. Para sacarle provecho, es recomendable realizar la visita con guía o audioguía, pues estamos ante una de esas joyas patrimoniales que justifican un viaje. Las visiones de Juan en el último libro del Nuevo Testamento se suceden en un formidable documento que une narrativa y artesanía y remite al contexto en el que Luis I, duque de Anjou, encargó la pieza: un país golpeado por la guerra de los Cien Años, las epidemias y la pobreza.

14.00 Deliciosa pausa

A Angers se la llama la Ville du Quart d’Heure porque nada queda a más de 15 minutos a pie. Si bajamos de nuevo hacia el río y el hambre nos araña el subconsciente, vale la pena entrar en L’Ardoise, en la Place Molière (8). Para empezar, porque significa “pizarra”, y ese tono azulado de los tejados de la ciudad proviene de ella y forma parte de su ADN. Como en esta sala manda la tradición, los platos más solicitados son el côte de cochon y el magret de canard con sus correspondientes guarniciones caseras que alargan y divierten la comida. Es el típico sitio en el que pueden coincidir dos familias celebrando un cumpleaños, con lo que ello supone a la hora del postre.

Conviene tomar nota de otros lugares como Le Mail, donde uno sale feliz y en silencio, estabilizado por la vida, pensando en volver al día siguiente e inaugurar un ritual permanente. Los rituales también pueden ser formas de clausura, y en sitios como este clausurarse equivale a estar mejor que en casa.

15.00 En la fábrica del licor que da la vuelta al mundo

Da igual la hora que sea: siempre es buen momento para reservar una visita en la fábrica de Cointreau (9), el licor que desde Angers sigue dando la vuelta al mundo. Si usted desconfía de las visitas a bodegas porque le resultan tediosas y acaba viendo interminables depósitos en salas asépticas hasta llegar a una degustación decepcionante, tengo que darle una buena noticia: este no es el caso.

Desde su creación en 1849, esta casa encarna un espíritu pionero y lúdico, como demuestra este recorrido por la historia de la Belle Époque, la publicidad, la commedia dell’arte, el diseño, las exposiciones universales y la coctelería (el margarita, el cosmopolitan o el sidecar llevan Cointreau). Este licor cristalino, elaborado a base de pieles de naranja dulces y amargas destiladas en majestuosos alambiques de cobre, resulta revelador no solo porque alegra el día y libra de cualquier aburrimiento, sino porque es un producto identitario que refleja el equilibrio de sus cuatro elementos (y de las cuatro esquinas de su Flacon): pieles de naranja, alcohol, azúcar y agua.

16.00 Todo pasa por Ralliement

La fantástica plaza de Ralliement (10) une lo popular y lo monumental de manera entusiasta. Todo pasa por esta plaza que concentra a gente de todas las edades. Si bien los jóvenes se expanden por las calles colindantes, en la plaza hay que prestar atención al bar La Chouette (entre y descubrirá unos mosaicos de Isidore Odorico verdaderamente deslumbrantes) y al teatro de la ópera o Grand Théâtre d’Angers, de 1871. Alphonse Botrel, su arquitecto, perdió frente a Charles Garnier el concurso para la Ópera de París, pero qué bien encaja en Angers esta obra mayor del estilo Segundo Imperio. Su contundente presencia articula una vasta plaza con vocación económica y cultural.

En las calles haussmannianas del centro se puede encontrar chocolate azul en lugares como La Maison du Quernon. Estos quernons fueron creados en 1966 por el maestro chocolatero Louis Gay. Tienen forma irregular, inspirada en las pizarras de la región, y están hechos de chocolate con almendras y avellanas caramelizadas, recubiertos con su inconfundible color azul grisáceo.

La Maison d’Adam (11) es la más fotografiada por su entramado de madera. Es uno de los magníficos testimonios arquitectónicos del patrimonio medieval que aún se conserva. Fue construida a finales del siglo XV y se halla en uno de los ejes comerciales más antiguos de Angers. Sus imponentes dimensiones, su compleja estructura y su enigmática decoración la sitúan entre las obras de carpintería más destacadas de la Edad Media en Francia.

17.00 Al museo de bellas artes

Las cinco de la tarde es un buen momento para entrar en el Musée des Beaux-Arts (12): a esa hora, la entrada ya es gratuita. Es un museo sorprendente por la cantidad de obras que atesora. Pensarán, y con razón, que en todas las ciudades de Francia hay un museo de bellas artes; pero este merece una visita sin rodeos.

Conviene ir a tiro fijo y detenerse en las obras maestras de Jordaens, Lorenzo Lippi, Fragonard, Ingres o Jean-Jacques Henner, junto a otras más contemporáneas, como las de François Morellet, figura clave por haber llevado la abstracción geométrica hacia sistemas lógicos, el azar y el uso del neón, transformando la relación entre arte, espacio y espectador. No es casual que, en este 2026, París le dedique varias exposiciones que reafirman su vigencia. Su obra demuestra que la geometría no es fría: puede ser vibrante, lúdica y profundamente conectada con la arquitectura y la ciudad.

18.00 La Maison Bleue

Dejando atrás la omnipresente Tour Saint-Aubin (13), en la Place Saint-Éloi —del siglo XII, vestigio, claro está, de una antigua abadía benedictina—, conviene avanzar hasta la esquina del Boulevard Foch con la Rue d’Alsace. Allí aparece la Maison Bleue (14), quizá la más decisiva de las razones azules que justifican una visita a Angers.

Esta obra clave del art déco presenta una de las fachadas de mosaico más grandes conservadas. Inspirada en los edificios parisinos de Henri Sauvage —pionero en el retranqueo de las fachadas—, es una pieza mayor de la decoración arquitectónica, donde Isidore Odorico llevó su lenguaje a un grado extremo de precisión y refinamiento. Aquí, su firma alcanza una de sus cumbres. La Maison Bleue figura en todos los manuales del arte del mosaico como obra de referencia. Y basta detenerse unos minutos ante su fachada para comprenderlo.

19.00 Fin de jornada a lo grande

Si hay que despedirse de Angers, que sea en modo Odorico. Para ello no hay mejor opción que cruzar el Boulevard Foch y buscar el Oceania Hôtel d’Anjou (15), no solo porque es un alojamiento imbatible en calidad-precio, sino porque el interior de su restaurante Isidore es otra de las cumbres del artista y maestro mosaísta francés. En esta ocasión, el azul se acopla al color oro con la misma precisión con la que uno se acopla a sus platos sin saber qué vale más, si la comida, la imagen o las palabras.





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