¿Qué pasa con Groenlandia? ¿Por qué Trump quiere comprarla? ¿Por qué es importante controlar la isla? ¿Por qué pertenece a Dinamarca?
Una vez concluido el capítulo sobre Venezuela y con Nicolás Maduro ya recluido en Nueva York, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene ahora a Groenlandia como la nueva prioridad para garantizar la seguridad del país norteamericano. Da igual que la isla ártica sea un territorio tutelado por un aliado en la OTAN como es Dinamarca, o que el pretexto de las drogas utilizado en el Caribe no pueda aplicarse en este escenario; el dirigente republicano quiere, por cualquier medio, hacerse con este territorio.
[–>[–>[–>No es la primera vez que Trump muestra públicamente su intención de que Groenlandia pase a pertenecer a EEUU. Ya durante su primer mandato (2017-2021) Trump sacó a relucir este tema y en diciembre de 2019 canceló una visita de Estado a Dinamarca poco después de que su primera ministra, Mette Frederiksen, desdeñara la idea de vender la isla a Estados Unidos. Pero ha sido especialmente tras su vuelta a la Casa Blanca en enero de 2025 cuando esta se ha convertido en una de las principales reivindicaciones del republicano. «Necesitamos Groenlandia por razones de seguridad nacional; Dinamarca no está en condiciones de garantizarla», aseguró Trump en una intervención ante los periodistas poco después de la captura de Maduro. Unas declaraciones que tras la intervención en Venezuela se han tomado con mucha más precaución en el panorama internacional y que abren un escenario incierto para esta isla.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>En enero de 2025. Nada más jurar su segundo mandato, Trump compartió públicamente su deseo de que la soberanía de Groenlandia pasara a manos de EEUU. En aquel momento las palabras del republicano se tomaron como una exageración y una pretensión más entre los muchos anuncios en pro de los intereses norteamericanos. Uno más entre los anuncios de convertir a Canadá en un estado; o el de hacerse con el control del canal de Panamá.
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En las semanas venideras, el republicano siguió insistiendo en numerosas ruedas de prensa y entrevistas en que Estados Unidos acabaría administrando este territorio. «Nos haremos con Groenlandia, estoy convencido al 100%», aseguró Trump el 29 de marzo a la NBC, en una conversación donde no descartó un posible uso de la fuerza o de presiones económicas. Ante esto, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, respondió a través de un post de Facebook que la isla «no pertenece a nadie».
[–>[–>[–>Desde entonces la situación pareció quedar en cierto estado de reposo, hasta que a finales de diciembre, en plena escalada de tensiones con Venezuela, Trump volvió a sacar a relucir sus ambiciones y bajo el pretexto de la seguridad nacional, nombró al Gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial a la isla.
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La importancia de la isla ártica no reside en su extensión –cercana a los dos millones de kilómetros cuadrados- o su población –de poco más de 58.000 personas–; ni siquiera a su proximidad con EEUU. Sin embargo, Trump continúa insistiendo en que necesita Groenlandia por cuestiones de seguridad. Porque, si se mira alrededor de esta, «hay barcos rusos y chinos por todas partes», y, por tanto, la adhesión de la isla es fundamental para reforzar su presencia en el Ártico.
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[–>La Administración del republicano insiste en que Groenlandia es decisiva para controlar las nuevas rutas marítimas abiertas por el deshielo, y para desplegar infraestructuras militares que le permitan hacer muestra de su fuerza ante el resto de grandes potencias militares. De hecho, es importante destacar que controlar la isla permitiría al gigante norteamericano acercarse considerablemente a China, Rusia y Corea del Norte. Todas ellas más cercanas al Ártico. Aquí, uno de los puntos fundamentales es la base espacial de Pituffik, ubicada en la isla y considerada esencial para la vigilancia espacial y la implantación de sistemas de alerta y defensa ante el ataque de misiles balísticos.
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Sin embargo, hay un aspecto que Trump omite: el potencial económico del territorio. Aunque el republicano haya negado que quieran Groenlandia «por sus minerales», la industria tecnológica y militar norteamericana los considera estratégicos. De este modo, igual que buena parte del ‘atractivo’ de Venezuela reside en sus reservas de petróleo; el de la isla ártica está en el níquel, cobre, oro y grafito; así como en las reservas de materias primas como el uranio, petróleo y gas natural, y los dos mayores yacimientos de tierras raras del mundo.
[–>[–>[–>En los últimos años, el gobierno groenlandés, en parte por la influencia danesa, ha reducido considerablemente la explotación de estos recursos bajo el pretexto de una autogestión más ecológica. Sin embargo, teniendo en cuenta el interés claramente mostrado por Trump respecto a las tierras raras, –consideradas esenciales para seguir compitiendo con China– no hay ninguna seguridad de que EEUU mantuviera esta política.
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Horas después de la incursión estadounidense en Venezuela, Kate Miller, esposa de Stephen Miller, jefe adjunto de Gabinete de Trump, publicó una publicación en sus redes sociales donde compartió un mapa de Groenlandia con la bandera de Estados Unidos y una única palabra «pronto». El mensaje, que sirvió para reavivar la conversación sobre la potestad de esta isla, fue al poco tiempo defendido por su marido en una entrevista para CNN donde cuestionó la legitimidad de Dinamarca sobre la isla. «¿En virtud de qué derecho Dinamarca controla Groenlandia? ¿Cuál es la base de su reivindicación territorial?», señaló.
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Para entender este aspecto, hay que remontarse a 1721, cuando los ocupantes de Dinamarca y Noruega enviaron la primera misión de expedición a esta isla habitada fundamentalmente por Inuit. 200 años después, en 1933, el Tribunal Permanente de Justicia Internacional reconoció la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia. Más tarde en 1953, y tras una breve administración de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial, el reino danés integró completamente a la isla, hasta que en 1979 Copenhague concedió a Groenlandia la autoadministración. Finalmente, en 2009 la isla reforzó su autonomía como un territorio independiente bajo la corona de Dinamarca.
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