¿Qué sería la OTAN sin Estados Unidos? Las previsibles consecuencias de las amenazas de Trump
Otra vez Donald Trump hace temblar los cimientos de la hasta ahora más poderosa unión militar del planeta, pero esta vez es con la más directa y ruidosa amenaza de las que ha formulado acerca de romper el histórico acuerdo que desde hace casi 77 años une la defensa de Estados Unidos con la de sus aliados, actualmente 31. Y, si bien la OTAN no es precisamente un entramado que se pueda disolver de un plumazo ni por un solo dirigente político, la actitud expresada por el mandatario del principal país miembro ya supone de facto provocarle un coma a la alianza.
[–>[–>[–>A lo largo de la tarde del miércoles, en las horas previas a la intervención urbi et orbi del contrariado inquilino de la Casa Blanca, circulaba entre los militares españoles, como taza de tila, un recorte de una ley federal norteamericana: la NDAA 2024, o Ley de Autorización de Defensa Nacional promulgada para aquel ejercicio fiscal. Esa ley, aprobada por las cámaras estadounidenses siendo Joe Biden el presidente, contiene un artículo no modificado hasta ahora: es la llamada Sección 1250A. Su contenido: el presidente de EEUU “no suspenderá, terminará, denunciará ni retirará a los Estados Unidos del Tratado de Atlántico Norte” si antes no lo aprueban dos tercios del Senado y previa ley aprobada por mayoría en el Congreso. Trump no tiene esas mayorías, ni, en su punto más bajo de popularidad, visos de reunirlas.
[–> [–>[–>Sin embargo, para algunos de los militares consultados el daño ya está hecho. No es tanto que haya demolido la organización retirando a su principal contribuyente, sino el mensaje que traslada. El almirante retirado Juan Rodríguez Garat, que fue jefe de la Flota, cree que “por desgracia, el daño que el veneno que está inyectando Trump con sus acusaciones puede hacer en los pueblos de ambos lados del océano”.
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De nuevo el tóxico del recelo entre los socios, que lleva a plantearse como una posibilidad lo hasta ahora implanteable: qué sería la OTAN sin Estados Unidos..
[–>[–>[–>Sin ojivas nucleares…
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A cualquier experto de uniforme que se le pregunta le sigue pareciendo inconcebible una OTAN sin Estados Unidos. Pero, más, incluso, que por la poda económica incompatible con la vida que sufriría la organización, por la pérdida de tres capacidades militares clave en las que Europa y Canadá no tienen aún la suficiente autonomía: mando y control, inteligencia de satélites y, sobre todo, disuasión nuclear.
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La primera carencia hace referencia a sistemas tecnológicos, cibernéticos, de fijación de objetivos y de comunicaciones, y al personal que los operan, que hacen posible la toma de decisiones rápida y eficaz por el mando en el campo de batalla. La segunda alude a un escalón todavía insalvable para Europa en la capacidad de ver e inteligir la superficie terrestre desde el espacio, fundamental para saber cómo evolucionan las amenazas exteriores, cómo se mueven los ejércitos, dónde emplazan sus baterías de misiles, dónde esconden sus aviones y dónde acuartelan sus unidades acorazadas. Y la tercera…
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[–>La disuasión nuclear es uno de los capítulos más caros de la arquitectura de seguridad occidental. Estados Unidos es el poseedor de alrededor de 5.000 ojivas nucleares. Sus aliados ponen algo de dinero a través del NSIP, el programa de inversión en infraestructuras críticas de la defensa (del que España es séptimo contribuyente, según la contabilidad de la Alianza Atlántica, pero también uno de sus principales beneficiarios).
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… la guerra está más cerca
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Un extendido dicho ha circulado con fortuna desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania. Es aquel que sostiene que si Ucrania sufre su actual estado de calamidad es porque en su día devolvió a Rusia su parte del arsenal nuclear soviético, despojándose de su principal elemento de disuasión.
[–>[–>[–>La OTAN se fundó como entente de democracias frente al muro de la URSS, y fortaleció su unidad en los primeros compases de la guerra lanzada por el exagente de inteligencia soviético Vladimir Putin. Una OTAN sin Estados Unidos carecería de poderío nuclear suficiente, y por tanto de su principal elemento de convicción para disuadir al Kremlin, que almacena 6.000 armas nucleares.
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Soldados españoles de Montaña de la División San Marcial de Burgos participan en las duras maniobras de Respuesta Fría de la OTAN en Noruega. / ET
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No es solo cuestión de arsenal, es también de determinación. Lo explica un oficial en activo de muy alto nivel que asesora en el Ministerio de Defensa: “La disuasión que la OTAN proporciona depende mucho de la percepción de unidad, y los mensajes de Trump le están haciendo mucho daño”.
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En este sentido, una guerra en Europa provocada por un ataque de la Rusia de Putin la ve “más probable” sin EEUU en la coalición militar occidental. Ahora Rusia está agotada por el esfuerzo -en vidas y en recursos materiales- que le supone Ucrania, “pero, si percibe debilidad, intentará aprovecharla, quizá en unos años”, estima esta fuente.
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Su colega y general de División de Artillería retirado Alfredo Sanz señala incluso, en ese escenario hipotético, un punto de erupción de una nueva guerra en Europa: Narva, enclave fronterizo de Estonia, de mayoría rusófila, “que podría ser el próximo Donbás”.
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En ese escenario de una OTAN descabezada, “más que la guerra, que es imposible contra una potencia con 6.000 ojivas nucleares, me preocupa el chantaje, lo que podemos tener que ceder para evitarla”, considera el almirante Rodríguez Garat.
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Sin orden ni concierto
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En términos cuantitativos absolutos, la ausencia de Estados Unidos en la OTAN supondría dejar 30 bases fijas y 18 emplazamientos de rango inferior en Europa, y la retirada de 84.000 soldados desplegados en el viejo continente. Pero ese no ha de ser necesariamente el escenario que, según Sanz, sucedería a una disolución de la Alianza. “En realidad Trump puede estar buscando romper Europa, negociar acuerdos bilaterales con los países que le sean más proclives, en lugar de tener a todos sus aliados juntos en una sola organización”, sospecha el general.
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Eso supondría que los países más al Este, los que bordean a Rusia, no tendrían otra que aceptar las imposiciones de la Casa Blanca sin rechistar, “pero Trump comete un error si cree que así podría controlarlos mejor o le sería más fácil negociar”, advierte.
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El interior distópico de la sede de la OTAN en Bruselas. En la foto, el Secretario General Mark Rutte con el Primer Ministro búlgaro Andrey Burov el 19 de marzo. / NATO DPA
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Alfredo Sanz fue director de Recursos Humanos con despacho en el singular edificio que sirve en Bruselas de sede de la OTAN, por cuyo interior, una arquitectura del vacío flanqueada por cristal, luz y suelos brillantes, desfila una multinacional plantilla de funcionarios, militares y diplomáticos, de los que uno de cada tres es norteamericano. Desde esa experiencia apunta que la Alianza sin Estados Unidos no tendría viabilidad porque se quebraría el mecanismo de consenso.
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Ninguna gran decisión en la OTAN se toma sin el acuerdo de todos los aliados. Y para eso “hay que generar consenso, aunque sea a base de negociar hasta la última coma”. En esos complicados procesos, “Estados Unidos juega muy a menudo un papel de poder para forzar el acuerdo”.
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Pérdida económica
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No es solo una cuestión de dinero, como ha parecido desprenderse de las muchas veces que Trump ha arrojado reproches a sus aliados europeos. Pero, ciertamente, una OTAN sin EEUU sería una alianza defensiva sin el 59% de sus recursos financieros.
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La balanza de esfuerzo económico se ha nivelado mucho con los aldabonazos norteamericanos que vienen sonando desde la cumbre de Glasgow en 2014. Si hace doce años los aliados europeos y Canadá ponían solo el 27%, ahora ya aportan el 41%, según los datos del informe anual publicado por la alianza a finales de marzo, ese que ratifica que España ha alcanzado el 2% de su PIB dedicado a defensa.
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La Alianza Atlántica mueve 1,41 billones de dólares en inversión en defensa. De esos, 574.000 millones son los que ponen los aliados europeos y Canadá. El resto sale del erario estadounidense.
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Qué ha hecho la OTAN por España
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Estos días rememoran los militares españoles de cierta edad qué ha hecho la OTAN por las Fuerzas Armadas españolas. Lo más importante, una didáctica democrática. El general Alfredo Sanz lo tiene escrito y meditado. La España que ingresa en la Alianza Atlántica en 1982 “venía de un intento de golpe de Estado, y con militares en gran parte curtidos durante el franquismo y refractarios al control civil sobre el Ejército”, recuerda.
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Entrar en la OTAN supuso para los ejércitos españoles “aprender estándares democráticos”, dice Sanz. Y ese cambio de cultura vino de la mano de una revolución, la de tener que integrar a jóvenes oficiales españoles, los más brillantes, en los cuadros de mando de las estructuras de la Alianza. “Es mucho más que un Erasmus integrarse y trabajar en cuarteles generales multinacionales”, resume.
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Con el tiempo, pasados más de diez años del ingreso de España, tocó a los militares españoles hacer ellos mismos esa didáctica democrática con los de otros países. Y así, se recuerda Sanz de misión en los Balcanes en los 90, hablándoles a oficiales bosnios y croatas de los necesarios límites del poder militar.
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Última visita recibida en España de un jefe militar de la Alianza Atlántica. Alexus G. Grynkewich, Comandante Supremo Aliado (izquierda), con el Rey y el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Teodoro Esteban López Calderón, el 25 de marzo / Diego Radamés EUROPA PRESS
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Hay, claro, otras ganancias. Las Fuerzas Armadas españolas pasan por ser hoy en día de las que más experiencia y elasticidad tienen para despliegues internacionales, de tantos como han hecho. Tantos, que hoy es raro el militar en activo que al menos no tenga dos rotaciones fuera en su curriculum.
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La otra aportación de la OTAN a España es operativa. Se refleja gráficamente en el entramado de banderitas que se ve en el papel cuando la Alianza describe una brigada multinacional. Varios de los militares con los que este diario ha hablado este miércoles han citado la interoperabilidad. O sea, la capacidad de hombres, colectivos y máquinas de hablar y coordinarse con los de otros países.
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Sanz apunta como ejemplo los raids aéreos de pilotos españoles y norteamericanos de cazas F-18 sobre Serbia en la guerra de Kosovo… “y los norteamericanos no vuelan con quien no les genera confianza”, subraya. Un oficial en activo del Ejército del Aire y del Espacio señala en esta parte de la conversación los muchos intercambios con aviadores aliados en las misiones de policía aérea en el Báltico.
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Manuel Rey, coronel aviador y ex agente del CESID ya fallecido, aportaría ahora una escena de punto y aparte en la historia militar española, un prólogo del ingreso en la OTAN que relató a este diario: la vergüenza que pasó el 23 de febrero de 1981, para él otro día lectivo de un curso con la Fuerza Aérea de EEUU cuando, al aterrizar y bajar de su avión en la pista de una base de Carolina del Sur, vio venir apresurado a un compañero estadounidense que no entendía nada de lo que acababa de ver en la televisión: “¡Manuel, Manuel, que un torero ha entrado a tiros en el parlamento de tu país!”
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