Queremos hablar sin tener que apretar botones
Maria Paquita Agustí vive en una residencia de Riba-roja d’Ebre (Tarragona) y, este 28 de febrero, cumple 100 años. Nació en 1926 en Pallejà (Baix Llobregat, Barcelona) y tiene una hija, dos nietos y una bisnieta. Ha representado a Catalunya en la videollamada más longeva del mundo que reunió a un centenario por comunidad autónoma. Un encuentro que fue organizado por Maximiliana, una ‘startup’ de móviles para mayores que lleva el nombre de la abuela de Jorge Terreu, su fundador y el gestor de una reunión extraordinaria que nació como un homenaje a todos los centenarios de España y acabó siendo un hito: 1.757 años de vida en una misma videollamada y una media de 103 años de edad entre los 17 participantes.
[–>[–>[–>La inusual conexión comenzó con la presentación de cada uno de los centenarios: nombre, comunidad autónoma y edad. Desde los casi 100 años de Maria Paquita como la más «joven» del grupo, hasta los 111 de Sor Rosario (Cantabria), la tercera persona más mayor de España, un país donde ya hay casi 16.000 centenarios, de los cuales, más de 3.000 viven en Catalunya.
[–> [–>[–>El secreto de Maria Paquita
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Con momentos divertidos, anécdotas entrañables y algún que otro recuerdo de los bailes de antaño, la videollamada rindió homenaje a los más de 100 años de historia de esta generación, explica Terreu, de 27 años, que vive en Zaragoza. Maria Paquita fue una de las ilustres participantes en la reunión.
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Cuenta su familia que «tiene una vida normal, nada especial», pero que el secreto de su longevidad se desvela por parte de padre. En esa rama, todos han muerto muy mayores. El más mayor, un tío con 106 años. Además, a la catalana le gusta «mucho el bingo» y, cuando algo no le convence, suelta su frase favorita: «Es el pintar como el querer».
[–>[–>[–>«De justicia social»
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Arropada por toda su familia, esta centenaria que vive en Tarragona recibió de la mano de sus hijos y sobrinos la placa conmemorativa que la acredita como participante en la videollamada más longeva del mundo. Nunca antes se había logrado reunir a tantos supermayores en una conexión de este tipo. Para hacerlo posible, la empresa fundada por Terreu envió a cada centenario un móvil Maximiliana para que pudieran conectarse de forma sencilla. El objetivo final, mostrarles que se puede romper esa brecha digital que tantas veces les arrincona.
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«Lo veo un tema de justicia social. Todas las ventajas, facilidades y avances que tenemos actualmente, es porque en el pasado se ha trabajado mucho. Es injusto que las personas que han llevado el peso de ese trabajo queden excluidas de todo lo que aporta la tecnología, que es un montón, solo por falta de una adaptación especial, que es lo que necesitan. Más que el resto, por las dificultades de moverse, por la soledad… «, explica el fundador de Maximiliana.
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[–>Los mayores y la tecnología
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Una conexión que considera fundamental porque él mismo tiene una estrecha relación con su abuela Maximiliana, el mismo nombre de su ‘startup’, que nació en 2020. Jorge estaba entonces estudiando Ingeniería Informática en Lyon (Francia), con una beca Erasmus, y tenía serios problemas para comunicarse con ella, que ahora tiene 94 años. «Cuando le llamaba por teléfono, se hacía un lío enorme. No le daba al botón bien o le daba a otro botón y dejaba el teléfono en un estado que ya era imposible. Yo dependía mucho de mi madre para llamar. Si estaba en casa de mi abuela, ella le ponía el teléfono», recuerda.
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Entonces, el estudiante pensó en hacer algo para tener autonomía, poder llamarle y establecer una videollamada sin que ella tuviera que tocar nada. No había nada semejante en el mercado. «Lo primero que hice fue entrar en Google y buscar qué alternativas existían. Como no encontré nada, pues ya empecé a pensarlo. La clave es que yo, desde mi teléfono, puedo controlar completamente el de mi abuela. Entonces puedo ver la ubicación, puedo ver la batería y puedo hacer llamadas y videollamadas que se pueden descolgar solas, sin que ella tenga que hacer nada», explica.
[–>[–>[–>La abuela Maximiliana
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Hoy, más de 4.000 mayores, usan a diario el dispositivo que Terreu ideó para comunicarse con sus familias. La abuela de Jorge, cómo no, está encantada. «Fui viviendo todo el proyecto con ella desde el día uno y le dije: ‘Abuela, estoy haciendo esto para ti, porque te haces un lío‘. Me contestó: ‘Si tengo que tocar un solo botón, no va a entrar en casa’. Sin embargo, ya lleva dos años usando el dispositivo y está contenta».
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El joven ingeniero informático hace una reflexión final. Lo más bonito de crear su proyecto, afirma, ha sido el tiempo que ha podido pasar junto a su abuela. «Es lo que ella más ha valorado de todo es ese tiempo. Es la grandeza de la forma de ser de la gente mayor. Tienen en general poco ego, por decirlo de alguna forma, y lo que quieren es compañía y cercanía».
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