Recordatorio de vida
Al ver y leer la esquela en LA NUEVA ESPAÑA, publicada el último lunes, 11 de mayo, conocí el reciente fallecimiento de Rodrigo Fabio Suárez Montes. Fue profesor de Derecho Penal en la Universidad de Oviedo y profesor mío hace sesenta años en el mismo centro universitario, en el segundo curso de la Licenciatura de Derecho, en la calle San Francisco de Oviedo. Entonces Fabio muy joven, era profesor adjunto y más tarde sería catedrático. Desde aquellos lejanos tiempos, y ahora lo lamento, nunca lo volví a ver.
[–>[–>[–>Recuerdo ahora al profesor Suárez Montes con precisión: distante de apariencia, introvertido o muy metido en sí mismo; de andares reposados y con una cabeza brillante, que, por no tener ya pelo, resplandecía y lucía como un sol. Elegante con blazer azul o con chaqueta marrón de colegial del Colegio Mayor San Gregorio. Su oratoria era vacilante e insegura, y teniendo en cuenta que explicaba abstracciones filosóficas de la llamada «Teoría del delito», daba a sus lecciones un matiz de hermetismo y obscuridad. Con frecuencia citaba el finalismo de Hans Welzel, muy en boga en aquellos años y menos hoy.
[–> [–>[–>Parecía difícil la transmisión del saber científico del Derecho Penal del profesor a los alumnos, pero como con frecuencia sucede, en mi caso -reitero- en mi caso, lo milagroso se produjo. Los temas principales de la Parte General (la acción, la antijuridicidad, la tipicidad, etcétera) los aprendí fascinado por la lógica y la coherencia, reconociendo en el profesor Fabio una excelencia que me sirvió mucho, muchísimo, en posteriores oposiciones en las que había temas de Derecho Penal.
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Sería injusto no recordar al ya entonces fiscal, Jesús Bernal, también hoy ya desaparecido, que de su Salamanca natal trajo a Oviedo los apuntes penales del republicano don Antón Oneca. Cuello Calón, recordado por Plá en «El cuaderno gris», era uno de los manuales de estudio, editado por Bosch, aunque no recomendado por Suárez Montes.
[–>[–>[–>Brillantes fueron las lecciones de Suárez Montes, que tuvo que explicar el concepto de delito en el Código Penal, no el de 1995, el llamado «de la democracia», tampoco el de 1973, en la Dictadura, sino el «Código Penal texto revisado de 1963», más Dictadura aún y muy anterior a la Constitución de 1978, tan importante para el Derecho Civil y el Penal. Usé también sus lecciones y explicaciones para resolver cuestiones prácticas al principio y al final de mi vida profesional.
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Hace unos meses adquirí un libro, como de bolsillo, siendo su autor Gonzalo Quintero Olivares, destacado penalista, titulado «Teoría del delito», que es un compendio actualizado de sabiduría jurídico penal de la que Mpudiéramos llamar Parte General del Derecho Penal, con ideas sobre el ius puniendi, y las teorías sobre la ley penal, el delito y la pena. Si traigo a colación ese importante libro, editado por Iustel el año pasado (2025), es porque su lectura me supuso un recuerdo reiterado de lo que mucho que antes había aprendido del profesor Fabio Suárez Montes.
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[–>Se dijo: «El tiempo que nos mata,nos aclara». Y ese mismo tiempo que, poco a poco, me va matando, ha consolidado en mi subjetividad ideas ciertas y claras. Por eso, salto a la palestra con este recordatorio de vida.
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