Recortes de gasto público, freno a la inmigración y abandono de las políticas verdes

La presentación esta semana del plan económico del Gobierno laborista del Reino Unido ha confirmado el giro cada vez mayor del primer ministro, Keir Starmer, hacia las políticas de derechas. Starmer ha apostado por una estricta política fiscal para evitar un aumento de los intereses de la deuda y ha anunciado importantes recortes del gasto público, incluidos 6.000 millones de euros en prestaciones sociales, con el objetivo de hacer cuadrar las cuentas sin la necesidad de aprobar nuevas subidas de impuestos. La tendencia hacia la austeridad se suma a una política migratoria cada vez más dura y al creciente abandono de la agenda verde en favor del desarrollo económico.
La apuesta de los laboristas por una política fiscal rígida tiene su origen en el desastroso presupuesto de la exprimera ministra conservadora Liz Truss, el cual provocó un terremoto en los mercados en octubre de 2022 y aupó en las encuestas al partido de Starmer. Desde entonces, tanto el primer ministro como la ministra de Economía, Rachel Reeves, han insistido en la necesidad de mostrar credibilidad a nivel financiero con un estricto control del gasto público, a pesar de que los diputados laboristas más cercanos a la izquierda del partido han advertido de que los recientes recortes afectarán a las familias con menos ingresos.
Recortes sociales
A pesar de las críticas, el Gobierno ha evitado aprobar nuevas subidas de impuestos a los más ricos y ha apostado por limitar el acceso a las ayudas por discapacidad y por enfermedades de larga duración para incentivar el regreso de millones de trabajadores inactivos al mercado laboral, muchos de ellos jóvenes. Starmer asegura que los programas para fomentar el empleo forman parte de los valores históricos de su partido, pero todavía no está claro si su estrategia dará resultados a corto plazo. Mientras, las previsiones del propio Gobierno apuntan a que el número de personas en situación de pobreza aumentará en 250.000 debido a los recortes.
Eunice Goes, profesora de política en la Richmond University de Londres, reconoce que el Gobierno está haciendo esfuerzos para proteger los derechos de los trabajadores, pero señala que, al mismo tiempo, está fijando una “línea divisoria” entre las personas que trabajan y las que no. “Esta es una señal para captar la atención de los votantes en las circunscripciones marginales [aquellas en las que los laboristas ganaron por un escaso margen en las pasadas elecciones]cual apoyo principalmente Recortes de beneficios sociales. Existe la idea de que muchas personas reciben estos SIDA sin realmente necesitarlos ”, dice Goes.
La preocupación en las filas laboristas por la amenaza del partido de derecha populista Reform UK, especialmente en las circunscripciones marginales del norte de Inglaterra y en Gales, ha contribuido a este viraje a la derecha no solo en términos económicos, sino también en materia migratoria. El Gobierno ha puesto en marcha medidas para frenar la llegada de inmigrantes en los últimos meses, entre ellas un aumento del número de deportaciones y nuevas limitaciones para obtener la ciudadanía británica. “Quieren demostrar que están siendo duros en esta materia porque saben que deben lograr resultados antes de las próximas elecciones”, asegura Goes.
Objetivos climáticos
El cambio de postura del Ejecutivo en la lucha contra el cambio climático también ha sido evidente. Starmer ya dio marcha atrás, pocos meses antes de las elecciones, a su plan de invertir 28.000 millones de libras anuales (33.000 millones de euros) en proyectos para la transición ecológica. Una cifra que se vio reducida a menos de 6.000 millones de libras anuales. Desde su llegada al poder, los laboristas han defendido la construcción de una tercera pista de aterrizaje en el aeropuerto de Heathrow y la reducción de las zonas protegidas para facilitar el desarrollo de la energía nuclear y la construcción de viviendas, a pesar de las críticas de organizaciones ecologistas.
“Hay una lucha interna dentro del Gobierno entre los que están preocupados por el bajo crecimiento económico y los que defienden medidas ambientalistas, entre ellos el ministro de Energía, Ed Miliband”, asegura Richard Johnson, experto en el Partido Laborista y profesor de política de la Queen Mary University de Londres. Una lucha que el ministro laborista –exlíder del partido y miembro de la llamada “soft left”, la facción que se sitúa entre el sector más moderado y el sector más izquierdista– parece estar perdiendo por ahora. “Lo más probable es que Miliband abandone el Gobierno en los próximos 12 meses por las discordancias internas”, añade el profesor.
Las recientes decisiones en materia económica, migratoria y climática están provocando un aumento de la tensión tanto dentro del Ejecutivo como en el grupo parlamentario laborista. Pero Johnson ve poco probable que las rebeliones internas alcancen una magnitud suficiente para hacer tambalear a Starmer, quien sigue contando con el apoyo de una amplia mayoría de diputados en la Cámara de los Comunes. “Muchos de los diputados laboristas elegidos en las pasadas elecciones fueron puestos a dedo por la facción más centrista del partido. No creo que Starmer se enfrente a grandes desafíos en ese sentido”, sentencia.
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