Reducir el problema de la vivienda a la migración es ignorar un problema estructural
Los datos y la IA suelen asociarse al rastreo de personas, la hipervigilancia de fronteras y la identificación de perfiles de riesgo. Pero también sirven para orientar políticas públicas y contrastar eslóganes con evidencias. «Reducir el problema de la vivienda a la migración es ignorar un problema estructural mucho más amplio», afirmó Denis Kierans, consultor de estadística de la ONU, afiliado a Oxford e investigador visitante del CSIC, en un simposio del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) celebrado este jueves en Barcelona. Frente al discurso de la extrema derecha que atribuye a la población migrante la escasez de vivienda y la subida de precios, Kierans pidió «mirar también la estructura del mercado y el comportamiento de la población residente«.
[–>[–>[–>Los expertos coincidieron en que la migración se ha convertido en un terreno de sobresimplificación partidista. Se la invoca para explicar la precariedad laboral o el encarecimiento del alquiler, aunque a menudo faltan datos para distinguir entre volumen, trayectorias y efectos reales.
[–> [–>[–>A eso se suma un problema de homogeneización al hablar de «los migrantes» como un bloque uniforme o como si la nacionalidad determinara el nivel educativo o el poder adquisitivo. Kierans puso el ejemplo de la migración venezolana en Madrid —ciudad en la que reside por su cargo en el CSIC—: hay perfiles de alto poder adquisitivo en zonas como el barrio de Salamanca, pero también otros con formación y experiencia que acaban en empleos no cualificados por las dificultades para convalidar títulos e incorporarse al mercado laboral en condiciones acordes. La nacionalidad por sí sola explica poco: «Dentro de un mismo grupo migrante puede haber trayectorias económicas completamente opuestas».
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Integración y empleo
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«El reconocimiento de titulaciones es una palanca política clave para acelerar la integración laboral«, señaló Kierans. En Reino Unido, el sistema sanitario lleva años incorporando profesionales formados fuera del país, incluidos médicos de Nigeria, Ghana y otros países de África occidental, además de enfermeras de Filipinas y de España, sobre todo antes del Brexit. En Canadá, en cambio, la homologación puede retrasar o bloquear la inserción laboral de médicos y docentes formados en el extranjero, lo que desincentiva su llegada.
[–>[–>[–>Ese contraste refuerza otra idea: los datos migratorios se usan a menudo para responder preguntas que no tienen respuesta. A un fenómeno complejo se le exigen respuestas simples, y eso alimenta soluciones pobres. En plena expansión de la IA y de nuevas fuentes de información, harán falta marcos multilaterales más sólidos de privacidad y gobernanza.
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Censura estadística
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Aplicado a la vivienda, Ana Isabel Moreno Monroy, jefa de estadística para regiones y ciudades de la OCDE, coincidió con Kierans en que el foco no debe ponerse solo en la llegada de población migrante, sino en los factores estructurales del mercado. «El problema no es solo quién llega, sino la vivienda que no se construyó», resumió. Y lo ilustró de esta manera: «La gente ve al migrante que llega, pero no ve el edificio que nunca se levantó».
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[–>Moreno alertó sobre el riesgo de establecer causalidades equivocadas entre dos datos, con tal de convertir a un grupo vulnerable en culpable. Y va un paso más allá: en el terreno político, la presencia o ausencia de datos puede visibilizar o borrar comunidades enteras.
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«Si quieres evaluar políticas públicas, primero tienes que hacer visibles a las poblaciones a las que afectan», sostuvo. «Sin datos desagregados, haces política pública en abstracto»: no sabes quién es el grupo, dónde vive ni cómo evoluciona. De ahí su advertencia: «Puedes volver invisible a una población simplemente dejando de contarla».
[–>[–>[–>Su preocupación es lo que llama «censura estadística«. Sin señalar a ningún país en concreto, aludió a la deriva autoritaria de gobiernos occidentales tradicionalmente considerados democracias, y teme que los gobiernos dejen de producir datos sobre determinados grupos con tal de ocultar brechas sociales. Cuando eso ocurre, desaparece la posibilidad de evaluar políticas con rigor y se allana el terreno para debatir desde el prejuicio o la consigna.
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Llegada de refugiados en un bote neumático que zarpó de Türkiye hacia la isla griega de Lesbos, cerca de la ciudad portuaria de Mitilini / Kay Nietfeld/ DPA/ Europa Press
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Datos para actuar
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En el terreno humanitario, los datos pueden ser cuestión de vida o muerte. Robert Trigwell, coordinador del monitoreo de desplazamientos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), explicó que en contextos de crisis la discusión sobre datos determina la capacidad de actuar. «Nuestro trabajo consiste en convertir los movimientos de población en evidencia útil para orientar respuestas humanitarias y políticas«. La información sobre movilidad se recoge para decidir dónde intervenir, cómo proteger y cómo planificar.
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«La acción humanitaria se ha vuelto mucho más dependiente de los datos en las últimas décadas», dijo Trigwell. Esa dependencia se ha agudizado con la restricción presupuestaria: «2025 marcó un punto de inflexión»; la retirada de financiación empezó a afectar seriamente a la capacidad de sostener respuestas basadas en evidencia. Cuando disminuye el trabajo de campo, las agencias recurren a la telefonía móvil, las redes sociales, las imágenes satelitales o las trazas digitales.
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La dificultad está en equilibrar la capacidad transformadora de los datos con la ética de su recopilación. «Los datos de telefonía, redes sociales o imágenes pueden ayudar a entender movimientos, pero solo si se usan de forma segura y ética», advirtió Trigwell. Y subrayó un riesgo delicado: «Nos preocupa el cruce de datos, porque puede terminar exponiendo a comunidades vulnerables«. Y resume así el dilema: «La gran pregunta ética no es solo cuándo usar estas herramientas, sino también cuándo no usarlas».
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Con guerras en Oriente Medio y desplazamientos forzados, tomar decisiones informadas sobre políticas públicas puede ser una cuestión de vida o muerte. Entender la movilidad, señaló Trigwell, es esencial para «proteger a migrantes y poblaciones desplazadas en Sudán, Líbano o el Sahel, decidir mejor, llegar antes y reducir daños», concluyó.
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