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Reform se enfría en las encuestas en pleno pulso electoral

Reform se enfría en las encuestas en pleno pulso electoral
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  • Publishedmarzo 28, 2026




Cada vez es más difícil presumir de su amistad con Donald Trump. Si no, dígaselo a Nigel Farage. El niño terrible de la política británica, protagonista del Brexit, hace desde hace años de su cercanía con el inquilino de la Casa Blanca una credencial política, presentándose incluso como el mejor intermediario para preservar la histórica “relación especial” entre Londres y Washington.

Pero La asociación con Trump en plena escalada de la guerra con Irán –y su impacto directo en el precio del petróleo– está pasando factura a Reform UK en un momento crítico. En vísperas de las elecciones locales y regionales de mayo, Farage aspiraba a erigirse como una alternativa real al primer ministro. Pero dentro del partido ya admiten “nervios” por el riesgo de no lograr el resultado necesario para certificar la muerte del sistema bipartidista. El temor es concreto: caer por debajo del 25% de los votos el 7 de mayo. Un umbral psicológico que pondría en duda la historia de un avance imparable hacia Downing Street. Desde la formación populista aseguran que la oposición les va a aplastar con el argumento de «quién se supone que es el mejor amigo del tipo que empezó esta guerra».

A este desgaste se suma una semana especialmente turbulenta. El lanzamiento oficial de la campaña reformista para las elecciones en Escocia, Gales y los ayuntamientos de Inglaterra ha coincidido con una cadena de polémicas que refuerzan la imagen del desorden interno.

Horas antes del acto de presentación de campaña la noche del pasado jueves, Los partidos de la oposición pidieron la suspensión de un candidato galés tras difundirse una imagen en la que parecía realizar un saludo nazi. Días antes, el candidato a la alcaldía de Hampshire y Solent fue destituido tras calificar de “islamistas a caballo” a los miembros de un servicio de ambulancias judío, víctimas de un ataque incendiario. Y, en paralelo, un candidato en Gales abandonó la carrera en medio de acusaciones de “lanzarse en paracaídas” desde fuera del distrito electoral. El goteo de polémicas alcanza también al ex candidato parlamentario Matthew Goodwin, cuestionado por supuestamente haber fabricado citas y distorsionado estadísticas en su libro Suicide of a Nation: Immigration, Islam, Identity.

A pesar de esto, Farage mantiene objetivos ambiciosos: miles de escaños en los consejos locales, centrándose en el noreste de Inglaterra, el este y los suburbios de Londres.. En Escocia, Reform se sitúa entre el segundo y tercer lugar, detrás del Partido Nacional Escocés. En Gales, disputa el liderato con Plaid Cymru.

Sin embargo, las encuestas empiezan a enfriarse. El partido ronda ahora el 26%, lejos del 31% alcanzado en otoño. Y hay un dato especialmente revelador: Sólo el 13% de los británicos se declara a favor de Trump. Según Luke Tryl de More in Common, “la mayor barrera para votar por la reforma es Trump”.

En este contexto, el primer ministro Keir Starmer también ha decidido actuar. El Gobierno prepara una reforma de gran calado del sistema de financiación política que impacta de lleno en Reform: una prohibición urgente de las donaciones en criptomonedas y un límite de £100.000 a las aportaciones de los británicos residentes en el extranjero.

La medida, que entraría en vigor de inmediato, forma parte de una nueva legislación electoral que también incorpora recomendaciones de un informe independiente elaborado por Philip Rycroft. El documento advierte del riesgo de interferencia extranjera –desde Irán, Rusia y China hasta aliados como Estados Unidos– en la política británica. Reform ha recibido alrededor de £12 millones en el último año del inversor con sede en Tailandia Christopher Harborne, así como financiación de donantes con sede en Mónaco. También es el único partido británico importante que acepta donaciones en criptomonedas.

Rycroft va más allá e incluso sugiere limitar todas las donaciones individuales para “mantener grandes cantidades de dinero fuera de la política”. Whitehall ahora está estudiando ese escenario, junto con controles más estrictos sobre el origen de los fondos.

Desde Reforma, la respuesta ha sido inmediata. Su número dos, Richard Tice, acusa al Gobierno de estar «aterrorizado» por su ascenso y tratando de detenerlo a través de medios regulatorios. Pero el Ejecutivo defiende la urgencia de la reforma. El ministro Steve Reed advierte que no permitirá “ninguna ventana de oportunidad para actores malintencionados”. Starmer lo resume en términos más amplios: proteger la democracia.

El trasfondo es más profundo que una batalla partidista. El informe de Rycroft advierte sobre un ecosistema cada vez más vulnerable a la influencia externa –incluidos actores privados como Elon Musk– y la dificultad de rastrear el dinero político en un mundo digitalizado. La alarma no es retórica. La revisión se encargó tras la condena del ex político reformista Nathan Gill por aceptar sobornos vinculados a Rusia. «No estoy presionando el botón del pánico, pero estoy haciendo sonar la alarma», advirtió Rycroft.



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