Regularizar a los regulares
Albricias, el Gobierno acaba de descubrir que en España hay cientos de miles de inmigrantes sin papeles. Y que es preciso regularizar a un buen puñado de ellos, justo cuando los socios aprietan, los Presupuestos no salen y la legislatura agoniza con respiración asistida.
[–>[–>[–>En la parte presentable, la medida puede sacar de la economía sumergida muchas personas que ya viven en España —mayoritariamente llegadas en avión desde Latinoamérica, no en patera para desgracia de los tertulianos— y que trabajan sin contrato porque el sistema de visados es tan eficaz como las señales de humo de los sioux en un poblado irlandés. Regularizaciones anteriores aumentaron cotizantes, no colapsaron hospitales ni provocaron avalanchas bíblicas en Barajas. Tampoco regalan nacionalidades ni carnés de voto: solo papeles para trabajar y pagar impuestos, ese detalle que suele olvidarse cuando se habla de “efecto llamada” con trompetería del apocalipsis. Egoístamente, alguien tiene que garantizar nuestras pensiones…
[–> [–>[–>La regularización extraordinaria del Gobierno recuerda a los viejos ejércitos de Regulares: se recurre a ellos cuando hacen falta, se les pone uniforme deprisa y se les pide que sostengan la campaña. La diferencia es que entonces se les daba fusil y ahora, con suerte, un permiso de trabajo.
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Y mientras se predica integración y buenismo, se negocia por detrás ceder las competencias de extranjería a Cataluña para contentar a Junts, partido que no disimula su entusiasmo por las políticas de “mano dura” y que compite con Vox a ver quién la tiene más larga. Enorme incoherencia, una más.
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