Rodalies aún debe reparar 3 de cada 4 puntos críticos un mes después del accidente de Gelida
Hace días que el mortífero talud de la AP-7 en Gelida está reparado. Este jueves, las vías de la R4 en este lugar aparecían silenciosas y vacías. Un mes después de que un desprendimiento de tierra provocara no solo la muerte de un maquinista en prácticas sino también la peor crisis de Rodalies de la historia reciente, la provisionalidad sigue instalada en la red ferroviaria catalana. La culpa es de la reparación de los 91 puntos críticos detectados tras el accidente, de los que oficialmente se han arreglado ya 20. No obstante, la revisión exhaustiva de la red ha provocado un efecto ‘boomerang’ y constantemente aparecen nuevas actuaciones a afrontar. De hecho, aún se está trabajando en tres de cada cuatro puntos.
[–>[–>[–>Los números cambian casi a diario. Ahora mismo en la lista son algo más de un centenar, aunque esto no significa que la infraestructura esté peor, recalcan los técnicos, sino que la meticulosa vigilancia revela situaciones que no se habían detectado hasta el momento. Si hay más personal escrutando Rodalies, y además se fijan en aspectos diferentes, inevitablemente se descubren más problemas. Según ha podido saber EL PERIÓDICO, este «proceso vivo» ha hecho que, si hasta ahora se habían concentrado en trincheras y taludes (que las copiosas lluvias habían castigado), ahora se fijen también en puentes o túneles.
[–> [–>[–>Controles que se eternizan
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Pero, más allá del balance de estas tareas, lo más relevante es que el siniestro de Gelida (y el de Adamuz de dos días antes) ha cambiado muchas cosas. La «sensibilidad» de los maquinistas, que perdieron a un compañero y que han detectado que sus reclamaciones se escuchan más que nunca (huelgas mediante), está provocando que, para dar por transitable un tramo, se eternicen los trámites. El gestor de las infraestructuras, Adif, con un despliegue inédito de 400 operarios sobre el terreno, ejecuta la obra y la pone a disposición de Renfe.
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Un cartel indica la proximidad de las vías R4, en el lugar del accidente de Gelida, junto a la autopista AP-7, este miércoles. / Zowy Voeten
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Después, son los responsables de seguridad de circulación de la operadora y los propios maquinistas quienes validan que ese recorrido cumple con sus exigencias. Y, ya con el aval de todos, se comunica a la Generalitat que puede disponer del tramo en cuestión. No obstante, tras cuatro semanas de anuncios de reaperturas fallidos, desde la Conselleria de Territori prefieren ser precavidos y asegurarse de que realmente vale la pena restablecer el paso de trenes en un determinado servicio.
[–>[–>[–>Prudencia gubernamental
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Ni la consellera ni el secretario de Estado del Ministerio de Transportes, José Antonio Santano, todavía instalado en Barcelona, se atreven a actualizar los plazos sobre la recuperación de la «normalidad perversa», en palabras de la propia Sílvia Paneque. La última vez que lo hicieron, el viernes de la semana pasada, la tozuda realidad les devolvió un restablecimiento fallido en la RL4 entre Cervera y Manresa. Y, sobre todo, la bochornosa imagen de un túnel en el que «llovía» dentro, algo que obligó a cortar otra vez el servicio y subir a los viajeros a un bus.
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Las vías de la R4 en Gelida, con el talud que se cayó el 20 de enero, reparadas posteriormente / Zowy Voeten
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Fuentes conocedoras de lo que ocurre en los despachos aseguran que los 91 puntos críticos en los que se ha decidido actuar de emergencia presentan fallos de diferente gravedad. La resolución de los 20 primeros en dos semanas ha permitido reprender servicios poco a poco, aunque la situación de provisionalidad se prolonga ya desde hace un mes, para desespero de las personas que necesitan Rodalies porque no tienen alternativa.
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[–>Limitaciones que condicionan
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Tras el accidente, los equipos de Adif y Renfe, bajo la vigilancia de Territori, han dibujado un mapa ferroviario en el que hay hasta 31 tramos en los que trabajar, de los que casi la mitad se sitúan en las líneas R3 y R4. Inicialmente, se sumaron 648 puntos a inspeccionar, pese a que esa cifra ha quedado obsoleta y lo que más preocupa a unos y otros es validar con toda seguridad que se puede circular. Este miércoles, sin ir más lejos, el viento dejó sin transporte la R16 entre Tarragona y Tortosa: si algo se ha aprendido durante la crisis es que más vale prevenir que curar.
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Otra de las realidades con las que tienen que lidiar es con las limitaciones temporales de velocidad. Si antes del accidente del 20 de enero había un centenar de tramos en los que se debía aminorar la marcha porque las circunstancias de la vía así lo recomendaban, ahora se ha doblado el número. Rodalies continúa apedazado, pendiente del celo de todas las partes, con la vía en Gelida lista para ser usada por trenes de pasajeros, pero por la que solo pasan mercancías desde el día 9.
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