Rubén C. Lois, catedrático en Geografía: “Mieres es un caso de libro de cómo una ciudad puede reinventarse tras encoger”
El campus de Mieres acaba de acoger el II Encuentro de la Red Estratégica para la creación de un Observatorio de la Despoblación y el Despoblamiento (DESP-OB), una iniciativa estatal que reúne a once centros de investigación con el objetivo de analizar las causas, impactos y posibles respuestas al fenómeno del despoblamiento. El coordinador de la red, el catedrático en Geografía Rubén C. Lois. Atendió al termino del congreso a LA NUEVA ESPAÑA para analizar el balance de unas jornadas de trabajo que convirtieron Barredo en un laboratorio para analizar el despoblamiento en territorios posindustriales.
[–>[–>[–>– ¿Qué hace especialmente interesante a Mieres dentro de las llamadas “ciudades que encogen”?
[–> [–>[–>– Elegimos Mieres por una combinación de factores. Por un lado, la implicación de la Universidad de Oviedo, a través de Elena Lasarte y el grupo RegioLab, que forma parte de nuestra red y propuso Asturias como sede. Pero hay un elemento más relevante desde el punto de vista científico. Cuando hablamos de despoblación solemos centrarnos en el mundo rural, en territorios que sufrieron un éxodo muy fuerte en los años 60 y 70. Sin embargo, hay otra realidad menos visibilizada, la de las ciudades industriales o mineras que, tras alcanzar un gran desarrollo, empiezan a perder población. Mieres encaja perfectamente en esa categoría de “shrinking cities”, un concepto muy trabajado en la geografía urbana internacional.
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– ¿Puede servir su modelo como referencia para otros territorios posindustriales?
[–>[–>[–>-Sí, porque refleja un proceso muy común. Son territorios que vivieron un auge ligado a una actividad concreta, en este caso la minería, y que, cuando esa actividad desaparece o se reduce, entran en una fase de declive. Pero eso no significa que no tengan futuro. Hay ejemplos internacionales como Detroit o Sheffield que han logrado reinventarse a través de la innovación, la cultura o nuevos sectores económicos. Mieres tiene potencial para seguir ese camino, para reinventarse, sobre todo por su cercanía a Oviedo y Gijón, su disponibilidad de suelo y su base de conocimiento.
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– ¿Estamos ante un problema irreversible o todavía hay margen para revertir el despoblamiento?
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[–>– No es irreversible. Los territorios funcionan por ciclos. En su momento se pensó que la industrialización iba a garantizar un crecimiento indefinido, y no fue así. Ahora estamos en una fase de reajuste. Si se aplican políticas activas de reindustrialización, si se apuesta por la innovación y se aprovechan los recursos existentes, es posible estabilizar la población e incluso crecer. Ya hay ejemplos de lugares que llevaban décadas perdiendo habitantes y han empezado a recuperarlos.
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– ¿Qué factores pesan más hoy: el envejecimiento, la falta de empleo o la pérdida de servicios?
[–>[–>[–>– El factor clave es el empleo, y especialmente la falta de diversificación económica. Si un territorio depende de una sola actividad, como ocurrió con la minería, cuando esa actividad cae arrastra todo lo demás. El envejecimiento es más bien una consecuencia de esa pérdida de dinamismo. Si hay empleo y oportunidades, la población se mantiene, llegan jóvenes y se sostienen los servicios.
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– ¿En qué se diferencia el despoblamiento rural clásico del que afecta a territorios industriales como las cuencas mineras?
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-En el origen del problema. En el mundo rural, la población se marcha porque la agricultura deja de ser viable o porque hay mejores oportunidades en las ciudades. En los territorios industriales ocurre lo contrario: había una actividad fuerte que desaparece de forma relativamente rápida. Además, los trabajadores de estos sectores tienen una cualificación muy específica, lo que dificulta su reconversión hacia otros ámbitos.
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-Usted sostiene que “no basta con investigar”. ¿Qué está fallando en la conexión entre universidad y administraciones?
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– No diría que falla, pero sí que es mejorable. Desde la universidad generamos mucho conocimiento, analizamos datos, elaboramos modelos… pero todo eso tiene poco sentido si no se traduce en decisiones concretas. Nuestro trabajo no puede quedarse en publicaciones académicas, tiene que llegar a quienes diseñan y aplican las políticas públicas.
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– ¿Cómo se puede trasladar ese conocimiento a políticas eficaces?
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-A través del contacto directo: encuentros como este, seminarios, cursos, trabajo conjunto con las administraciones. Pero también escuchando. Nosotros aportamos análisis, pero los actores locales tienen un conocimiento práctico imprescindible. La clave está en combinar ambas visiones.
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-¿Las administraciones están preparadas para incorporar ese conocimiento?
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– En general sí, hay receptividad. Lo complejo es coordinar expectativas y tiempos. La investigación va a un ritmo y la gestión pública a otro, pero el diálogo es cada vez más fluido.
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– ¿Qué medidas han demostrado ser más eficaces contra el despoblamiento?
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-No hay una receta única, pero sí elementos comunes: diversificación económica, mejora de la calidad de vida, acceso a vivienda y servicios, y capacidad para atraer actividad. Todo eso genera un entorno más atractivo. Lograr ofertar una buena calidad de vida es esencial.
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– ¿Es posible atraer población o el objetivo debe ser estabilizar la existente?
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– Lo fundamental es lo cualitativo: que la gente viva bien. Si un territorio ofrece calidad de vida, empleo y oportunidades, la población se estabiliza y puede crecer de forma natural. No se trata solo de atraer, sino de retener. Esa es la clave, que la gente quiera quedarse.
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– ¿Cuál es el principal objetivo de la red DESP-OB a corto y medio plazo?
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– Queremos crear un observatorio que analice el despoblamiento en todas sus dimensiones, no solo en el ámbito rural, sino también en contextos urbanos e industriales. Además, buscamos identificar buenas prácticas y generar herramientas útiles para mejorar las políticas públicas. En definitiva, aportar conocimiento que tenga una aplicación real.
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