San Isidro concluye tras vender el 95% de las entradas: «Los toros están de moda»
Rafael García Garrido es el CEO de Nautalia desde hace más de una década, pero también lleva las riendas de Plaza 1, la empresa gestora de la plaza de toros de Las Ventas. En medio de un San Isidro de récord, con un porcentaje de asistencia que ronda el 95% del aforo, Garrido habla de su trayectoria en el recinto de la calle Alcalá.
P: Usted dio el salto al mundo del toro tras una larga trayectoria empresarial en el sector turístico. Cuando llegó a la tauromaquia, el sector atravesaba un momento complicado y Las Ventas había perdido buena parte de su base de abonados. ¿Qué le llevó a apostar por esta actividad y qué potencial vio en ella?
Bueno, más que atractivo, lo que encontré fue una oportunidad. Cuando empezamos esta aventura en 2017 era un momento muy complicado. En concreto, Las Ventas había tocado suelo en cuanto al número de abonados, registrando la cifra más baja de los últimos años. Ahí entendimos que existía una oportunidad para profesionalizar la gestión y darle un carácter empresarial, como cualquier otra empresa del mundo del ocio. Había muchas cosas que no se estaban haciendo y que hoy sí se hacen. De momento, los resultados están siendo muy positivos y, de hecho, los toros están muy de moda en Madrid.
P: Uno de los cambios más relevantes de su gestión fue la liberalización de los precios de las entradas. Frente a quienes defendían mantener las restricciones existentes, ustedes apostaron por introducir criterios de mercado. ¿Cómo se tomó esa decisión y qué resultados ha tenido?
Aquí había dos cuestiones fundamentales. La primera era recuperar el número de abonados. Una plaza como Madrid y una feria como San Isidro necesitan una base sólida de abonados, y eso era precisamente lo que había disminuido. Además, existía una situación claramente injusta: el abonado que compraba la temporada completa pagaba prácticamente lo mismo que quien acudía únicamente a unos pocos festejos. Lo que hicimos fue mantener ventajas para el abonado y ajustar los precios del resto de localidades. Si el producto es atractivo, las cosas no son ni caras ni baratas: valen lo que determina la oferta y la demanda.
P: Además de Las Ventas, también dirige la plaza de Valencia. ¿Qué diferencias encuentra entre gestionar la primera feria de la temporada y organizar un ciclo tan singular como San Isidro?
La diferencia principal es el contexto. En Valencia organizas una feria dentro de una ciudad que está completamente volcada en las Fallas. Toda la ciudad vive una semana de celebración. En Madrid, en cambio, San Isidro se desarrolla durante casi un mes y el único día festivo propiamente dicho es el 15 de mayo. Son realidades distintas, aunque ambas tienen una enorme relevancia. Valencia sigue siendo una plaza de primera categoría y la primera gran feria de la temporada, donde todos los toreros quieren estar. Llevamos ya casi siete años allí y estamos muy satisfechos con la evolución que ha tenido.
P: Durante años el sector pareció resignado a gestionar su propia reducción de tamaño. Sin embargo, ustedes han apostado por invertir en publicidad, comunicación y captación de nuevos públicos. ¿Qué balance hace de esa estrategia?
Yo creo que el potencial de traer público joven ya estaba ahí. Lo que había que hacer era saber llegar a él. Hemos contado con un departamento de comunicación muy potente que ha entendido cómo comunicarse con esos aficionados a través de nuevos canales y nuevas herramientas. Además, hemos incorporado actividades complementarias de ocio después de los festejos. Nuestra idea era que, de cada diez jóvenes que vinieran a la plaza, uno o dos se quedaran. Lo que estamos comprobando es que se quedan los diez. El espectáculo tiene una fuerza enorme cuando alguien lo descubre.
Eso sí, tampoco quiero olvidarme del público de más edad. Hay muchos aficionados de 70 u 80 años que siguen llenando cada tarde los tendidos. Lo que creo que ha ocurrido es que existió una generación perdida, pero ahora estamos viendo una recuperación muy importante. Antes la gente me decía: «yo iba a los toros con mi abuelo». Era una frase bonita, pero encerraba cierta nostalgia. Ahora me dicen: «siempre va mi hijo» o «no sabes la afición que tiene mi sobrino». Eso ha cambiado radicalmente y nos obliga a seguir trabajando para consolidarlo.
P: Desde ANOET han reclamado en numerosas ocasiones una mayor libertad de gestión para las empresas taurinas. El reciente caso de Zaragoza ha vuelto a poner este debate sobre la mesa. ¿Por qué considera tan importante que las administraciones permitan una gestión empresarial más flexible?
Yo creo que Madrid es el mejor ejemplo de lo que puede conseguirse cuando la Administración entiende cuál debe ser su papel. Nosotros nos consideramos unos privilegiados por trabajar bajo la administración de la Comunidad de Madrid, que ha comprendido que quien se juega su dinero debe tener capacidad para producir el espectáculo de la manera que considere más adecuada.
Eso no significa que no deban existir requisitos técnicos o determinadas garantías para gestionar una plaza de primera categoría. Evidentemente tienen que existir. Pero una cosa es establecer unas reglas básicas y otra muy distinta impedir que el empresario pueda desarrollar su proyecto. El caso de Zaragoza ha sido un despropósito desde el principio. Desde ANOET hemos intentado dialogar con la Diputación para corregir la situación, pero no sólo no se ha corregido, sino que ha ido empeorando. Lo llamativo es que, por primera vez, prácticamente todo el sector coincide en señalar que una plaza de primera categoría y una ciudad como Zaragoza necesitan un modelo distinto.
P: Durante esta Feria de San Isidro se ha hecho recurrente ver cómo se cuelga el cartel de «no hay billetes», pero me ha llamado la atención que ahora ya es también su fotografía de WhatsApp. ¿Cómo está viviendo el extraordinario nivel de asistencia que está registrando la plaza?
La verdad es que ha sido una feria extraordinaria. Estamos en niveles del 95%, vamos a superar los 600.000 espectadores y tendremos cifras récord de tardes de lleno. Lo del cartel de «no hay billetes» surgió casi como una broma. Hay corridas que han agotado las localidades desde el mismo momento en que se han puesto a la venta, varios meses antes del festejo. Y claro, entonces te empiezan a llegar llamadas de personas con las que igual llevas años sin hablar y que, casualmente, necesitaban entradas para una fecha concreta… Al final decidí poner el cartel como foto de WhatsApp, aunque debo reconocer que no tuvo demasiado efecto.
P: Le salen muchos amigos por estas fechas, me imagino.
Sí, muchísimos (ríe). Pero bueno, más allá de la anécdota, los datos son muy importantes. Estamos hablando de una ocupación media cercana al lleno total, son más de 23.000 espectadores diarios durante prácticamente un mes entero de espectáculos. Son cifras extraordinarias.
P: Además, muchos observadores destacan que este éxito se ha producido en una feria con una presencia relativamente limitada de las grandes figuras. ¿Qué lectura hace de ello?
Yo creo que eso demuestra la fortaleza del modelo de San Isidro. Evidentemente han estado figuras importantes como Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey o José María Manzanares, pero la Feria no ha dependido exclusivamente de su presencia. Muchas corridas han funcionado extraordinariamente bien por sí mismas. Eso significa que el producto San Isidro está consolidado. Es el resultado de muchos años de trabajo. Estas cosas nunca ocurren por casualidad. Cuando consigues que el público responda de esa manera durante casi un mes entero de eventos, pues eso significa que hay una base muy sólida detrás.
P: Gestionar una feria como San Isidro implica negociar con las principales figuras del toreo. Usted llegó al sector procedente de otra actividad empresarial. ¿Cómo fue ese proceso de adaptación a un mundo tan particular?
Al principio hay que reconocer que no era sencillo. Muchas veces yo veía cómo las figuras del toreo pues digamos que «pasaban por delante» y yo no era del todo consciente de todo lo que estaba ocurriendo. Ahora ya puedo decir que conozco bastante bien cómo funciona este mundo y por suerte creo que me entiendo con todos ellos, lo cual es fundamental porque hablamos de un sector donde el talento es clave.
Hay que entender que la tauromaquia tiene un componente único. El torero se juega la vida delante del toro y eso influye en absolutamente todo. Influye en las negociaciones, en las decisiones, en las relaciones personales. Además, como ocurre en cualquier actividad, existen momentos mejores y peores, toreros que atraviesan etapas de esplendor y matadores que no están como les gustaría estar… Al final siempre hay un grupo reducido de figuras que marcan el paso de la temporada.
Nuestro objetivo es construir la feria que tenemos en la cabeza. Si conseguimos ejecutar el 90% de lo que habíamos planificado, podemos considerarlo un éxito. Yo siempre digo que organizar San Isidro es parecido a elaborar la lista de invitados de una boda: parece sencillo, pero cualquier pequeño cambio altera todo el conjunto. Mover una pieza puede obligarte a rehacer cinco o seis carteles. Como empresario, es un trabajo enormemente complejo.
P: Uno de los grandes fenómenos de la temporada ha sido el impacto de Morante de la Puebla sobre la demanda de entradas. ¿Cómo explica esa auténtica Morantemanía que se ha vivido durante el último año?
Estamos hablando de un fenómeno verdaderamente excepcional. En tu libro Morante, del calvario a la gloria, reflejas bien esa capacidad de Morante de conectar de forma muy intensa con su público y, de hecho, no solamente mantener a sus fieles, sino llegar también a toda una generación de aficionados jóvenes que se ha apasionado por la tauromaquia.
Eso tiene mucho mérito porque, evidentemente, ya no es un torero joven. Sin embargo, ha conseguido convertirse en una referencia para miles de personas que se han acercado a la plaza gracias a él. Eso ayuda enormemente a la fiesta y explica buena parte del momento que estamos viviendo.
P: El 12 de octubre logró cerrar la doble presencia de Morante en Las Ventas, puesto que toreó mañana y tarde. Fue un día histórico. ¿Cómo se gestó aquel proyecto?
La gente suele pensar que estas cosas aparecen de la noche a la mañana, pero detrás hubo muchos meses de conversaciones, especialmente en relación con el festival que se celebró por la mañana, porque Morante le daba muchas vueltas al formato, quería homenajear a Antoñete, levantar un monumento en su honor y reunir en el ruedo a toreros que hubiesen compartido cartel con él.
Inicialmente nosotros no éramos partidarios de organizar un festejo por la mañana y otro por la tarde. Nos parecía una apuesta muy arriesgada. Sin embargo, fue él quien insistió y quien planteó la posibilidad de hacerlo. Incluso llegó a proponernos que el 12-O coincidiera también la inauguración del monumento, aunque finalmente conseguimos convencerle de que eso ya era demasiado… ¡Imagina eso! Inaugurar el monumento, entrar a torear, ir al hotel a cambiarte, volver al ruedo de tarde… ¡Por suerte le convencimos y el monumento se descubrió la víspera del 12-O!
Lo que ocurrió aquel día fue histórico. Casi 50.000 personas pasaron por Las Ventas entre uno y otro festejo. Haber podido formar parte de aquello es un auténtico privilegio.
P: También le tocó vivir de cerca algunos de los momentos más delicados de Morante, especialmente tras la cornada sufrida en Pontevedra y los problemas personales y de salud que él mismo ha relatado. ¿Cómo se gestiona esa situación desde el punto de vista empresarial y humano?
Lo primero que hay que hacer es no presionar. Morante siempre ha dicho que lo que más feliz le hace es torear. Por tanto, si alguna vez no ha comparecido en una plaza es porque realmente no ha podido hacerlo.
En esos momentos lo importante es acompañar sin invadir. Dar un paso atrás y estar disponible, por si te necesitan. Lo peor que yo creo que podría hacer uno es ponerse a llamar constantemente y presionar para saber si va a estar o no… Hay situaciones en las que el empresario tiene que entender que lo prioritario es la persona.
P: Después de casi una década al frente de Las Ventas, ¿qué balance hace de esta etapa y de la función empresarial dentro de la tauromaquia?
Lo que más orgullo me produce es el equipo que hemos conseguido construir. Muchas veces se personalizan los éxitos en quien aparece públicamente, pero sin un gran equipo detrás nada de esto sería posible.
Cuando llegamos, muchos nos veían como gente ajena al sector. Yo siempre recuerdo que llevo cuarenta años siendo aficionado y abonado de Las Ventas, aunque no procediera profesionalmente de la tauromaquia. Lo que queríamos era aportar algo y creo que, en cierta medida, lo hemos conseguido.
Ojalá podamos seguir haciéndolo durante muchos años más. Me considero un privilegiado por dedicarme a algo que me apasiona. Es verdad que la presión es enorme porque aquí los errores se producen delante de miles de personas y tienen una repercusión pública inmediata, pero precisamente por eso las satisfacciones también son mayores cuando las cosas salen bien.
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