Sheinbaum acorta la brecha con España por primera vez en ocho años
A veces, la política exterior no se escribe en los tratados, sino en el miedo compartido. La sombra de Donald Trump ha resultado ser el remedio más eficaz para sacudir la escarcha de la relación entre México y España. Cualquier impasse ha sido relegado para garantizar una prioridad inmediata: la intención del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, de ser el arquitecto de un eje progresista en Occidente. Un objetivo directamente opuesto al del mandatario estadounidense, centrado en extender una especie de internacional ultra. Claudia Sheinbaum parece tener clara la importancia de su papel.
[–>[–>[–>La presidenta mexicana aterrizará este sábado en Barcelona para una cumbre de líderes progresistas que busca una fotografía de unidad. Es un paso calculado tras meses de coreografías para suturar las brechas abiertas después de casi una década de desencuentros. El cable lo tiró España, asegura la internacionalista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), María Cristina Rosas.
[–> [–>[–>El gesto más visible fue que el rey Felipe VI reconociera «abusos» durante la Conquista, aunque no fue el único, explica Rosas. Las palabras fueron un guiño al reclamo que motivó el enfriamiento de las relaciones entre ambos gobiernos de izquierdas durante el mandato del expresidente Andrés Manuel López Obrador y los primeros meses del Gobierno de Sheinbaum.
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El origen del desencuentro
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El expresidente envió una carta a Felipe VI en la que demandaba que la Corona española pidiera disculpas por la Conquista. El documento fue recibido en silencio y, tras la negativa, las relaciones se enfriaron. Sheinbaum se negó a invitar al rey a su toma de posesión en 2024.
[–>[–>[–>El catedrático de la UNAM Helio Hoyo califica el desacuerdo como un problema recurrente en las relaciones entre México y España. Para ilustrar su punto, el experto en diplomacia y nacionalismos recuerda un incidente de 1992, cuando el país europeo programó conmemoraciones internacionales por el aniversario de la Conquista. El título, «descubrimiento de América», molestó al país latinoamericano. «El tema ha salido periódicamente y es probable que nunca deje de hacerlo», concluye.
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Sin embargo, el peso del contexto pudo más. Además de las presiones geopolíticas de Estados Unidos, España y México se encuentran en medio de las negociaciones de un tratado de libre comercio entre México y la Unión Europea, explica Hoyo.
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[–>Un acercamiento calculado
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Sheinbaum retomó el hilo e invitó al rey a la inauguración del Mundial de fútbol en Ciudad de México. La mandataria también aclaró que no se reunirá con el monarca en su visita a Barcelona -la primera de un jefe de Estado mexicano a España desde 2018-, pero sí lo hará con Sánchez. Será el primer encuentro entre líderes de ambos países desde 2019.
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Sin embargo, la asistencia a la cumbre y el acercamiento a España también representan un desafío de precisión para la mandataria. Sheinbaum ha demostrado una inusual habilidad para manejar la compleja relación con Trump, muy partidario de dividir el mundo entre aliados y detractores. Pero ha recibido fuertes presiones del Gobierno republicano en materia comercial y de seguridad.
[–>[–>[–>«Tomar distancia puede favorecer la posición de México. Es delicado, pero creo que la postura es correcta», afirma Carlos Ballesteros, catedrático de la UNAM y experto en la Unión Europea. El internacionalista considera que la prioridad debe estar en reafirmar el multilateralismo y la diplomacia frente al belicismo trumpista.
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Equilibrio frente a Trump
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El viaje de Claudia Sheinbaum se produce en un momento en el que la relación entre México y Estados Unidos está en buenas condiciones, con el país latinoamericano convertido en el principal socio comercial de su vecino del norte. Ballesteros cree que Sheinbaum se encuentra en la posición ideal para adoptar una postura propia.
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«Está perfilando una posición que contrasta con el enfoque internacional que ha seguido Estados Unidos y, obviamente, tiene como contexto la intervención en Irán«, asegura. Sin embargo, reconoce que la respuesta de Sheinbaum ha sido medida. La presidenta se acerca a España, pero impone aranceles a China; insiste en su posición en contra del conflicto en Irán, pero destaca la importancia de que Norteamérica forme un frente unido.
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«Es un tema delicado para México, pero creo que es tiempo de que se tomen medidas frente a lo que está ocurriendo y, en ese sentido, concurrir a esta reunión progresista es un acierto», agrega Ballesteros. Tanto él como Rosas piensan que la relación con España también es una buena oportunidad para que Sheinbaum trace una línea que la distancie, aunque sea sutilmente, de las posturas de su predecesor y mentor político, Andrés Manuel López Obrador.
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