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Si nosotros no estamos bien, tampoco vamos a cuidar bien

Si nosotros no estamos bien, tampoco vamos a cuidar bien
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  • Publishedjunio 15, 2026



Cuando Ruth Álvarez piensa en su madre, piensa en una mujer inquieta y curiosa, con una capacidad constante de ayudar a los demás. “Era una persona muy versátil mentalmente”, recuerda. Una mujer que apoyó a la familia y siempre mantuvo abiertas las puertas de su casa. Años después, Esta misma mujer necesitaba atención y fue Ruth quien brindó gran parte de ese apoyo.

Todo empezó tras un ictus y el posterior diagnóstico de demencia frontotemporal. En ese momento, Ruth decidió educarse y prepararse para comprender lo que significaba la nueva situación. Quería aprender más sobre la enfermedad y anticipar los desafíos que podrían surgir.

De niña a referente familiar

La enfermedad de su madre no sólo transformó la dinámica familiar, sino que también cambió el lugar de Ruth dentro de ella. Durante años, ella había sido la pequeña de la casa, la que observaba cómo los demás tomaban sus decisiones. Sin embargo, la progresión de la enfermedad la empujó a Asume responsabilidades que nunca imaginaste.

Tras el diagnóstico, la situación en casa se volvió cada vez más compleja. Su padre había muerto meses antes y era su hermano, que vivía con su madre, quien cargaba con gran parte del cuidado diario. Sin embargo, Ruth empezó a darse cuenta de que el impacto emocional de la situación estaba afectando a toda la familia.

“Mi madre era el pilar fuerte de esta casa y de repente, sin ella, todo cambió”, recordó, y agregó que “cada vez que entraba a la casa había tristeza, algo muy gris y muy oscuro”.

Este sentimiento lo llevó a repensar sus propios planes. En ese momento estaba buscando un nuevo hogar pero finalmente tomó una decisión diferente. «Recuerdo haber dicho: “¿Qué debo hacer para buscar otro departamento si me necesitan aquí?” »«, explica. Poco después se mudó a vivir con su madre para asumir un papel más activo en los cuidados.

Durante este proceso también buscó alternativas que ayudarán a tu madre a mantenerse activa. Tras el ictus y las primeras consecuencias decidió acudir a un centro de día para favorecer su recuperación y estimular sus capacidades. Ruth estaba convencida de que quedarse quieta no era una opción: «Sentí que la mejor solución era trabajar y seguir estimulando poco a poco, no quedarme quieta ni lamentarme».

Su objetivo era garantizar que la enfermedad no definiera completamente la vida de su madre. Por eso continuó compartiendo actividades con ella tanto como fuera posible. Se acompañaron en conciertos, museos, fiestas populares y reuniones sociales.

La importancia de cuidar también de quienes cuidas

La experiencia también le permitió descubrir una realidad que considera apenas visible: la necesidades de quienes cuidan de sus familias. A medida que aumentaron las responsabilidades, Ruth se dio cuenta de que el bienestar de aquellos a quienes apoya puede verse eclipsado por la atención constante a la persona que necesita apoyo.

“Cuando eres cuidador, te concentras mucho en cuidar y tu propio cuidado pasa desapercibido”, dice, y agrega: “Mientras a la persona le va bien, parece que a ti también te va bien, y no siempre es así”.

Por ello, defiende que hablar de autocuidado no debe entenderse como un tema secundario. Desde su experiencia, Dedicar tiempo a uno mismo es parte del proceso de autocuidado.: «Si no nos va bien, si no nos cuidamos, se nota en la forma en que nos cuidamos. Automáticamente seguimos adelante, todos los días son iguales, y si no haces cosas para cambiar esa dinámica, es fácil quedarse en la depresión o en esos días grises».

Para Ruth, pedir ayuda, confiar en los demás y darse tiempo para descansar son herramientas necesarias para apoyar el cuidado familiar a largo plazo. «No pasa nada si alguien nos reemplaza por un tiempo. A veces sentimos que nadie puede hacer las cosas como nosotros, pero no todo es tan malo ni tan urgente», reflexiona.

También considera esencial que el quienes se ocupan del entorno familiar se benefician de más información y apoyo. Según él, saber más sobre las enfermedades y compartir experiencias con otras familias permite afrontar el proceso con más herramientas y menos soledad.

Un legado que permanece

Ruth, fotógrafa de formación, encontró en las imágenes una forma de preservar recuerdos y dar sentido a una experiencia que marcó su vida. Durante los años de enfermedad, recopiló fotografías de su madre que luego se convertirían en el proyecto fotográfico llamado “Ama”.

La iniciativa nació como un homenaje a la memoria de su madre, pero también como un reflexión sobre los vínculos familiares, los cuidados y la huella que dejan las personas cuando ya no están. A través de estas imágenes sigue encontrando la presencia de su madre. “Me veo reflejada en ella a cada paso que doy”, explica.

Su experiencia le dejó una convicción que hoy comparte con otras personas que viven situaciones similares en muchos hogares de nuestro país: cuidar es parte de la vida. En algún momento todos necesitaremos acompañar a alguien o estar acompañados por otros.

Documental ‘Cuídate’ de Cinfa

Su testimonio es parte del documental ‘Cuidar’, impulsado por Cinfa dar visibilidad a la realidad de las personas que se preocupan. Ruth decidió participar para compartir una experiencia que, aunque suele vivirse en la intimidad familiar, afecta a miles de personas y familias.

Para ella, compartir su experiencia tiene un objetivo claro: recordar que quien cuida también debe ser cuidado. “Si no estamos bien no nos vamos a cuidar bien”, afirma.

Por ello defiende la importancia de seguir dando visibilidad y generar espacios donde los cuidadores puedan sentirse comprendidos, apoyados y escuchados. Porque detrás de cada proceso de cuidar a nuestros seres queridos, también hay una persona que necesita apoyo para continuar con esta labor.



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