Siguiendo a pastores trashumantes por las sierras de Jaén | El Viajero
Antes de que el invierno presente su cara más dura en las cumbres más altas de la Sierra de Segura, en la provincia de Jaén, Javier Guerrero, un pastor de 27 años, llega con sus ovejas a los pies del Parque Natural de Sierra Cardeña y Montoro, en Córdoba, para cumplir con la tradición familiar de la trashumancia. Hijo y nieto de pastores, este ganadero acaba de crear Vida Trashumante, un proyecto con el que busca homenajear a sus antepasados y con el que ha querido innovar con el lanzamiento de una línea de aceite de oliva que utiliza lana de oveja en sus envases y, al mismo tiempo, ofrece a los viajeros una experiencia ecoturística para realizar algunos de los pasos que utilizan los ganaderos para transportar sus rebaños a los pastos y praderas más cálidos del levante de Sierra Morena. Más adelante, con la llegada de la primavera, el camino tomará el sentido contrario.
«En Vida Trashumante valoramos el papel del pastor como guardián del paisaje y gestor del medio ambiente. Nuestro objetivo es ofrecer productos excepcionales que reflejen nuestro amor por la tierra, revalorizar la vida rural, promover prácticas agrícolas sostenibles y conservar la rica biodiversidad de nuestras montañas», explica durante las primeras etapas de este viaje nómada que iniciamos en el municipio de Santiago-Pontones, pueblo fundado en el siglo XVI por pastores conquenses y que se ha convertido en el principal referente en materia de ganadería extensiva y cría trashumante
En 2023, la UNESCO declaró la trashumancia estacional en España y otros países (Albania, Andorra, Austria, Croacia, Francia, Grecia, Italia, Luxemburgo y Rumanía) como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Se trata de un reconocimiento a una forma de pastoreo consistente en un movimiento estacional de ganado a lo largo de rutas migratorias y una actividad que ha generado un rico patrimonio cultural y etnográfico. Y reconociendo su importancia, la ONU declaró 2026 Año Internacional de los Pastos y los Pastores.
En España, la trashumancia está reconocida legalmente desde 1273, cuando Alfonso En el siglo XIV, la lana era el único producto generador de dinero en España y el único producto español que cotizaba en la Bolsa de Ámsterdam.
La trashumancia invernal en la sierra de Jaén tiene su punto de partida en los Campos de Hernán Pelea, la meseta más grande de España conocida como “Siberia andaluza”, con sus casi 10.000 hectáreas de extensión, dentro del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Acostumbrado a soportar temperaturas de -20 grados en invierno y -10 de media en primavera u otoño, este páramo desértico de horizontes infinitos ofrece un paisaje de puro modelado kárstico flanqueado por los picos de Empanadas (2.106 metros), Tornajuelos (2.136), Banderillas (1.993), Palomas (1.964) y El Caballo (1841). Una zona donde trabajan unos 200 criadores, con unas 65.000 cabezas de ovejas y cabras.
En las primeras estribaciones de Campos de Hernán Pelea se encuentra el soberbio y majestuoso pinar GalapánA pino negro (subespecie salzmannii) aproximadamente 40 metros de altura, 16,5 metros de perímetro de tronco y aproximadamente 550 años de vida. Los lugareños dicen que Galapán El almirante de Cazorla le perdonó en un momento en que esta sierra era considerada provincia marítima para que la marina aprovechara su excelente producción de madera para construir barcos para la Armada Invencible. Y en la aldea de Don Domingo, último núcleo habitado antes de adentrarse de lleno en el interior de los Campos de Hernán Pelea, se encuentra la que ha sido declarada la primera Reserva Starlight de España por la calidad de su cielo nocturno.

Los hermanos García Rico, conocidos como Los Carlillospasó más de una semana trasladando a sus más de 2.000 ovejas y cabras desde la Sierra de Segura a Sierra Morena, una tradición que también siguen cada año pastores leoneses, conquenses o segovianos que se dirigen a dehesas y zonas cálidas, como el valle de Alcudia en Ciudad Real, Extremadura o la zona de El Condado en Jaén, en una ruta entre barrancos (75 metros de ancho), cuerdas (37,5 metros) y senderos (20 metros) que se convierten en la ruta de regreso en primavera cuando la hierba vuelve a crecer en las montañas más altas.
“Pastores, los que pasáis por los rediles hasta el cerro:/ si por casualidad veis/ al que más amo,/ decidle que sufro, sufro y muero”, Está escrito en uno de los versos de canción espiritual con el que San Juan de la Cruz homenajeó al pueblo nómada de la sierra de Jaén. En la Plaza del Ayuntamiento de Santiago de la Espada se encuentra la posada donde se hospedó este poeta místico, que conserva casi intacto el balcón de finales del siglo XVI.

Camina a 1.300 metros sobre el nivel del mar.
Los primeros tramos de este recorrido se desarrollan entre montañas a más de 1.300 metros de altitud, por un sendero paralelo al río Segura (que tiene su nacimiento en el pueblo de Fuente Segura, en Pontones) con excelentes vistas de un valle donde las aguas se insertan entre los bosques ribereños y con la Cueva del Agua como uno de sus principales atractivos. Es quizás el lugar con mayor concentración de ganado, y por eso el paisaje está lleno de evidencias de esta actividad: el tinas (establo de ganado), el nabo (abrevadero en un tronco ranurado), lavabos o lugares de descanso.
La ruta trashumante continúa entre pistas, caminos y caminos de herradura en buen estado, donde numerosos pueblos y masías apenas sobreviven al paso del tiempo. Un paisaje donde predomina el bosque mediterráneo con ejemplares de cornicabras y madroños, hasta recorrer paralelo al embalse del Tranco (se recomienda un paseo en su embarcación solar) y tener en el horizonte la imponente silueta del pueblo de Hornos de Segura, un gran peñón coronado por el castillo que conserva el carácter típico de villa medieval. Y muy cerca de este sendero se encuentra el GR 247 Bosques del Sur, que, con 478 kilómetros balizados, es la ruta de senderismo circular más larga de España y que discurre en torno al mayor espacio protegido del país, el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas.

Dejamos atrás la Sierra de Segura y bajamos por el sendero hacia el río Guadalimar, no sin antes cruzar el majestuoso Puente del Mocho, de época romana y también paso obligado para el ganado de trashumancia. Se trata de un gran puente (de cien metros de longitud) con seis arcos de medio punto de piedra labrada que se alternan con mampostería de piedra caliza como revestimiento exterior. Al final de Santisteban del Puerto el camino se une a la calzada romana que viene desde la localidad de Venta de los Santos.
El denso y profundo matorral de encinas, alcornoques, madroños, enebros, robles galeses, torviscos, jaras y el pinar repoblado da la bienvenida al norte de la comarca de El Condado, con una altura moderada y un relieve accidentado en diferentes barrancos y arroyos.
Los tonos oscuros y la densidad del bosque mediterráneo han iluminado en estas zonas del extremo oriental de Sierra Morena un corredor natural de más de 100 kilómetros surcado por senderos de trashumancia y pistas forestales en los que es habitual ver ejemplares de animales, como águila real e imperial, búhos, cárabos, buitres leonados, zorros, ginetas y gatos monteses. Especies cinegéticas como el jabalí, el ciervo, el gamo y el muflón también caracterizan a esta sierra como un destino de renombre entre los cazadores.
La fotógrafa y veterinaria de Ubeta Katy Gómez realizó una decena de viajes trashumantes para crear un relato visual que incluya los valores ambientales, sociales, culturales y económicos que portan estos pastores y que plasmó en una de sus últimas exposiciones. Yerba, el corazón verde de la trashumancia. “Si los pastores desaparecen, con ellos desaparecerán cientos de años de sabiduría tradicional, patrimonio cultural y gestión ecológica del territorio”, afirma este fotógrafo apasionado y viajero sin límites cuyo trabajo ha sido expuesto en multitud de países y que ha ganado más de un centenar de premios, entre los que destacan el de Fotógrafo de viajes del año (2019) o el premio nacional del Sony World Photography Award 2018, considerados los Oscar de la fotografía.
“La trashumancia no es sólo una tradición, es una conexión viva con la tierra, un testimonio de la relación simbiótica entre humanos y animales y de su capacidad para convivir armoniosamente con el entorno”, explica Gómez, que compartió con los pastores de Jaén la magia y la dureza de este rito y con la sensación de presenciar la decadencia de una forma de vida milenaria.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí