Sophie Demange, escritora: «Ningún país tiene los deberes hechos para proteger a las víctimas de la violencia de género»
Cada tarde, Sophie Demange (Ruan, Francia, 1983) llegaba a su casa cargada de todas esas historias que durante la jornada laboral le habían contado los usuarios del centro que dirige donde atiende a personas sin hogar, trabajadoras sexuales y menores desamparados. Testimonios desgarradores que tenían, tantas veces, la violencia sexual como denominador común. Quiso hacer algo con todo ese material, pero no un ensayo, ni un libro categórico, sino una novela de ficción donde el thriller, el humor y la sororidad fueran el motor de la trama. Y así fue como nació en Francia, el país que todavía asiste atónito al caso Pelicot, Las carniceras, uno de esos fenómenos editoriales que surge en los márgenes y que se ha publicado ahora en España por el sello Siruela. Demange ha estado en Sevilla, en el marco del Hay Fórum, para reflexionar sobre violencia machista, igualdad y de prototipos de mujer. Habla un delicioso español fruto de un primer novio con el que viajó a México y conoció la herida social que deja la violencia que se ejerce sobre las mujeres.
[–>[–>[–>En Las carniceras, coloca la trama en un barrio de clase media de Ruan, tres mujeres reabren una carnicería: el antiguo negocio de los padres de una de ellas. Llegan con ganas de cambiarlo todo y el vecindario las observa de reojo, no solo por esa energía renovadora, sino por lo que representan: son jóvenes, atractivas y se meten de lleno en un oficio que muchos siguen creyendo cosa de hombres.
[–> [–>[–>PREGUNTA. La novela se construye con las herramientas del thriller, de la novela de suspense. ¿Por qué decidió abordar una novela sobre la violencia machista y sus víctimas a través del thriller y no desde una novela social?
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R. Es verdad que es una mezcla un poco diferente. A mí me gustan mucho los símbolos y la carnicera fue para mí un símbolo perfecto, casi una alegoría y metáfora entre el cuerpo de las mujeres y las violencias hacia ellas, entre el cuerpo de las mujeres y el cuerpo matado del animal y, al final, el cuerpo matado del hombre.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Me encantó este espacio de la carnicería, que es un espacio en el que normalmente las mujeres no están realmente, sino para comprar carne. Hay muy pocas mujeres carniceras, no sé en España, pero en Francia son una o dos por año que siguen la formación. Me pareció interesante cambiar eso y poner mujeres al frente de una carnicería. Es una manera también de cambiar las percepciones y los prejuicios sobre las mujeres.
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P. ¿Se documentó sobre cómo funciona una carnicería?
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[–>R. Sí, muchísimo tiempo. Todos los domingos por la mañana me levantaba y me ponía vídeos en YouTube de hombres cortando carne y explicando cómo se hacía. Aprendí la profesión por vídeo, porque no tuve tiempo de trabajar en una carnicería. Pasé mucho tiempo haciéndome con los términos, con su formación. Fue una inmersión en una profesión que no conocía para nada.
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P. La ira femenina es uno de los motores de la novela. La ira femenina era sinónimo de histeria, de locura.
[–>[–>[–>R. Sí, aquí no es una ira histérica o de locura, sino una ira organizada, casi profesional. Estamos cambiando. Durante mucho tiempo escondimos nuestra parte de ira, incluso nuestra parte de violencia. Soportar tantas violencias toda la vida genera también violencia en nosotras. Somos seres humanos y también podemos ser violentas. Pero para defendernos nos dijeron que debíamos ser amables, sonreír. Pues no. En esta novela ellas también son violentas.
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P. Su experiencia profesional como directora de un centro para niños y niñas víctimas de abusos está muy presente. Ve realidades muy duras.
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R. Estas niñas no pueden quedarse en su familia porque hay mucha violencia. La mayoría de las veces la madre es víctima del padre y la hija también. Es un círculo que se repite de generación en generación. En la novela también hablo de eso, de lo que pasa dentro de la familia. Las tres protagonistas han sufrido violencias, pero en contextos diferentes: en la familia, en instituciones, en su país de origen y también como extranjeras en Francia.
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P. ¿Cuándo decide que no quería escribir un ensayo sino una novela?
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R. Me daba cuenta, regresando a casa después del trabajo, de que necesitaba sacar mi propia rabia que acumulaba durante el día ante todas estas injusticias. Veo muchas mujeres y niñas violentadas y muchas veces no pasa nada. La justicia es muy lenta y a veces no se cree la palabra de las víctimas. Tenía ganas de sacar mi rabia pero no quería hacer un documental porque me encanta la ficción, me encantan las historias y me encanta imaginar. Me permite sacar el dolor y combatirlo también. Lo imaginé como una catarsis y me hizo bien. En Francia, muchas mujeres me han dicho que ese placer de reír siendo violenta frente a algo ante lo que normalmente no se puede, les hizo bien, como a mí.
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P. Es que en su novela no renuncia al humor. Hay una mezcla de tragedia y comedia.
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R. Exactamente. Yo uso mucho el humor en mi trabajo y en mi vida para combatir lo trágico, la tristeza, y hacer la vida soportable. Trabajé mucho con mujeres trabajadoras sexuales y en ellas es muy evidente: pasan de la risa a la tragedia todo el tiempo. Te cuentan algo terrible, una violación, y después están entre ellas compartiendo chismes. Eso habla también de la sororidad y de su fuerza. Me encanta este contraste de muerte y vida, de miedo y fuerza.
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P. El sistema de justicia tampoco sale bien parado en la novela. ¿Hay algún modelo que funcione mejor?
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R. Creo que ningún país tiene los deberes hechos. Es importante hablarlo e intentar hacer avanzar las cosas, porque todavía se esconden las violencias.
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P. ¿Cómo ha sido recibida la novela en Francia?
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R. Han hablado de mí como de un ovni, y eso me hace gracia, porque en mi trabajo también me dicen que soy un ovni. He tenido éxito con esta novela, pero muchas lectoras me han hablado sobre todo del aspecto cómico. Está bien, pero siento que quizá es una manera de no hablar de la otra parte. Me han hablado mucho del barrio, del ambiente, de los chistes entre los protagonistas, pero he tenido más preguntas aquí, en España, que en Francia sobre la violencia. En Francia se quedaban más con la forma, con el thriller.
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En Francia, mis lectores me han hablado mucho del barrio, del ambiente, de los chistes entre los protagonistas, pero he tenido más preguntas aquí, en España sobre la violencia
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P. El avance de la extrema derecha en Francia preocupa mucho desde aquí. Vemos lo que ocurre ahí arriba de los Pirineos como un prólogo de lo que viene.
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R. Sí, da mucho miedo. Sería un riesgo para los extranjeros, las mujeres y los derechos humanos. Es una manera de poner a todo el mundo contra todo el mundo..
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P. También aborda la violencia hacia las mujeres extranjeras.
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R. Lo que veo es que no hay tolerancia de manera global. Es casi más xenofobia, el miedo a lo diferente. Las mujeres pueden dar miedo, la libertad también da miedo.
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p. La solidaridad entre mujeres es fundamental en la novela.
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R. Sí, es más fuerte que un cuchillo. La amistad es el arma más fuerte de la novela. Es una protección, casi la única que tienen. La amistad y la carnicería son sus dos protecciones.
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P. ¿Qué lecturas o referentes han sido importantes para ti?
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R. En cine, Almodóvar. Me di cuenta hace poco de su influencia, sobre todo en el tema de la sororidad. Desde joven veía sus películas y creo que eso está en mí. En literatura leo muchas cosas. Me gusta la literatura clásica francesa, Victor Hugo, Maupassant. Me encanta el realismo. También el surrealismo, Breton, Buñuel, Octavio Paz, por la importancia de los símbolos. En el aspecto más policial, Fred Vargas. Annie Ernaux también, por ejemplo El acontecimiento, que habla de la negación del cuerpo de la mujer. Es difícil saber exactamente qué ha influido más, porque leo mucho y de todo.
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