SORAYA ARNELAS | Soraya Arnelas lanza ‘Ilúmina’, su nuevo álbum: «Es el brillo que refleja que estás en tu momento»
Soraya Arnelas, con más de 20 años de trayectoria sobre los escenarios, lanzó este pasado viernes 13 su nuevo álbum Ilúmina, un proyecto centrado en la música electrónica que define su estilo. Con motivo de este lanzamiento, la artista extremeña ha concedido una entrevista a nuestro periódico.
[–>[–>[–>–Ilúmina no es solo un nombre, sino una idea que recorre todo el proyecto. Desde ese lugar, ¿qué parte de sí misma sentía que necesitaba salir a la luz en este momento?
[–> [–>[–>-‘Ilúmina’ es una palabra que, en realidad, si la buscas en el diccionario con el acento en la letra «u», no existe; la RAE no la contempla. Yo tenía un título preparado para este álbum, pero por diversas situaciones tuve que cambiarlo. Y de repente, en el estudio, mientras componíamos y creábamos las últimas canciones del álbum, me apareció esta palabra en la mente y me enamoré absolutamente de ella. Ilúmina es el brillo que desprende una persona, ese brillo que refleja que estás en tu momento, ese aura, esa energía tan bonita que a veces irradiamos cuando estamos felices o inmersos en un proyecto que nos ilusiona. Eso es ‘Ilúmina’. Y eso era justamente lo que quería compartir ahora con mi público. Es lo que siento con la música electrónica, es el momento que estoy viviendo después de 20 años de carrera: estoy en conexión absoluta con quien quiero ser, con lo que soy. Y cuando estás ahí, conectada con tu esencia, uno brilla, uno está feliz, a gusto… y eso es Ilúmina.
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-Dices que este álbum cierra un ciclo de casi tres años de trabajo. En todo ese tiempo, ¿qué siente que ha cambiado en ella desde que empezó el proceso hasta hoy?
[–>[–>[–>-Empecé este álbum quizás no en las mejores condiciones emocionales. Hace poco más de dos años perdí un bebé, y todo nació de la necesidad de salir a flote, de aferrarme una vez más a la música para sobrevivir a las emociones que vivía, a la tristeza. Ahí empezó todo: quería volver a conectar con la música de baile. Era como si me lanzaran al mar, o me agarraba a la balsa o me hundía. Y la música de baile, por sus ritmos, siempre te hace sentir feliz, te da energía… y yo me aferré a ella como quien recibe un bote en medio del océano y no naufraga. Para mí, la música me ha salvado constantemente a lo largo de mi vida. Cuando empecé este álbum, estaba casi ahogándome; y ahora estoy en mi momento Ilúmina. He crecido, he evolucionado en estos años, emocionalmente, como mujer, con experiencias que me han hecho madurar… imagínate todo lo que ha pasado en este tiempo.
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-¿Sentía que volver al pop electrónico era una deuda pendiente consigo misma o con su público?
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[–>-Cuando salí de Operación Triunfo hace 20 años, la electrónica no era el género más fuerte. Había algunas cantantes, como Kate Ryan, que eran abanderadas del Eurodance, pero no era un estilo muy masivo. A mí sí me ha acompañado siempre la responsabilidad con mi público y el sacrificio de entregarme al máximo: las horas de trabajo, la constante búsqueda de perfeccionar las cosas, mejorar y llevar la puesta en escena al límite. Todo eso sí, pero no necesariamente ligado al género. De hecho, cuando saqué mi primer álbum en 2005, Corazón de Fuego, tenía un poco de todo: latino, pop… Pero cuando llegó Mi mundo sin ti, de repente todo el mundo sintió una conexión. Fue más el público que yo misma, ellos vieron que realmente había nacido para la música de baile. Lo que me sucede con la música de baile, para que todo el mundo lo entienda, es que me conecta con momentos emocionales concretos de mi vida. Recuerdo cuando tenía 16 o 17 años, salía los fines de semana a los pubs en los pueblos donde se bailaba, y la música de baile era mi terapia. Ese vínculo emocional se quedó conmigo. Por eso, hoy en día, cuando subo al escenario, canto, bailo y las luces me acompañan, siento un flashback de esa juventud en la que fui súper feliz. Y claro, cuando estoy ahí, levito: la música electrónica de baile me transforma.
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-El disco viaja por estilos muy diversos, pop electrónico clásico, trance, voguin, afro; ¿cómo logra que toda esa variedad suene coherente y siga siendo ella?
[–>[–>[–>-Eso al final también es un trabajo de fondo con los productores. Ellos se conocen entre sí, y la persona que trabaja mis voces mantiene un hilo conductor; tiene que haber una esencia. Las canciones se han ido componiendo y produciendo a lo largo de estos tres años seguidos. De hecho, las tres primeras canciones que abren el álbum, Iconismo, Soy Real e Ilúmina, van seguidas: mientras terminábamos de componer Iconismo, empezaba a aparecer Soy Real. Son como trillizas: nacieron unidas, no se compusieron por separado. Todo es orgánico y tiene mucho sentido.
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-En Ilúmina, que incluye nueve videoclips concebidos como piezas cinematográficas, ¿por qué era tan importante contar también la historia desde lo visual?
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-Siempre he tenido una perspectiva del espectáculo muy cinematográfica. Creo que todo, al final, potencia la experiencia. Lo tengo comprobado: a veces, a través de la música sola no conectan de inmediato, pero al ver el proyecto visual, el videoclip, terminan apreciando la canción. Por eso pienso que todo es potencialmente necesario: la puesta en escena, las luces, la escenografía, el vestuario, todo contribuye, todo potencia la canción. Para mí, un proyecto sonoro sin un proyecto visual está incompleto, especialmente hoy, cuando lo visual tiene un peso enorme. Veo que muchos artistas actualmente evitan crear proyectos visuales, y te voy a decir la razón: se llama dinero. Hoy en día, todo es muy caro; las carreras musicales requieren inversiones importantes. En mi caso, llevo 20 años trabajando con una política de reinversión, gran parte de lo que gano lo vuelvo a invertir en mi proyecto. Siempre ha sido así. Pero hay artistas cuyos ingresos no son tan altos y tienen que tomar decisiones difíciles. No es una cuestión de modas, es una cuestión de dinero. Si todos pudieran permitirse hacer videoclips, todos lo harían, te lo aseguro, porque son fundamentales.
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-Publicar el disco en vísperas de San Valentín se ha convertido casi en una tradición. ¿Qué significado tiene lanzar música en una fecha tan cargada de simbolismo?
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-Mi amor por la música siempre está presente, y ahora más que nunca, porque estamos a las puertas del verano musical. Vienen las giras, los proyectos y la energía de esta temporada es perfecta. La primavera es como la antesala de todo: empiezan a gestarse los temas del verano, las giras y los proyectos musicales. Siempre he sido muy de verano, de giras y de canciones veraniegas. Por ejemplo, estoy preparando Flashback, un proyecto musical en Madrid en el Príncipe Pío. A partir del 12 de marzo estaré actuando una vez por semana junto a otras actrices y cantantes nacionales e internacionales. Y a partir de ahí, seguimos preparando toda la gira de verano y la promoción del disco. De hecho, ya tengo proyectos y fechas cerradas hasta finales de noviembre.
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-El álbum incluye dos temas inéditos como sorpresa final. ¿Qué papel juegan dentro del relato del disco y por qué se han reservado hasta el final?
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-Uno de los temas es en español y se llama Y Qué, que produje junto a David Parejo y Jorge González. Lo curioso es que nació de manera muy espontánea: Jorge vino a casa a comer y, entre risas y conversación, terminamos todos metidos en el estudio componiendo. Es una canción muy especial para mí, con un corte electrónico, pero con una historia y un guión casi cinematográfico. Está a la altura de todo lo que estoy haciendo ahora: letras que tienen sentido, con un porqué. Habla sobre caerse sin miedo, sobre seguir adelante porque sabes que vas a crecer. El otro tema es en inglés y se llama I Can’t Say No, producido junto a Aafraa, un productor iraní. Dentro del álbum, es como un viaje a los años 90, a la música de aquella época.
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-En un momento en el que las tendencias cambian tan rápido, ¿cómo equilibra la fidelidad artística con la necesidad de evolucionar?
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-Hay artistas que se mueven por tendencias, por estadísticas o incluso por órdenes de su propia discográfica, pero yo no soy así. Soy muy orgánica y hago lo que realmente me apetece en cada momento. Para eso tengo mi propio sello discográfico, soy mi propia jefa. Todo lo que vivo me afecta y, por eso, no puedo crear música al margen de mi día a día; al contrario, me alimento de mis experiencias. Siempre he tenido una identidad propia y una personalidad clara. No me gustan las etiquetas, nunca me las he puesto, ni para mí, ni para mi público, ni para mi familia. Eso no va conmigo. Soy extremeña, conquistadora, y no conozco límites: para mí no existen barreras.
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-Ha mencionado que Ilúmina marca un punto de inflexión en su música, en su vida y en su relación con el mundo. ¿De qué manera se notará ese cambio a partir de ahora?
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-Este año voy a llevar mis conciertos a un nivel más sofisticado y digitalizado: muchas luces, pantallas, láser, todo este mundo electrónico me está llevando hacia ahí. Pero, al mismo tiempo, me siento más auténtica que nunca, más en mi sitio. Tengo 43 años y, a estas alturas, no puedo temblar al hablar de ciertos temas ni quedarme a medias tintas; uno ya tiene responsabilidades. Tras esta nueva vuelta de tuerca, sigo con las mismas ilusiones, e incluso más, porque empiezo una aventura en la música electrónica que mi público pedía y que, casualmente, es exactamente lo que siento ahora. Para mí, lo más importante en un artista es tener identidad propia. Sin ella, no eres nadie, ser auténtico y fiel a uno mismo es fundamental. Por eso no todos los artistas llegan a tocar la campana, a veces nos perdemos copiando o dejándonos llevar por tendencias y olvidamos aquello que nos hace únicos. Este verano estaré mucho por Extremadura. Tengo varias fechas por allí y me hace muchísima ilusión volver a mi tierra. Aunque regreso cada año, siempre busco sorprender, porque lo que el público vio en la gira pasada no es lo mismo que llevo este año. Voy con muchísimas ganas de reencontrarme con ellos y compartir esta nueva etapa.
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