Subvencionar al 50% la reproducción asistida podría llegar a triplicar el número de bebés
Hasta ahora, el debate sobre el acceso a las técnicas de reproducción asistida se ha centrado en límites de edad o listas de espera salud pública. Sin embargo, la verdadera barrera que determina el número de niños nacidos en probetas a lo largo de … un país no es médico, pero puramente económico. Un ambicioso estudio internacional presentado este lunes en la 42ª reunión anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) revela que reducir a la mitad los costes que soportan las familias está asociado a un aumento de 2,67 veces nacimientos logrados utilizando estas tecnologías. Abaratar el proceso multiplica exponencialmente el éxito reproductivo.
Para comparar de manera justa la situación entre países con salarios y sistemas de salud radicalmente opuestos, el equipo de investigadores desarrolló una nueva métrica llamada “coste por bebé”. A diferencia del costo por ciclo de tratamiento, este indicador calcula los gastos totales necesarios –incluyendo transferencias de embriones, pruebas genéticas y medicamentos– ponderados por la edad de la mujer para lograr un solo nacimiento vivo. El estudio analizó la registros de 22 regiones del mundo entre 2021 y 2023un volumen de datos que representa más del 95% de la actividad global en reproducción asistida.
Los resultados muestran una sangrienta división internacional. Si bien el costo bruto de tener un bebé equivale al 66% del ingreso anual promedio de un hogar en Israel, en algunas partes de África este mismo objetivo requiere 833% del ingreso familiar. Cuando se aplican reducciones por subvenciones, coberturas públicas o ventajas fiscales, la cantidad neta que sale del bolsillo del ciudadano oscila entre el 13% en el caso israelí y más del 800% en territorio africano.
La modelo española frente al espejo
El informe sitúa a España en el podio global de accesibilidad junto a Corea del Sur y Japón. En estos tres países, el costo bruto por bebé sigue siendo inferior al 100% del ingreso familiar promedio y el costo neto pagado por los pacientes no supera el 50%. Esta accesibilidad económica es se traduce directamente en tasa de natalidad: El 11,7% de los niños nacidos en España lo hacen gracias a tratamientos de procreación médicamente asistida, cifra idéntica a la de Corea del Sur (11,8%) y muy superior a la japonesa (9,3%).
El informe sitúa a España en el podio global de accesibilidad junto a Corea del Sur y Japón.
Por el contrario, en gigantes en desarrollo como Brasil, India o el Sudeste Asiático, donde pagar un embarazo asistido equivale a multiplicar por dos o tres los ingresos anuales de una familia, la El porcentaje de nacimientos gracias a estas técnicas baja hasta un marginal 0,2% o 0,4%. El dinero, no la infertilidad biológica, dicta quién puede ser padre.
La doctora Stephanie Kuku, autora principal del estudio e investigadora de la organización estadounidense Conceived Life Sciences, destaca el enorme peso que tiene un único factor macroeconómico en las decisiones personales. «Aunque ya sabíamos que el precio influye en los pacientes, fue realmente impactante ver cómo casi toda la variación en el acceso entre países se explica por una única medida de asequibilidad; nuestros modelos matemáticos representan entre el 77% y el 84% de esta variabilidad», dice Kuku.
“Aunque sabíamos que el precio influía, fue impactante ver cómo casi toda la variación entre países se explicaba con una sola medida”
Además, el investigador británico –que también es asesor principal de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en inteligencia artificial clínica– precisa que la relación no es linealsino que sigue un modelo de ley potencial. «Esto significa que pequeñas reducciones de precios conducen a aumentos desproporcionados en el número de nacimientos, especialmente en regiones donde las barreras económicas son hoy más altas», añade.
Un escape de la crisis de natalidad
Este nuevo enfoque de la economía reproductiva llega en un momento crítico para la demografía global. Docenas de países occidentales y asiáticos están experimentando un colapso histórico en sus tasas de fertilidad, lo que los coloca muy por debajo del umbral de relevo generacional de 2,1 hijos por mujer. En países como Corea del Sur, la tasa ha caído a mínimos históricos cercanos al 0,7, transformando la falta de nacimientos en una verdadera crisis estatal que amenaza la viabilidad de las pensiones, el sistema sanitario y el tejido productivo del futuro. La necesidad de reducir costes ya no es una cuestión de empatía hacia las familias, sino de una emergencia macroeconómica para evitar el colapso demográfico.
Históricamente, el acceso a la procreación asistida ha estado fuertemente condicionado por la geografía de los precios. Un único ciclo básico de FIV puede oscilar entre los 1.600 dólares en Corea o Pakistán (unos 1.400 euros) y superar fácilmente los 10.000 o 12.000 dólares en Estados Unidos (entre unos 8.700 y 10.500 euros), sin incluir los medicamentos hormonales, que pueden suponer entre el 20% y el 80% del coste del tratamiento básico. En países como el Reino Unido, la oferta de asistencia sanitaria privada Generalmente oscila entre $7,500 y $15,000 por intento. (lo que equivale a una horquilla entre 6.500 y 13.100 euros).
Financia todo el proceso, no el intento.
Cuando se trata de traducir estos datos en políticas públicas, el estudio introduce un cambio de paradigma para los gestores de salud. Para el Dr. Kuku, la solución más directa es reformar el diseño de la portada. “Las pólizas de seguro y los programas de financiación pública deben cubrir varios ciclos completos de tratamientoY no sólo uno», subraya. «Todo nuestro análisis se estructura en torno al coste total de tener un bebé, no al coste por intento aislado, porque eso es lo que importa para una familia. Los datos son inequívocos: los países que financian múltiples rondas logran un uso mucho más eficiente y altas tasas de éxito.
Más allá de los subsidios directos, los autores analizan estrategias fiscales como la de Corea del Sur, que se aplica 30% de deducciones en los impuestos sobre la renta para estos tratamientos, o reformas en la formación del personal clínico para aumentar la capacidad de los centros. Asimismo, destacan que la industria farmacéutica y los laboratorios deben asumir su responsabilidad optimizando los flujos de trabajo y estandarizando la automatización para reducir los costos de producción en el laboratorio de fertilización in vitro.
“El dinero no es secundario, sino determinante para acceder a la atención de salud reproductiva”
El profesor e investigador Anis Feki, presidente de la ESHRE, reconoce la urgencia de abordar el problema desde la economía de la salud. “Este estudio ofrece cifras precisas sobre lo que muchos pacientes experimentan a diario en su piel: el dinero no es una cuestión secundaria, sino el factor determinante para poder acceder a la atención médica reproductiva”, explica Feki.
Dijo que el mensaje final de la investigación es esperanzador para los países que sufren crisis demográficas, ya que demuestra que las políticas destinadas a mitigar el gasto real de los ciudadanos tienen un impacto inmediato y mensurable en las tasas de natalidad.
Anatomía del presupuesto de FIV
La inversión económica de un proceso de procreación asistida no se limita a la intervención en quirófano. La factura total de un tratamiento se compone de múltiples variables que los pacientes descubren con el tiempo. Las consultas iniciales y diagnósticas representan aproximadamente el 6% del total. La mayor parte corresponde al tratamiento básico (gastos médicos de extracción de óvulos, laboratorio de fertilización, anestesia y ecografía), pero a ello hay que sumarle técnicas complementarias como la microinyección de espermatozoides (ICSI), que incrementa el precio básico entre un 28% y un 40%. La congelación de los embriones supone un 20% adicional, al que se suma un 10% anual por concepto de costes de almacenamiento en el banco de criopreservación. Finalmente, el cribado genético preimplantacional (PGD), imprescindible en edades avanzadas, puede duplicar el coste base del proceso, encareciendo entre un 55% y un 120%.
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