«Tengo a 6.000 pacientes en lista de espera»
Él doctorSamuel espías Tomó la medicación en casa. Su abuelo, sus padres y su hermana también son médicos. Siempre quiso ser cirujano, pero admite que ni en sus sueños más locos habría imaginado dónde terminaría con tan solo 37 años: una lista … esperar dos años para los pacientes que deseen realizarse con él el procedimiento facial estrella, la blefaroplastia.
Estudió medicina en Oviedo y se especializó en cirugía maxilofacial en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid porque siempre amó el rostro. “Me parece una estructura muy compleja anatómicamente y muy interesante desde el punto de vista estético”, subraya. Recibió su doctorado con distinción en cirugía reconstructiva. Alguna vez compaginó la asistencia sanitaria pública y privada, donde practicó la cirugía plástica facial. Sin quererlo, empezó a especializarse en párpados. “A los pacientes les gustó mi comprensión de la mirada, la búsqueda de un resultado natural, sin el estigma del ‘ojo operado’, y comencé a crecer”, recuerda. Y ha crecido tanto que actualmente opera de lunes a jueves, en Oviedo, a gente que viene de toda España y del extranjero: “Esta semana operé a un paciente de Berlín, otro de Holanda, uno de Houston y otro de Florida”, enumera.
-¿Cómo es tu vida diaria?
-Lleno de tensión. Hago entre 12 y 16 cirugías por semana. Y todas las tardes atiendo entre 20 y 25 pacientes entre revisiones y primeras consultas. Empiezo a las 8:30 am y termino a las 7:30 pm. Los fines de semana aprovecho para asistir a conferencias.
-¿Por qué la blefaroplastia es la cirugía estética facial estrella?
-La pandemia tiene mucho que ver porque empezamos a usar mascarillas y la importancia de la apariencia ha tomado relevancia. Además estamos en una sociedad donde cada vez nos hacemos más selfies, videollamadas, Zoom, donde no vemos el cuerpo, sólo la cara. Por otro lado, es una cirugía que, si se sabe hacer, tiene un postoperatorio relativamente bueno y una rápida reinserción en la vida profesional. Y con el tiempo esto puede repetirse. Al final, con el paso de los años, la mirada cambia, se vuelve más triste y esta operación le devuelve la juventud y la luminosidad. No se trata sólo de una intervención estética sino también funcional, incluso en pacientes jóvenes, porque ese exceso de piel provoca sensación de pesadez, malestar y, a medida que empeora, pérdida del campo visual.
-¿Cuándo pasó de ser un médico anónimo en Madrid a tener una lista de espera de dos años con pacientes de toda España y del extranjero?
-Este desbordamiento no se da de la noche a la mañana. Fue exponencial. Este crecimiento es una respuesta al boca a boca de los pacientes y las redes sociales, que revelaron mi trabajo. Soy muy transparente en lo que hago, explico mis técnicas y esto genera confianza en las personas. Otra cosa que me llama la atención es la honestidad. Si considero que un paciente no es apto para la cirugía, no lo haré. No veo clientes, veo pacientes. Esto lo aprendí de mis padres.
-¿De qué lugar más lejano vino para operarse contigo?
-De Chile y Argentina. También tuve un paciente de Sudáfrica que me descubrió a través de las redes sociales. Empezó a seguir mi trabajo durante dos años y concertó una cita. A mí me pasó lo mismo con otra persona de Houston. En España, es más el boca a boca. Le cuentan a la gente de su alrededor que se operaron conmigo y les dan mi Instagram para que vean mi trabajo.
-¿Cuántas personas puedes tener en lista de espera en este momento mientras esperas una valoración de consulta?
-Aproximadamente 6.000 pacientes. Algunos son eliminados de la lista porque no quieren esperar, pero la mayoría se queda porque conocen muy bien mi trabajo. El paciente que acude agradece mucho la confianza que el médico le genera, a través de los resultados que ha observado y la súper especialización. Por ahora sólo hago cirugía de párpados.
-Por lo general, publica diariamente en las redes los resultados de sus operaciones. Y los pacientes siempre dicen que no sienten ningún dolor y que prácticamente no quedan rastros de la intervención… ¿Es realmente tan rápida la recuperación?
-Cuanto más experiencia tienes, más refinas tus técnicas y más fino te vuelves. Esto reduce sus tiempos quirúrgicos. La superespecialización lo hace notorio en este sentido. Mi postoperatorio es indoloro y con la cicatriz hacemos todo lo posible para camuflarla en zonas no visibles. Le indicamos al paciente que evite el esfuerzo físico durante una o dos semanas y que se reincorpore al trabajo a los siete días. Puedes abrir y cerrar los ojos, pero no debes utilizar pantallas los primeros días y puedes salir con gafas de sol, excepto las primeras 24 horas que insistimos en que sean un poco más tranquilas y frescas.
-¿Qué edad tenían los pacientes más jóvenes y mayores que operaron?
-El más joven, a la altura del párpado superior, tenía 23 años y esto se debió a un problema funcional. Tenía descamación de la piel del párpado, lo que le provocaba una picazón intensa. Y la mayor, una señora de 88 años a la que ya no se le veía tanta piel. Es raro operar el párpado superior antes de los 35 años. La mayoría de la población se opera entre los 40 y 55 años.
-¿Es imposible envejecer sin que el párpado caiga?
-Es muy extraño. En definitiva, la piel del párpado es la más fina del cuerpo y con la edad tiende a caerse, llegando incluso a la pérdida de la ceja. Luego también depende de las personas, hay fisonomías en las que suelen caer más y otras menos.
-¿Te harías una blefaroplastia llegado el momento? Y en este caso, ¿alguna vez has pensado quién te operaría?
-Sí, lo haría al cien por cien, tanto desde el punto de vista estético como funcional. Y sí, tengo diferentes opciones de compañeros para hacerlo, pero de momento aún no he decidido con cuál (risas). También he operado a muchos compañeros y para mí es un orgullo, un honor y una responsabilidad.
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