Tensiones políticas | Un plan contra el «shock chino 2.0»: Europa replantea su relación con China para proteger la industria ante el temor a una guerra comercial
Las tensiones comerciales entre la Unión Europea y China amenazan con desencadenar una guerra comercial. Con un déficit que alcanzó los 98.000 millones de euros a favor de las exportaciones de Pekín en el primer trimestre de 2026, Bruselas se plantea ahora adoptar una respuesta más agresiva. Sin embargo, el bloque se enfrenta a un juego de equilibrios delicado entre la protección de su industria y el temor a represalias.
[–>[–>[–>Tras horas de negociaciones, los líderes europeos han coincidido este jueves en el diagnóstico, pero no en la solución. Por el momento, y para evitar una escalada de hostilidades con el gigante chino, los Veintisiete han acordado desarrollar nuevas herramientas para combatir los desequilibrios económicos sin llegar a desencadenar una guerra comercial. Así, en un comunicado, el bloque ha asegurado que los “desequilibrios macroeconómicos globales requieren una respuesta europea basada en dos pilares: la unidad europea y el diálogo con nuestros principales socios económicos”.
[–> [–>[–>La postura de los Veintisiete, que se ha debatido esta semana en el marco del G7 y posteriormente en el Consejo Europeo, intenta determinar cómo enfrentar la dependencia de la industria china. «Durante años, Bruselas ha tratado de equilibrar la apertura económica con la expectativa de que una mayor integración de China en la economía global conduciría a una convergencia regulatoria y competitiva. Sin embargo, la percepción ha cambiado notablemente«, explica a EL PERIÓDICO Matteo Garavoglia, catedrático del Institut Barcelona d’Estudis Internacionals e investigador del Centro de Relaciones China-UE de la Universidad de Tsinghua, en Pekín.
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En ese sentido, Europa ha cumplido lo prometido en cuanto a la apertura de sus mercados, con una presencia más que relevante de las importaciones chinas. De hecho, el déficit comercial con China alcanzó en abril un récord de 1.000 millones de euros al día, según los últimos datos oficiales disponibles. Sin embargo, el equilibrio en materia regulatoria y de competitividad no se ha producido. Para corregir esta brecha, Europa se enfrenta tanto a divisiones internas como a un escenario en el que juega con desventaja frente al gigante chino.
[–>[–>[–>Un pulso interno
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La economía china ha adquirido tal peso en las cadenas globales de producción y suministro que muchos sectores enfrentan una doble tensión. Por un lado, compiten con los productos chinos, y por otro, dependen de los materiales, componentes y tecnologías que fabrica Pekín. Un ejemplo paradigmático es el de la industria alemana del vehículo eléctrico que, aunque rivaliza con los fabricantes chinos, necesita baterías, tierras raras y numerosos componentes para mantener su producción.
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Pero la imposición de aranceles para atajar el problema puede acabar teniendo un efecto boomerang sobre las propias economías europeas. Por ello, la posición de los países miembro está lejos de ser homogénea. «Francia ha sido tradicionalmente uno de los principales defensores de una política industrial más activa y de una mayor autonomía estratégica frente a actores externos, incluida China», apunta el catedrático.
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[–>«Alemania, por el contrario, ha mantenido históricamente una postura más pragmática debido a la profunda exposición de su sector exportador al mercado chino, aunque incluso allí se aprecia un cambio gradual hacia posiciones más cautelosas», expresa Garavoglia. «España ocupa una posición relativamente intermedia. Comparte muchas de las preocupaciones europeas sobre la necesidad de proteger sectores estratégicos y reducir vulnerabilidades, pero al mismo tiempo mantiene una aproximación generalmente favorable al diálogo económico y a la preservación de relaciones comerciales estables», añade. Para muchas economías europeas, como España u otros países del sur europeo, Pekín es una fuente importante de inversión y oportunidades de negocio.
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Equilibrar la balanza
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La urgencia por equilibrar ahora la balanza responde al impacto de lo que los economistas han bautizado como el «shock chino 2.0», que se extiende ya al núcleo industrial europeo. «Con sectores enteros desmantelados y los planes de Pekín para dominar la transición tecnológica avanzando, una mayor inacción condenaría a Europa a un declive acelerado», escribe Andrew Small, director del Asia Programme de European Council on Foreign Relations, en un informe publicado este mes.
[–>[–>[–>Esta presión ha llegado también a los dirigentes en Bruselas. «Nuestra relación comercial con China ha llegado a un punto que exige un reajuste: no una confrontación, sino un reequilibrio«, afirmó el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, tras una reunión de los ministros de Exteriores de la UE celebrada el pasado lunes. «El statu quo no es sostenible, ni desde el punto de vista económico ni político«, añadió. Por el momento, la UE se ha centrado en lanzar investigaciones comerciales, proponer nuevas herramientas de defensa y reforzar la presión sobre Pekín para que aborde las distorsiones del mercado.
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China, por su parte, ya ha respondido al reposicionamiento europeo. El 7 de abril Pekín aprobó nuevas leyes que sitúan las cadenas de suministro como asuntos de seguridad nacional, regidos por una serie de decretos del Consejo de Estado y por una normativa comercial más amplia. Estas leyes obligan a las multinacionales a priorizar las exigencias de seguridad nacional chinas frente a las normas extranjeras, es decir, a escoger a China por encima de la UE.
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